Nacional - Enfermeros
Surgen dudas en muertes de pacientes
En un mes no se pudo explicar cómo la morfina usada por el enfermero del Maciel no aparece en necropsia de la paciente y el aire inoculado por el de la Española era insuficiente para matar
A un mes de los procesamientos de los enfermeros Ariel Acevedo y Marcelo Pereira por el homicidio de 15 pacientes han surgido dudas sobre algunas de las pruebas recabadas por la Justicia.
Una de las interrogantes que surgió principalmente en el ámbito médico fue que la necropsia realizada al cuerpo de Santa Glady Lemos, la última paciente presuntamente asesinada por Pereira en la Unidad de Cuidados Coronarios del Maciel, no detectó presencia de morfina. El enfermero declaró a la Justicia que aplicaba esa sustancia a los pacientes.
En el auto de procesamiento el juez Rolando Vomero afirmó que el examen toxicológico practicado por la química Elena Lerena detectó la presencia de “lidocaína y atropina en la muestra de sangre recibida, ambas en concentraciones terapéuticas”. Además, señaló que la primera de las sustancias “es contraindicada para la patología de la señora Lemos, no fue aplicada por el doctor Martín Yandian al realizar la reanimación”.
La lidocaína (o xilocaína) es un fármaco con diversas aplicaciones como la anestesia local o el tratamiento de las arritmias ventriculares cardíacas. Por su efecto reductor de la excitabilidad nerviosa se usa para el tratamiento por vía sanguínea del dolor neuropático.
La morfina, en cambio, es una potente droga opiácea, usada frecuentemente como analgésico. Suele indicarse para paliar el dolor en el infarto agudo de miocardio, dolor posquirúrgico, para tratar dolores agudos, por ejemplo provocados por un politraumatismo, o dolor causado por el cáncer.
Sin rastros
La autopsia ordenada por el juez fue realizada por el forense Domingo Mederos, quien constató “la presencia de trombos a nivel de vasos pulmonares, lo cual es concordante con el planteo de trombo de embolismo pulmonar”.
Pereira admitió ante el juez que Lemos “tenía déficit del lado derecho y estaba con una afasia de expresión. Decía que tenía 19 años. Entonces le administré una ampolla de morfina, no con el fin de matarla, sino con el fin de sedarla. La señora se deprimió, hizo un paro respiratorio, no un paro cardíaco”.
Sin embargo, la morfina no fue hallada en la autopsia post mórtem de Lemos.
Fuentes judiciales admitieron que si los enfermeros no hubieran confesado los crímenes, solo se habría procesado a Pereira por la muerte de Lemos porque en los restantes casos las pruebas no resultaban suficientes.
Aire insuficiente
En el caso de Acevedo, procesado por 10 muertes en el Centro Neuroquirúrgico de la Asociación Española, el enfermero admitió la realización de las maniobras y relató que se “aproximaba al paciente y con una jeringa de 20 centímetros le inoculaba los 20 centímetros de aire”. Dijo que realizaba esa maniobra cuando se encontraba solo.
Médicos intensivistas consultados por El Observador manifestaron que no es posible matar a una persona con 20 centímetros de aire, sino que es necesario inocularle “15 jeringas de 20 centímetros de aire cada una”.
Una duda común a ambos procesados es que las muertes por las cuales fueron encarcelados se les atribuyeron luego que ellos confesaran con base a fotos de las cédulas de identidad de las víctimas.
Ambos funcionarios médicos declararon que realizaban la práctica desde hacía tiempo. Pereira manifestó al juez Vomero que no podía precisar cuántas veces realizó la maniobra, ni desde cuánto tiempo. “Tal vez un año o un año y medio”, sostuvo.
Acevedo dijo que “es imposible de contestar (cuántas veces hizo la maniobra) porque no es una cosa para llevar la cuenta, lo hacía por humanidad”.
Mensajes y testimonios
El juez también basó su resolución en un mensaje de texto de la enfermera Andrea Acosta, procesada como cómplice de Acevedo, a Pereira. En el mismo se hacía referencia a que Acevedo le había suministrado medicación a un paciente, que se había ido a la farmacia y que se habían quedado reanimándolo. Si bien no se pudo demostrar que ambos enfermeros actuaran en coordinación, sí se conocían y trabajaban juntos en la Española.
También forman parte de las pruebas los testimonios de enfermeras del hospital público y la mutualista, quienes sospechaban del accionar de sus colegas.l




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