Espectáculos - PAUL MCCARTNEY EN URUGUAY
La noche de las canciones que no envejecen
Los temas del liverpoolense más querible del mundo convirtieron el Estadio Centenario en algo que hasta ahora no había sido: un lugar en el que miles conectaron con los mejores momentos de su vida gracias a una música rock que es imposible no admirar
Hola y adiós son dos palabras que separan un instante, un encuentro cualquiera. Hola y adiós es también lo que marca el comienzo y arranque de un concierto. Pero en este caso, entre el Hello, good-bye que marcó el "hola" y el último acorde de Golden slumbers, lo que hubo fue un momento más que histórico. Pero no tanto en términos de trascendencia a nivel de industria cultural, eso es para ver en otra nota. Histórico en lo personal, en el fuero interno de cada uno de los 50 mil que entraron al Centenario ayer para encontrarse con Paul McCartney y entregarse al disfrute de las canciones que tocó junto a su banda homenajeadora.
Cada uno en su viaje personal al sonar cada tema. Sin duda que con seguridad más de uno recordó a Linda McCartney cuando sonó 1985 o se deleitó con Let me roll it, dos clásicos de Wings. Pero la narración de esta noche sería injusta si no abriera con la imagen de miles de teléfonos y encendedores prendidos al pie de la Torre de los Homenajes cuando Let it Be le dio un flechazo inolvidable a la ciudad de Montevideo. Y no es cuestión de mostrar imágenes de manos tomadas en plan Salvemos al Mundo en Un Concierto. Hay que ver ciertas caras en conexión con su propia historia. La señora que los escuchaba en los sesenta y también el pibe que la toca desde que tuvo su primera bandita en el garage de casa. Del que puede gastar US$ 150 en un vinilo de cierto peso y del que los busca en Tristán Narvaja. Y todo eso, por primera vez, en el Centenario.
Y no está mal que el primero en conseguir tamaña comunión musical haya sido Paul McCartney, un tipo dedicado a prender la montaña rusa de superlujo que pasea ciudad a ciudad con parte de su discografía y la de los Beatles, sin duda la más decisiva en la historia de la música popular del mundo.
En el escenario, todo eso se hace con una precisión y un nivel de disfrute y alivianamiento envidiables. El show de Paul McCartney se basa en tocar con perfección esas canciones que sonaron hasta en la previa.
Allí, "Macca" fue mucho más que un buen showman. Y no solo por ese "¡Liverpool, Suárez!" que dedicó a la gente, sino porque simplemente fue. Es difícil que el rock vuelva a darle al mundo a un genio musical que a sus 70 años canta como siempre y tiene a una banda de sonido potente, prístino, capaz de activar la fibra de la emoción hasta en las canciones menos conocidas, si es que el término aplica aquí.
El concierto tuvo todo lo que un fan de los Fab 4 puede esperar: una potente dosis de éxitos —los más conocidos Paperback writer, Obla Di, Obla da o Daytripper en una rockarísima versión más Live and Let Die a toda pirotecnia— algunos clásicos no tan sabidos pero igual de disfrutados (una deliciosa Blackbird o Sing the changes, de ese extraño proyecto llamado The Firemen) y homenajes a John Lennon y George Harrison (después de tocar Something se dio vuelta hacia la pantalla de LED que proyectaba a su amigo y abrió los brazos como para el abrazo).
Ver a McCartney en vivo es también entender que la convivencia entre esa mentalidad musical casi mozartiana y una cierta y sana ingenuidad que muestra el liverpoolense en algunos bailecitos, en ese "wow" que suelta entre tema y tema, en sus discursos en español leídos, es lo que lo vuelve una persona entrañable, aun a miles de kilómetros y de años de distancia.
En el escenario hubo mucho más que Paul. Para empezar, una banda de músicos que goza con él y que toca riffs de los Beatles con expresión más de goce que de apropiación, casi que de reverencia. Y, como corolario, un juego de proyecciones simple y a la vez espectacular, como la de una foto psicodélica de un parque cuando sonó A day in the life.
Pero antes de terminar, ya casi sin espacio, hay que decir que lo mejor de anoche fue encontrar esas caras entre la gente. Esas caras que quizá al mirar el escenario en realidad por momentos quizá no lo miraban. Porque hay canciones en las que a lo mejor uno se reencuentra con una madre que baila, con un tío que te dio el primer disco o un amigo con el que compartiste una canción, aunque no estén ahí. Ese es un gran regalo que puede hacer la música. Y, de eso, Paul McCartney regaló mucho ayer.
¿Cómo viviste el concierto de Paul en Uruguay? Contanos tu experiencias en comentarios
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enzo baudo -
16.04.2012 - 15:05 hs
Lucia y Guillermo, hay vivencias que son intransferibles. Si no lo sintieron, no lo entienden. Ojala encuentren músicos actuales que en 50 años los sigan haciendo emocionar.
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Arnaldo Bartolo -
16.04.2012 - 11:43 hs
Guillermo: si no sos grandilocuente con McCartney, ¿para quién te lo guardás??
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Guillermo Capano -
16.04.2012 - 10:54 hs
Todo bien con el concierto de Paul McCartney, sin dudas estuvo espectacular, pero coincido con Lucía en el anterior comentario; un poco exagerada la columna. Casi me empalaga, jejej
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Lucía Epíscopo -
16.04.2012 - 10:09 hs
Bueno, al parecer el amigo columnista es fanático de la banda xD - No será mucho?? jajaja..
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KUALQUIER COSARIO -
16.04.2012 - 09:47 hs
¿Las mejores cosas de mi vida? El nacimiento de mi hija, mi casamiento y el concierto de Paul McCartney de ayer. Así de simple. http://www.kualquiercosario.blogspot.com/2012/04/paul-mccartney-en-concierto-estadio.html






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