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Los fans quieren retuits, no autógrafos
Pueden no tener valor para los coleccionistas, pero son una forma de acercamiento con los deportistas que aseguran la ansiada cercanía y hasta una breve fama online
Olvídese de hacer cola durante horas con la esperanza de obtener un autógrafo apenas legible en un pedazo arrugado de papel. O de forcejear por un puesto estratégico en el estadio para tratar de conseguir una camiseta firmada. Cuando se trata de recuerdos de su deportista favorito, los retuits son la última moda.
Los fanáticos han tornado Twitter en una versión digital de una sesión de firma de autógrafos, pidiendo —a veces rogando— a estrellas de todos los deportes una respuesta pública. Por supuesto, algunos pedidos buscan elevar la visibilidad de una causa caritativa. Pero la mayoría de los fanáticos solo buscan atención de sus ídolos.
Para Shaquille O’Neal: “@SHAQ, el verdadero superman, ¿puedo recibir un retweet de cumpleaños del pivot más dominante de todos los tiempos?”. Para Lebron James: “Es mi cumpleaños y todo lo que quiero es que @KingJames me mande un tweet”.
Mensajes similares son enviados a otros atletas. “Es casi como sacarte una foto con esa persona”, dijo Chris Abraham, vicepresidente de Social Ally, una firma de medios sociales. “Por un instante, has ingresado en su celebridad”.
Era cibernética
Un retuit puede no parecer algo muy excitante. No se puede enmarcar y poner en la pared, y no puede ser dejado como herencia a hijos y nietos. No se pueden colectar retuits en un libro para exhibirlo con orgullo. Y nadie va a pagar sumas cuantiosas por un retuit, como se ha hecho por una pelota firmada por Babe Ruth.
Pero esa es una forma anticuada de ver las cosas. Un autógrafo va a ser visto por 15, quizás 20 personas. Recibe un retuit de Shaquille O’Neal y de pronto te notan las más de cinco millones de personas que siguen a Shaq en Twitter.
Hace unas pocas semanas, el receptor de los Patriots de Nueva Inglaterra Chad Ochocinco, quizás el atleta más prolífico en Twitter, se apareció a la puerta de un aficionado que le invitó a visitarle luego que Ochocinco dijese en un tuit que estaba paseando en su coche por Miami.
Cuando Ochocinco colocó fotos de la visita en Twitter, la cuenta del seguidor se inundó con tantos mensajes necesitará un año para responderlos.
Pero, ¿qué ganan los atletas con ello? ¿Por qué tienen que molestarse con un retuit, especialmente cuando hacerlo incluso una sola vez significa que se verán inundados de pedidos similares? Primero, porque es muy simple. Con un par de clics, un atleta puede ganarse un hincha de por vida. Quizás incluso cambiar una reputación de ser egoísta o distante.
Además, prácticamente no hay lado negativo. Cuando un deportista comienza a firmar autógrafos tras un partido o entrenamiento, eso desata una oleada de fanáticos mostrando fotos, revistas o pedazos de papel. Y cuando llega el momento de que el deportista siga su camino, inevitablemente hay murmullos de desilusión —o peor— de los hinchas que se quedaron sin autógrafos.
Con el retuit, nada de eso sucede. Los atletas pueden sentarse en la tranquilidad de sus hogares o sus coches o en los vestidores y revisar los pedidos. Y por la naturaleza de Twitter, nadie espera que un atleta vea todos los pedidos, mucho menos que los responda todos.
O’Neal dice no saber cuántos pedidos de retuits recibe pero cuenta que cuando está en la red social, usualmente se pasa unos 10 minutos revisándolos y trata de responder a 20 o 30 de ellos. “Especialmente si dicen algo cómico”, dijo el ahora analista de básquetbol para la cadena TNT.
“Sientes que te estás conectado con ellos”, dice Sree Sreenivasan, un profesor de periodismo de la Universidad de Columbia que estudia los medios sociales y su impacto. “Pero realmente no tienes esa conexión”.
No, eso requeriría que tu héroe te siguiese a ti en Twitter. “Ésa sería la última prueba”, dijo Sreenivasan. “¿Puedes enviar un mensaje directo?”.




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