Nacional - VIVIR SOLOS
Uno es multitud
La cantidad de personas que viven solas crece año a año. El modelo de sociedad familista está en transformación
No es bueno que el hombre esté solo”, sugiere el Génesis. Pero el refranero popular recuerda que es mejor estar solo que mal acompañado. ¿A quién creerle? Lo cierto es que en los últimos 20 años cada vez son más los hogares ocupados por una sola persona y, así, Uruguay nunca tuvo a tantas personas conviviendo consigo mismas. ¿Por qué ocuparse de ellas? Porque las consecuencias de este modelo de comportamiento, en general menospreciadas, moldean las familias, las comunidades y las relaciones, impactan en la economía y, por si fuera poco, dejan en el aire una pregunta terrible: ¿la sociedad está dejando de ser una instancia familiar?
Yo, conmigo
Se trata de un fenómeno global que los expertos relacionan con el progreso de los países. El último dato conocido aquí es de 2009: 22% de hogares unipersonales. Esta cifra es más del doble de la registrada hace dos décadas y es considerada alta por los demógrafos para el contexto latinoamericano y bastante cercana a la estadounidense, quienes tienen al 28% de su población viviendo sola. A Uruguay le sigue Argentina con 16%.
Los especialistas consultados por El Observador esperan que el censo 2011 revele un incremento, sobre todo en los hogares unipersonales de adultos mayores, especialmente de aquellos compuestos por viudas. Este es el segmento que más crece en el país debido al envejecimiento de la población −por aumento de la esperanza de vida y caída en la tasa de nacimientos− a contracorriente de lo que sucede en el mundo donde los nuevos hogares unipersonales corresponden a jóvenes de entre 25 y 40 años, solteros, separados o divorciados, con un nivel socioeconómico y cultural medio-alto. No obstante, en Uruguay también se esperan noticias para esos sectores, aunque más leves. Mariana Paredes, cocoordinadora del Núcleo interdisciplinario de Envejecimiento y Vejez de la Universidad de la República, apuntó que más de la mitad de los adultos mayores de 65 años ya vive solo o en pareja, por lo que el número de hogares unipersonales en esta edad seguirá en aumento.
El porcentaje de hogares unipersonales crece de manera regular conforme crecen los ingresos, dado que es una de esas circunstancias de la vida que paga quien puede y no quien quiere. En el primer quintil la presencia de viviendas de un integrante es casi marginal (5%) pero asciende a 41% entre la población más rica. En la última se destaca una proporción del 21% de jóvenes de 25 a 29 años.
Las mujeres, hoy más emancipadas que nunca, tienen una gran cuota de responsabilidad en el auge de los hogares unipersonales. En Uruguay, ellas son mayoritariamente jefas en hogares monoparentales (28%) y en hogares unipersonales (36%). Este último caso, si se toma en cuenta el estado civil, se presenta con mayor frecuencia a partir del fallecimiento del cónyuge. Esa es la historia de Bety, quien se quedó sola después de 46 años de matrimonio y hoy, ocho años después, se maneja con total autonomía. “Cuando quedé viuda me prometí que no iba a ir a comer los domingos con mis hijas. Ellas tienen que estar con sus familias y yo no las quiero molestar”, dijo a El Observador. La otra parte importante es de jóvenes profesionales que logran autofinanciarse y encuentran, en el monoambiente propio la libertad que no tenían junto a sus padres (ver testimonios).
Entre los varones jefes de hogares unipersonales se encuentra una proporción importante de solteros y un porcentaje menor de separados de hecho y divorciados.
En los últimos 20 años, casi se duplicó la cantidad de hogares unipersonales con un joven como único poseedor y usuario del control remoto. Según cifras que aportó el sociólogo Ignacio Pardo, docente investigador en el Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales, el guarismo saltó del 8,6% al 15,1% en ese período y espera que el censo 2011 muestre un incremento, sobre todo, por la incidencia en la baja de la tasa de desempleo. “El crecimiento es en detrimento de la opción de irse a vivir en pareja”, explicó. Este índice bajó del 70% en 1990 al 56% en 2008. Esto da la pista de que los jóvenes uruguayos están adoptando un modelo de comportamiento llamado “neosoledad” o “neosoltería” por el que relegan la conformación de una pareja para dedicarle más tiempo a su vida laboral y social.
Según Paredes, es marginal el porcentaje de mujeres que responden al estereotipo de solteronas, es decir, aquellas que quedan por fuera de la reproducción (11%, pero no se puede cuantificar cuántas de ellas lo hicieron por decisión propia), como también es pequeño el porcentaje de aquellas mujeres separadas o divorciadas que no viven con los hijos. Si se da esto, es normal que sean madres de mayores de 20 años. “La respuesta (a lo último) es que la tendencia es la reconfiguración de las uniones conyugales”, indicó Paredes.
No hay ningún dato estadístico que indique cuánto dura la permanencia solitaria. Una interpretación lógica que hacen los sociólogos es que se trata de una etapa transitoria para los jóvenes y más definitiva en la vejez.
Pero si algo identifica a los cambios que experimenta Uruguay por estar inmerso en lo que se conoce como segunda transición demográfica es que las personas no siguen un patrón fijo de eventos −salida del hogar paterno para casarse, tener un hijo poco después y quedarse con esa pareja por el resto de los días− a lo largo de su vida como lo hicieron nuestros abuelos. Hoy, festejar el sexagésimo cumpleaños es solo el anticipo de otros 20 más, y la mayoría llega en mejores condiciones de salud y con ganas de no reproducir la imagen del anciano pasivo y enfermo que ve pasar los últimos momentos de su vida sentado junto a la ventana.
“El crecimiento (de los hogares unipersonales jóvenes) es en detrimento de la opción de irse a vivir en pareja”
Ignacio Pardo, sociólogo.“Con los jóvenes tiendo a pensar que la formación de hogares unipersonales es temporaria porque la tendencia de formación de pareja sigue siendo igual. Es más definitiva en la vejez”
Mariana Paredes, socióloga.
Viejos solos
Para atender a los adultos mayores que viven solos, el Instituto Nacional del Adulto Mayor (Inmayores) realizará este año una encuesta para determinar los niveles de dependencia de los viejos. Hoy se conoce que ocho de cada 10 adultos de más de 55 años son completamente independientes pero, si solo se toma en cuenta al grupo de mayores de 80 −el sector que se engrosa más rápido−, la cifra aumenta a cinco de cada 10, según datos de la Encuesta sobre estilos de vida y salud de la población adulta del año 2000. El desafío para el Estado es proteger a aquellos que viven en aislamiento, puesto que es cosa triste vivir y morir solos.
Mientras que no se tienen los datos, el Inmayores pondrá en marcha un programa piloto de cuidados domiciliarios para adultos mayores con dependencia moderada y leve en Montevideo, en una ciudad capital del interior y en una localidad de menos de 5.000 habitantes que todavía no han sido elegidas. La directora Adriana Rovira explicó a El Observador que los beneficiarios serán identificados por el Banco de Previsión Social y organizaciones de atención a la tercera edad. La fecha de inicio prevista para esta experiencia es mediados de año. Al mismo tiempo, el Inmayores implementará otro programa piloto de teleasistencia con un afán preventivo. “Se recordará, por ejemplo, las horas de toma de medicamentos y, con aparatos electrónicos, se podrán detectar caídas”, agregó Rovira.
Una idea que la socióloga Paredes cree que se debería impulsar en Uruguay es la lógica de los condominios para retirados que tanto se estila en Estados Unidos. “Se debería caminar hacia eso”, señaló. Se trata de conjuntos de residencias con servicios comunes donde cada uno mantiene la independencia del hogar propio pero en permanente contacto con pares. Para ello, Paredes recordó que es necesario reforzar las jubilaciones y las pensiones.
El poder de una billetera
El mercado inmobiliario y la industria de los alimentos han sido los sectores que más atención le han dado a las personas que viven solas. La construcción de monoambientes y apartamentos de un dormitorio casi se quintuplicó en cuatro años. Según datos proporcionados por el analista inmobiliario Julio Villamide, la participación de estas viviendas en el mercado pasó del 4% en 2008 al 19% en 2011, con un valor promedio por metro cuadrado en el entorno de los US$ 2.000. Estas viviendas son elegidas, mayoritariamente, por inversores para renta −y por eso su rotación es superior al promedio− pero su usuario final es el joven estudiante o profesional y, en menor medida, el adulto mayor.
En tanto, en los supermercados abunda la oferta para las personas solas. Basta un breve paseo entre las góndolas para encontrar productos de porciones individuales. Además, los productos congelados fueron concebidos, no solo para los cocineros amateurs, sino para los solteros. Es más, Nestlé retiró del mercado la línea de cenas congeladas para ser compartidas entre dos. En su lugar lanzó la línea Lean Cuisine para un solo comensal, luego de relevar que el 90% de sus productos eran consumidos por personas solas.
Otros mercados se van subiendo a la ola.
Ikea, la multinacional sueca dedicada a la decoración del hogar, inauguró una línea de muebles para espacios muy reducidos y para una sola persona sentada −claro, en Estocolmo más de la mitad de los hogares son unipersonales− y los cruceros de Norwegian Cruise Line ofrecen ahora camarotes para un pasajero, en preferencia no claustrofóbico.
En Uruguay no hay estudios acerca de sus hábitos de consumo material y cultural ni su contribución a la economía pero, según investigaciones internacionales, las personas que viven solas gastan al año 50% más que los casados con hijos.
La interrogante
¿Qué responder a la pregunta del principio? La socióloga Paredes sostuvo que este fenómeno expresa la ruptura de la tradicional estructura familiar y, además, la solidaridad entre familiares. No se animó a afirmar si es bueno o si es malo. Es, como se dice, lo que hay. La segunda transición demográfica incluye el debate de los valores morales y el devenir de la familia en algo distinto. Es cuestión de cada uno determinar si en su camino hay lugar para los demás.




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