Estilo - CATALUÑA FOR EXPORT
Sant Jordi: la fiesta del libro y la rosa
La tradición catalana en clave uruguaya, con las clásicas paradas de libros y rosas
A ningún conocedor de las letras le cabrá duda de que Miguel de Cervantes ha sido uno de los más grandes escritores de la historia. Eso mismo debió pensar el rey Alfonso XIII cuando en 1926 firmó un decreto que creaba el Día del Libro en Español, a ser celebrado el 7 de octubre.
En un principio se eligió este día por ser el que vio nacer al autor de El Quijote, pero por varias razones esta misma celebración se cambió a otra fecha relacionada con el escritor: el 23 de abril, día en el que el creador de la novela moderna fue enterrado (en contra de lo que se suele pensar, falleció un día antes, el 22 de abril).
Con el tiempo, esta jornada se fue arraigando en Cataluña, donde terminó perdiendo su nombre oficial para tomar el del patrón de ese día: San Jorge (Sant Jordi en catalán). Poco a poco, el 23 de abril ha devenido en una de las fiestas tradicionales más significativas y bellas de Cataluña, convirtiéndose en costumbre el intercambiar rosas y libros entre parejas y seres queridos.
Eso es Sant Jordi: rosas, libros y gente paseando bajo las amables luces primaverales y entre las paradas de textos y rosas, tanto por las abarrotadas calles de Barcelona, como también por las de las otras ciudades y pueblos del país.
El 23 de abril (del calendario juliano, que en el gregoriano equivale al 3 de mayo) del mismo año, también murió William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. En esta misma fecha, aunque en distintos años, también fallecieron William Wordsworth (1850) y el escritor catalán por antonomasia, Josep Plà (1981).
Tantas coincidencias deben ser aprovechadas para promocionar la lectura y los derechos de autor, debió pensar la Unesco, que en 1995 proclamó esa fecha como Día Internacional del Libro. De este modo, una tradición local tomó alcance mundial y se convirtió en una fiesta para los lectores, escritores e industria editorial de todo el mundo.
En clave local
Durante los últimos años, Montevideo también ha celebrado con intensidad variable esta fiesta de las letras y, como corresponde, hoy se hace lo propio. Sin embargo, esta vez Sant Jordi toma una dimensión diferente. Entre el 22 de abril y el 13 de mayo tendrá lugar, en distintas ciudades del país, la bienal Barnasants Cultura de Autor, Primera Muestra de Cultura Catalana en Uruguay.
El Barnasants es todo un clásico entre los festivales de Barcelona y uno de los más reputados en su ámbito a nivel internacional. Planteados desde el año pasado como bienal cultural catalano-uruguaya, durante los próximos días el gobierno de ambos países presentarán alrededor de 15 conciertos de artistas catalanes, además de cinco actuaciones en homenaje a Mario Benedetti.
Estos se combinarán además con otros espectáculos orquestados por artistas uruguayos que estuvieron presentes en la edición del festival que tuvo lugar en Barcelona a finales del año pasado, como Daniel Viglietti, Daniel Drexler o Samantha Navarro, entre otros. Sumado a la música, la Muestra de Cultura Catalana integrará teatro y lectura de poesía en Montevideo, San José y Maldonado.
Celebrándose en abril, sería inconcebible un intercambio cultural entre Uruguay y Cataluña que diera lugar a un Sant Jordi for export. Esto será hoy entre la hora 11 y las 17 en la calle Soriano, entre Florida y Ciudadela, y será ahí donde se podrá experimentar la tradición catalana en clave uruguaya, con las clásicas paradas de libros y rosas.
Como es tradición, en este contexto se hará lectura de poesía, en este caso, de ambos países. A la hora 13, en Café La Diaria el poeta catalán David Castillo recitará algunos versos que irán acompañados por la presentación y lectura de los escritores ganadores del premio Onetti 2011. Por la noche, a las 20.30 en el mismo lugar, el rockero barcelonés Henric Hernàez cantará canciones suyas basadas en el poemario de David Castillo.
Conociendo la historia de la celebración de Sant Jordi, y sabiendo que esta se llevará a cabo este año también en Uruguay, resulta difícil no sorprenderse con una ironía histórica: una fiesta impulsada por un rey de España que fue derrocado por la II República, se termina consolidando como tradición en Cataluña (para muchos, una nación oprimida por otra nación), y esta es traída a Uruguay por un festival que, teniendo en su esencia una reivindicación catalanista, luchó contra el régimen dictatorial que terminó precisamente con la II República.



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