Nacional - PROPUESTAS EDUCATIVAS
Cómo luchar contra el abandono escolar
La OCDE ofrece cinco indicaciones para que las escuelas traten de evitar el abandono prematuro de las aulas
La OCDE plantea cinco medidas para que las escuelas traten de evitar el abandono prematuro de las aulas. No obstante, reconoce en primer lugar que no todo está en la mano del sistema educativo, y que gran parte del abandono escolar se puede explicar por motivos ajenos a la escuela, como la pobreza o el lugar de residencia.
Evitar la repetición de curso
La primera recomendación es eliminar, o al menos reducir, la repetición de curso. El informe cita estudios que constatan que la repetición no es eficaz en su objetivo de asegurar unos conocimientos mínimos para todos los alumnos. En su lugar, habría que apostar por estrategias alternativas: encarar las deficiencias educativas durante el propio año escolar; fomentar la promoción automática dejando, en todo caso, que el alumno vuelva a cursar las asignaturas suspendidas el año anterior, pero proveyéndole de ayuda específica (así se hace ya en Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda); cambiar la cultura de la repetición, muy extendida entre los profesores –sobre todo en Francia, España, Portugal, Holanda y Bélgica–, y para ello cualificarles de manera que se enfrenten con solvencia a clases con alumnos con niveles muy heterogéneos.
También se puede optar por flexibilizar la estructura del año escolar o de la carga lectiva. En concreto la OCDE hace referencia a las Saturday Schools o las Summer Schools, que ya funcionan en algunos países. Otra medida necesaria sería la enseñanza de lo que el informe llama “habilidades metacognitivas” (motivación, disciplina, paciencia, autoestima, etc.), y que no es otra cosa que la formación del carácter. Además, se pueden ofrecer al alumno otras formas de terminar la educación secundaria. La OCDE pone como ejemplo a Holanda, que gracias a la diversidad de su oferta consigue que la repetición baje de un 20% en Primaria a un 5% en Secundaria. Aquí, la OCDE contradice su planteamiento de “educación comprensiva”.
El problema de estas recomendaciones es que implican una atención más personalizada, lo que supone más número de profesores y por tanto más dinero. No obstante, la OCDE recuerda que los gastos derivados de la repetición de curso suponen más de un 8% de todo el gasto en eduación primaria y secundaria en Portugal, Holanda y España, donde llega hasta el 14%. Además, más allá de lo económico, la OCDE considera que la repetición suele dejar una huella de desmotivación en el alumno, que le afecta incluso a largo plazo. Por eso, si se decide hacer repetir curso a un alumno, se deben valorar todas las circunstancias, y no solo sus calificaciones. Esto ya se hace en Bélgica, Italia, Holanda, Finlandia y Reino Unido, entre otros.
Retrasar la separación por niveles
La segunda recomendación es retrasar la separación de los alumnos hasta el final de la primera etapa de educación secundaria (lower secondary education, la ESO en España). La OCDE considera que cuanto más tarde se produzca la separación, más tiempo tiene la escuela para equilibrar las desventajas con las que parten los alumnos desfavorecidos.
Además, advierte del riesgo de caer en el círculo vicioso de las bajas expectativas respecto de los grupos retrasados: el profesor está desmotivado y la formación de los alumnos se resiente.
El problema en este caso es que, al poner el énfasis en las desventajas, se pierden de vista las preferencias, los talentos y las capacidades de cada estudiante. Por otro lado, el informe no parece tener en cuenta el problema de los alumnos que han decidido que no quieren estudiar más, y que frecuentemente suponen un freno para todo el proceso educativo. Este tipo de estudiantes se encuentran sobre todo en los dos últimos cursos de la ESO, de ahí que una de las medidas propuestas por el nuevo gobierno español haya sido el adelantar un año la elección de itinerario. Esta propuesta responde de manera realista a un fenómeno que lastra la educación española.
La OCDE pide, al menos, que si se va a permitir la elección temprana se establezcan los mecanismos de flexibilidad necesarios para que la decisión sea revocable y no condicione de manera definitiva la trayectoria educativa del alumno. Propone que las divisiones del alumnado por niveles –algo que de entrada no gusta a la OCDE– se circunscriban, en el caso de darse, a unas asignaturas y un plazo de tiempo específicos. La OCDE habla en concreto de separar solo en las materias llamadas “instrumentales”: lengua y matemáticas.
No puede seguir ocurriendo, comenta el informe, que los profesores más experimentados no dediquen nada de su experiencia a los alumnos con desventajas. Para que esto cambie, los sistemas educativos deben de atraerlos con incentivos profesionales y también económicos.
Supervisar la elección de centro
La OCDE alerta sobre los posibles efectos negativos de que las autoridades educativas se inhiban totalmente del proceso de elección de centro. Esto puede provocar que se creen guetos educativos, y que la brecha entre los alumnos desfavorecidos y los demás aumente. Por ello, el informe apuesta por buscar un mecanismo que combine la libre elección de centro con alguna forma de control, aunque no especifica cuál.
Otra forma de conseguir el mismo objetivo es hacer que los alumnos aparentemente menos atractivos se vuelvan apetecibles para los colegios vía incentivos económicos para los centros que los admitan. Por otra parte, habría que esforzarse en que las familias menos aventajadas accediesen a la información necesaria para poder elegir colegio con conocimiento de causa.
En cuanto a la financiación, se hace necesaria, según la OCDE, una revisión de los criterios de financiación pública, en la escuela estatal o en la privada concertada. En este punto abogan por una forma de discriminación positiva, que consistiría en adecuar la cantidad de fondos asignada a las necesidades reales de cada colegio: se tendría en cuenta, por ejemplo, que el centro se encuentre en un barrio de bajo nivel socioeconómico o con mayor población inmigrante. A la vez, se debe avanzar en el camino de la subvención de la etapa pre-escolar, aunque la actual coyuntura económica no anime a grandes gastos.
Itinerarios alternativos de educación secundaria superior
Si, según la OCDE, la lower secondary es el tiempo de la comprensividad, la superior tiene que ofrecer al alumno diferentes cauces para obtener el título. Además, se debe tratar de que esas rutas alternativas –la formación vocacional o profesional– sean equivalentes en calidad a las tradicionales. A ello ayudaría favorecer la posibilidad de pasar de un itinerario a otro. En esta dirección se han movido los últimos cambios en el sistema educativo español.
El problema que enfrenta esta reforma de la educación secundaria superior es que pretende admitir a un alumnado más heterogéneo sin devaluar el calificativo “superior”, es decir, sin perder en calidad. Pero para que esto ocurra, forzosamente tendrá que emplear más años en la formación, cuando la razón principal por la que muchos estudiantes abandonan la escuela es simplemente porque no quieren pasar más años en el sistema educativo.
Discriminación positiva
La OCDE constata en su informe que en la gran mayoría de los países examinados los malos resultados se concentran en algunos centros. Muchas veces, las causas de estas diferencias entre escuelas se encuentran fuera de las propias escuelas, pero aún así el sistema tiene que hacer algo por socorrer a estos centros.
Para ello propone otras cinco medidas.
La primera es fortalecer la dirección en los colegios. El informe señala que “frecuentemente los directivos en las escuelas no están bien seleccionados, preparados o apoyados para ejercer sus funciones dentro de la escuela”. Propone una revisión de los programas de capacitación para directivos, unos programas que en España ya están empezando a funcionar en Cataluña. Suponen un paso adelante en la profesionalización, y despolitización, de los cargos educativos.
Por otra parte, la OCDE sugiere que en ocasiones será necesario dividir un centro en dos, fusionar dos o eliminar alguno que no esté dando resultados.
La segunda es fomentar un clima en los centros que favorezca el aprendizaje. Aquí, vuelve a ofrecer la posibilidad de adaptar el año escolar y las cargas lectivas a las necesidades propias del centro. Además, señala la eficacia que supone contar con un sistema de seguimiento de cada alumno y de la orientación personalizada (tutorías).
El tercer punto es atraer, apoyar y retener en el centro a los mejores profesores. La formación debe ser constante, adaptada al entorno concreto en el que se va a desenvolver, y estimulada por incentivos de distinta índole.
Por último, en las escuelas que parten con desventajas resulta especialmente importante evaluar frecuentemente si las estrategias de aprendizaje en el aula están dando resultado o no. También es especialmente importante en este tipo de centros el contacto con los padres y el resto de la comunidad educativa.
No obstante, todas las recetas que la OCDE aplica aquí a las escuelas desfavorecidas pueden servir igualmente para el resto de colegios. El reto es conjugar la “inclusividad”, que en estas escuelas se hace más patente, con la calidad en la educación.




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