Nacional - SOCIEDAD
Familiares enardecidos metieron presión en la puerta de la cárcel
Cortaron la ruta 1 y se enfrentaron con la Policía
Pasado el mediodía de ayer un ómnibus azul intentó salir por uno de los caminos laterales del Comcar pero, a la vuelta de una curva, una camioneta interrumpió su paso y rápidamente fue rodeado por un grupo de familiares de presos que querían saber si el bus estaba siendo utilizado para trasladar reclusos. “Somos policías”, respondieron desde adentro del vehículo pero la respuesta no alcanzó. “¡Abran la puerta!”, exigieron y la puerta se abrió. Una mujer subió al ómnibus, le miró la cara a sus ocupantes y se bajó al grito de “ta bien, son todos botones”. Recién entonces los policías pudieron seguir su camino. El episodio muestra a las claras la presión que, durante toda la jornada ejercieron los familiares de los reclusos frente al penal de Santiago Vázquez donde llegaron a cortar la ruta 1 durante tres horas, hostigando a los efectivos policiales y actuando en forma implacable con los automovilistas que querían vadear el cerco. “Comprate un plato volador!”, le dijo uno de los manifestantes a un motociclista que le pidió para pasar porque tenía que ir a buscar a sus hijos.
Finalmente, un escuadrón de la Guardia Republicana desalojó la ruta empujando hacia las zanjas a hombres y mujeres que pedían que se reinstauraran las visitas (ver página 3). “Mirá que se vienen los palos. Sean responsables y saquen a los niños”, les dijo el jefe del operativo antes de que, a través de un megáfono, una voz advirtiera: “están en una ruta nacional, le damos dos minutos para retirarse y después los vamos a desalojar”. “Asesinos, asesinos!”, gritaban los familiares, mientras invitaban a los periodistas a filmar lo que estaba sucediendo. Mientras, llovían piedras e insultos contra la Policía.
La ruta 1 y sus caminos laterales habían sido cortados por un puñado de personas que encendieron una pequeña fogata en la que ardían unas llantas y unas hojas de palma, y despedía un humo denso y negro.
Desde adentro de la cárcel llegaban noticias contradictorias. Una mujer leyó una carta que logró sacar un recluso en la que le decía a su madre que estaba bien y le pedía que se fuera a su casa. “Eso es mentira! Mentira! Quien te dio esa carta! Algún milico...”, la enfrentó otra mujer que era respaldada por gritos similares.
La emisaria apenas pudo explicar que el papel escrito con lapicera lo había hecho llegar una psicóloga que estaba con los presos.
A eso de las 17 horas un recluso llamó desde adentro del penal al celular de uno de los familiares. “Hay dos muertos en el módulo 4 y dos muertos en el módulo 5”, aseguró desatando un nuevo griterío. Luego le pidió a los manifestantes que no se fueran del lugar porque si no la guardia carcelaria iba a tomar represalias moliéndolos a golpes.
Mientras tanto, largas filas de coches esperaban para poder circular por una de las principales rutas del país que, a modo de prevención, había sido cortada por la Policía Caminera a dos kilómetros del penal hasta tanto no se normalizaran la situación en la puerta de la prisión. A eso de las 17 y 30 se produjo la intervención de la Metropolitana .
Antes de ese episodio, cerca del mediodía, los familiares rodearon al Director del Área Metropolitana de Cárceles, Eduardo Pereira Cuadra, le lanzaron recriminaciones y no le creyeron cuando les dijo que tras el motín no había ningún preso muerto. Lo mismo le pasó al comisionado carcelario Alvaro Garcé y al diputado Aníbal Gloodtfsky tras visitar el penal.
A última hora de ayer los familiares seguían en la puerta del Comcar esperando mas información sobre la suerte de los reclusos amotinados que anoche durmieron en el patio de la prisión.




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