Estilo - FAMA SÚBITA
Mensaje en una caja de cartón
Un niño de 9 años con muchas ganas e inventiva y un cineasta sensible y desocupado conmovieron al mundo
El salón de juegos de Caine (Caine´s arcade), un video de 11 minutos sobre Caine Monroy y su primer cliente, un cineasta en apuros llamado Nirvan Mullick, se convirtió en una sensación de Internet, volviéndose rápidamente viral en Youtube, además de trending topic mundial en twitter, portada del sitio Reddit y nota de las principales cadenas de televisión de Estados Unidos.
Todo empezó con Caine, un niño de 9 años aburrido en la tienda de repuestos de autos de su padre, en un suburbio de Los Angeles, Estados Unidos. Caine empezó a hacer juegos con las cajas de cartón que había por todos lados.
El primer juego fue de básquetbol: pelota, aro, tablero y premios para el ganador. después hubo uno de fútbol y también una grúa, de esas que el jugador maneja e intenta agarrar él mismo su premio. Pronto los juegos de Caine ocuparon casi todo el espacio de la tienda, la cual, según cuenta en el video su padre, no era demasiadoconcurrida.
Esa era la razón por la cual Caine no tenía clientes, a pesar de que sus precios eran muy razonables: por un dólar se tenía derecho a cuatro juegos y por dos dólares se podía comprar un “fun pass”, válido para toda una jornada.
Hasta que apareció el primer cliente, Nirvan Mullick, un aspirante a artista cinematográfico al cual todavía no se le había presentado la oportunidad de triunfar.
Mullick llegó al establecimiento de Monroy para comprar repuestos para su Toyota Corolla del 96, y así poder venderlo a un precio razonable. Entonces conoció el salón de juegos de Caine, preguntó los precios y adquirió un fun pass.
Como buen cliente satisfecho, Mullick volvió otro día a jugar y otro día más, esta vez a hablar con el padre de Caine, para preguntarle si le permitía filmar un corto sobre la empresa de su hijo.
El padre le dijo que no tenía problemas, pero que, en realidad, lo que necesitaba su hijo eran clientes. Mullick creó un evento en Facebook y convocó a cientos de personas al salón de Caine. Luego, el 9 de abril pasado, puso el video de 11 minutos en Youtube y el éxito arreció, alcanzando los dos millones de espectadores en menos de dos semanas.
Mullick también tuvo la feliz idea de agregar una manera para que la gente pudiera hacer donaciones para financiar los estudios universitarios de Caine: “Imagínense lo que podría hacer este niño con un título de ingeniero”. Se fijó una meta de US$ 25 mil, pero las donaciones (dos, tres, cien, 300 dólares) pronto cuadriplicaron esa marca.
Caine también recibiría invitaciones del Instituto Tecnológico de Massachussets y de la Universidad de California, Los Angeles. El dinero siguió llegando y se formó la “Caine´s arcade foundation” para estimular la creatividad y el espíritu de empresa en los niños.
En realidad, Caine no hubiera necesitado donación alguna, porque a partir del video, su negocio empezó a funcionar. No sólo empezó a haber colas de varias cuadras para jugar sino que con gusto encontró voluntarios para atender a la gente y hacer funcionar a las máquinas de cartón, siempre necesitadas de ayuda.
Las razones del éxito de Caine Monroy se deben en buena parte a la actitud del protagonista, que nunca se desalentó a pesar de la soledad absoluta de esas jornadas interminables, previas a la fundación del imperio de los juegos al este de Los Angeles.
Y ahora, en la cúspide de la gloria, intima con la fama como si fuera una vieja conocida.
LOTERÍA
Nirvan Mullick, el aspirante a cineasta que encontró una historia para contar y supo cómo hacerlo, se sacó la lotería cuando llegó a la casa de repuestos y se encontró con Caine Monroy.
Los 11 minutos de Caine´s arcade son el metraje máximo de la carrera de Mullick, pero eso va a cambiar muy pronto.
Mullick participará en una serie de televisión que documentará a niños que hacen cosas y los conectará con empresarios y narradores. Hollywood también tomó nota. Según la revista The New Yorker, uno de los grandes estudios ya está en conversaciones con Mullick para filmar, con un presupuesto cercano a los US$ 100 millones, la historia de los tres personajes que estaban destinados a encontrarse: el niño imaginativo, el padre cuyo negocio se hunde y el cineasta cuyo tiempo para triunfar se acaba, no tiene seguro médico y maneja un auto quinceañero, mientras persigue de lejos el sueño americano.



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