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Cristina Kirchner logra otra victoria política en el segundo round parlamentario por YPF
El debate parlamentario dejó al desnudo las fisuras de la oposición, que se dedicó a la confrontación interna sobre cuál era la forma correcta de hacer frente a las políticas del kirchnerismo.
Si alguien festejó en los últimos días fue la industria que se dedica al merchandising sobre la petrolera YPF, la petrolera argentina expropiada a Repsol.
Una prueba contundente de ello fue la sesión de la cámara de diputados que ayer dio la aprobación final a la reestatización. Los oficialistas se engancharon un “pin” en la solapa. Mientras tanto, los radicales pegaron en sus mesas –bien visibles para las cámaras de TV- carteles que decían “ellos la crearon, ellos no la privatizaron” con las imágenes del ex presidente Hipólito Yrigoyen y el fundador de YPF, general Enrique Mosconi. Y la izquierda tuvo su propio cartel, que decía “nosotros no la privatizamos, nosotros no la vaciamos”, aunque logró su máximo grado de atención gracias a la ajustada remera que lució la atractiva Victoria Donda, también conocida como “la dipusex”.
Lo cierto es que los diputados se tomaron en serio esas apelaciones a que la reestatización de YPF era “una instancia histórica” y por eso se esmeraron en el debate, por más que no había suspenso alguno sobre cómo terminaría la votación. El abrumador apoyo que el senado le había dado al proyecto de ley había confirmado que todo se trataría de un mero trámite, ya que la iniciativa no solamente contó con la obvia adhesión de los legisladores oficialistas, sino que también buena parte de los opositores terminó levantando la mano.
Sin embargo, una gran mayoría de los 257 diputados se anotó en la lista de oradores, y muchos hablaron dos veces, por lo que la sesión duró dos días enteros. La televisión transmitió en vivo gran parte del debate.
Un muestrario de justificaciones
Lo curioso es que el voto a favor de la expropiación de la petrolera podría hacer pensar que las argumentaciones fueron coincidentes y que no hubo confrontación entre los diputados. Nada más lejos, sin embargo: se trató de un debate por momentos agresivo, con fuertes acusaciones y denuncias de corrupción.
Según observaron los analistas políticos, la habilidad política de la presidenta Cristina Kirchner logró que los opositores se vieran en una disyuntiva: si votaban en contra, eso implicaría contradecir sus posturas históricas contra una YPF privada, y si lo hacían a favor, no tendrían más remedio que aparecer como secundando una decisión que fue cuestionada a nivel internacional.
Por este motivo, muchas alocuciones de los diputados parecieron una justificación sobre por qué votarían a favor de un proyecto elaborado por un gobierno al que le adjudican todos los males de la Argentina.
El caso paradigmático fue el de Ricardo Alfonsín, ex candidato presidencial de la Unión Cívica Radical, enfrascado en una dura interna con el ala más “anti-kirchnerista” de su propio partido. Alfonsín justificó su voto a favor con el argumento de que la propiedad estatal sobre los recursos estratégicos era algo que estaba por encima de quién estaba en el gobierno. Para apoyar su argumento, indicó que a nadie se le ocurriría privatizar el Banco Nación sólo por quitarlo de las manos de los kirchneristas que circunstancialmente lo dirigen y hacen un uso erróneo del dinero público.
En la vereda de enfrente, tanto los radicales como los diputados del Pro, el partido de Mauricio Macri, argumentaron en minoría por el voto negativo, señalando que era falaz el argumento de que se estaba recuperando el petróleo. Es que, en rigor, los yacimientos nunca fueron privados, porque la constitución establece que pertenecen al Estado, de manera que lo único que se “recuperó” fueron las acciones de YPF.
Otros que se sintieron en la obligación de justificarse, pero en las filas oficialistas, fueron aquellos diputados peronistas que en los años ’90 militaban en el gobierno de Carlos Menem y que habían votado la privatización.
“El mundo cambió, las circunstancias ya no son las mismas”, fue el argumento planteado por legisladores como Felipe Solá fue uno de ellos, y se molestó con los que “levantan el dado acusatoriamente” para marcar contradicciones entre los neo-estatistas.
Quien no tuvo ese problema fue Fernando “Pino” Solanas, cineasta y líder izquierdista, quien reivindicó su postura coherente de oponerse a la privatización desde los años 90 y de haber denunciado el” vaciamiento” de los recursos naturales tanto en la tribuna política como en sus películas documentales.
Pero si alguien tuvo la máxima atención mediática fue la ex candidata presidencial Elisa Carrió. Con su habitual estilo verborrágico y confrontativo, no solamente acusó al gobierno kirchnerista de haber provocado la crisis energética, sino que hizo una denuncia de corrupción hacia una amplísima lista de funcionarios y empresarios, del actual gobierno y de los anteriores. No se salvó de su diatriba ni siquiera un estadista venerado por la socialdemocracia como el ex presidente español Felipe González. Carrió lo calificó como un “lobbysta” y dijo que era “un Kissinger de izquierda”.
Lo cierto es que, tras el intercambio de críticas, reproches y epítetos de tono subido, cuando llegó el momento de la votación, el proyecto de Cristina Kirchner recibió un apoyo abrumador. Con el cierre del capítulo parlamentario, se abre ahora el desafío más importante para el gobierno: demostrar que, en manos estatales, YPF podrá revertir la complicada situación energética del país, atraer socios extranjeros y trabajar con mayor eficiencia que la empresa privada.
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JORGE BARREIRO -
04.05.2012 - 10:11 hs
"Son todos una manga de ladrones" Qué razón tenía Jorge!






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