Empresas - EMPRENDEDORES
Fin de semana tech en Playa Valley
Más de un centenar de emprendedores se reunieron para un fin de semana de networking y charlas
Playa Valley cumplió con lo prometido: tres días a puro networking en La Paloma entre jóvenes, y no tan jóvenes, de la industria de internet, medios y publicidad de Uruguay. Los speakers que articularon el cronograma no llegaron al Playa Valley a hablar solo de publicidad y emprendedurismo, tampoco únicamente de sus trabajos, ni de sus logros y premios. Llegaron para hablar de lo que hicieron mal, de los errores que cometen cada día en pos de una idea que a veces suena bien, y a veces no convence tanto. Llegaron a repartir consejos con humildad, a sabiendas de que no podrán evitar que los demás se equivoquen.
Es que el miniejército de emprendedores y futuros emprendedores que conformaron la platea quieren que alguien que admiran, o de quien por lo menos han oído hablar, los oriente en sus decisiones. Querían estar, participar; oír y ser escuchados.
Las acreditaciones del evento (de inscripción gratuita) no solo tenían escrito el nombre, incluían debajo el usuario de Twitter de la persona. Armados con iPads y smarthones, los participantes ingresaron a la primera charla del evento. La regla de “apaguen sus celulares” no corría allí, pese a que en la puerta de la sala del Centro Cultural de La Paloma, donde se juntaron para las charlas, se solicita con un cartel.
Una de las organizadoras del evento, Victoria D’Andrea, presentó al primer speaker: Krikor Attarian, socio y creador de Kizanaro, el software que lleva estadísticas deportivas y cuyo primer cliente fue la selección Uruguaya. Attarian resumió la historia de su emprendimiento y de cómo llegó a estar tras vestidores en los partidos de cuartos de final del Mundial de Sudáfrica, y en los de la Copa América. El software fue creado para la tesis de grado, y pronto pareció un proyecto viable.
“Conseguir el primer cliente es difícil”, dijo, pero conservarlo debe ser primordial, amplió. Un joven –la gran mayoría eran hombres– preguntó a Attarian si no temió que alguna de las incubadoras donde presentó su proyecto le robara la idea. La respuesta fue tajante: “En algún momento la vas a tener que mostrar”. A partir de allí, la tensión que caracteriza el principio de un evento se disipó, como la niebla que cubría Rocha desde la mañana.
La otra conversación
Jóvenes vestidos con canguros y championes masticaban chicle y escuchaban con genuino interés. Nadie conversaba, en el sentido estricto de la palabra, porque la verdadera charla se desarrolló en otra dimensión, y adquirió la forma de un murmullo cibernético permanente. Estaba en Twitter. Aunque las charlas se podían ver en streaming, muchos se encargaron de contarlas en tiempo real. Algunos de los speakers estuvieron pendientes de los tuits, como la gerenta de contenidos digitales de El Observador, Carina Novarese.
Después de todo, a Novarese le tocaba hablar de la plataforma de microblogging y del periodismo en los tiempos de Twitter. Explicó cómo los medios sobreviven al “terremoto de las redes sociales”, al tiempo que deben aprender a manejarlo. “Los medios llegamos tarde”, admitió la periodista, y a su vez contó que los medios no sabían qué quería la gente.
Entonces llegaron las redes y la gente tuvo voz. Y los medios tuvieron feedback.
Para Novarese, no se trata de amar o no a las redes, sino de que los medios deben estar en ellas porque es donde tienen que estar. Sobre todo, porque cada vez más las personas se informan primero a través de ellas. Facebook, Twitter, Youtube, entre otras, son en parte responsables de un cambio en el proceso de comunicar, explicó Novarese. El camino que recorre una noticia antes de llegar al público es cada vez más corto y rápido.
Luego de la reflexión, la pausa
Tres cuadras separan al Centro Cultural del restaurante donde se realizaron los almuerzos, y en el camino los participantes aprovecharon para conocerse. Algunos llegaron con colegas, como el speaker Diego Lev, director creativo de la agencia Notable, quien llegó a la La Paloma acompañado por otros publicistas. Otros fueron con amigos o con sus socios. También estuvieron los que ya son empresarios, pero quieren conocer y darse a conocer. Otros simplemente se animaron al Playa Valley para familiarizarse con alguno de los temas tratados o porque consideran que este tipo de encuentros es la fórmula ideal para hacer contactos.
Más speakers
De vuelta en el Centro, el fundador de la compañía audiovisual Locomotion, Javier Figueroa, se plantó en la tarima y conquistó de inmediato a un público exigente y crítico. “Vengo a contarles en qué me equivoqué”, dijo, y contó que “en su época” el emprendedor se llamaba “buscavidas”. Luego de ser dueño de un videoclub en Casabó, cambiarlo por una carnicería, y viajar más de 20 veces a la Antártida para instalar internet, Figueroa se dedicó de lleno a Locomotion, una empresa que “hace cosas”. Así lo definieron una vez, y le gustó.
Luego fue el turno del argentino Pablo Di Meglio, de la agencia digital Latin3. El experto en gamificación (la aplicación de mecánicas del mundo de los videojuegos en entornos externos a estos), habló de cómo provocar acciones en la era de las redes sociales. Advirtió que primero hay que saber por qué la gente hace cosas: introdujo el concepto de la “zanahoria imaginaria” para explicar que las personas buscan algo todo el tiempo. Entender cómo funciona el cerebro para luego hacer de un juego lo más adictivo posible es una de las claves del gamification.
El argentino anunció que pronto su agencia lanzará una aplicación para Facebook que responde a esta estrategia. Se trata de una solapa invisible que lee la actividad del usuario, otorgándole un estatus. Cada semana, se premiará al usuario que haya tenido más actividades en esta red. Funcionará porque “la gamificación se nutre de nuestras necesidades y deseos”.
Diego Lev fue el primero en exponer el domingo. Consciente de ser un inmigrante digital, anunció que hablaría del proceso de crear. Afirmó que no concibe la creación a partir de la nada: “La página nunca está en blanco, porque el concepto ya estaba en mi cabeza”. Jugar en el modo de crear y vivir con intensidad fueron dos de los consejos. Para Lev, el proceso consiste en observar, tener una idea, y corregirla hasta que sea buena. Y acotó que “hay una idea equivocada de las ideas: no siempre tienen que revolucionar”. Admitió que no sabe de dónde salen las ideas geniales, y que aceptar el error es parte del juego.
El domingo fue el día de los extranjeros; entre ellos el argentino Ariel Di Stefano, creador del software Shopperception, que mide la actividad en las góndolas de los supermercados con tecnología Kinect. Contó que su idea nació de ver jugar a su hijo con el Kinect. Si esa tecnología captaba una persona frente a ella, ¿qué otras cosas podría resolver, además de entretener? Marcas de consumo masivo, empresas de investigación de mercado y supermercados son ahora sus clientes. Pero antes debió salir de la oficina. “Las ideas no valen nada sin la ejecución”, afirmó. Para Di Stefano, el tiempo es un recurso escaso, y vender, un mal necesario. “Encontrar el mejor modelo de negocio antes de quedarse sin fondos” fue su consejo práctico.
El siguiente speaker, el director de Infocorp, Gabriel Colla, no está de acuerdo con que el tiempo falta. Desde hace 18 años Colla dirige su propia empresa y aseguró que el secreto está en delegar. Dice que hay que hacerlo porque otorga más tiempo libre, porque alguien las puede hacer mejor; porque otros pueden crecer y aprender, y porque siempre se puede descubrir una forma distinta de hacerlas.
Circuló el chiste entre los speakers del primer día: “Somos teloneros de los que vienen mañana”. En parte se sintieron así porque el domingo se presentó Robert Lence, un veterano del mundo de la animación de Hollywood.
Lence, profesor de CalArts e ilustrador en Disney Pixar en Estados Unidos, dijo que lo único que aprendió en sus clases de español fue “yo tengo dos zapatos” y “voy al cine”. Y que, en definitiva, es lo que ha hecho durante toda su vida. Mostró un video de cuatro minutos que cuenta la historia de un niño que nació sin nariz: su pase de ingreso a Disney. Pero varios miles de minutos fueron los que llevaron a Lence hasta allí. Trabajó sirviendo hamburguesas y papas fritas, como todo buen comienzo del sueño americano. Para Lence, el secreto de Hollywood está en que allí “nadie sabe nada”. “No sabes lo que tienes hasta que está en el cine”, dijo el dibujante que participó de los entrañables filmes Toy Story, Shrek, Bichos y otros tantos.
Muchos tenían todavía el sabor de la infancia en la boca cuando llegó otro peso pesado del evento. El español radicado en México Daniel Granatta, que trabaja como director general creativo en JWT y tiene la tarea de convertir a la agencia tradicional en una integrada al mundo digital.
Mucho trabajo
Pero no todo es magia. Todos coincidieron en que, si bien la suerte existe –algunos le llamaron oportunidad–, el trabajo es la clave. “Somos laburantes”, dijo alguien. Y es que al fin de cuentas, los speakers están donde están porque “emprender es perseguir una idea”, al decir de Granatta, y porque han pagado el precio del aprendizaje, según dijo Attarian. Figueroa lo explicó de forma más metafórica: “¿Saben por qué la danza de la lluvia es tan efectiva para los indios? Porque la bailan hasta que llueve”.
Networking cuerpo a cuerpo
Aun inmersos en el mundo digital, los participantes del evento intercambiaron tarjetas de presentación de papel. A Figueroa le divierte la paradoja y el director creativo de JWT México, Daniel Granatta, aseguró que “así tiene que ser”.
Pero Pinky!, que está conformada por jóvenes, organizó un evento para jóvenes.
Tuvo en cuenta que los concurrentes se duermen tarde porque las pizzas de la noche se extendieron hasta altas horas de la madrugada, con música y juegos con tecnología Kinect. Y que los cofee breaks son más divertidos si además de café hay chocolate, caramelos, barras de cereal y alfajores.
Tal vez por eso uno de los momentos más esperados del fin de semana fue el paintball.
Solo los más valientes se animaron a jugar; los demás alentaron como en el estadio. Pablo Di Meglio salió rendido: “No es lo mío; voy a seguir con la publicidad”, dijo entre risas.






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