Empresas - EMPRENDEDORES
Contra la corriente
El director de Leopoldo Gross, Mario Gross, habla sobre la historia y los desafíos que tiene que afrontar su empresa en el negocio de las importaciones
Afirma que fue una apuesta peculiar, “de eso no hay duda”. Tras haber estudiado Química Textil en Alemania , Mario Gross decidió que la empresa de su padre, dedicada a la producción y exportación textil, probara su suerte con la importación de algunos pocos alimentos que había conocido en el extranjero.
Con los años, el abanico superó ampliamente al rubro textil y Mario sucedió a su padre como director de Leopoldo Gross, devenida en una de las principales importadoras de alimentos y bebidas del mercado.
La empresa trabaja marcas como Heinz, Pringles y Mars, y recientemente adquirió la importación de la cerveza europea Carlsberg. A su vez, la compañía no olvidó sus raíces y nunca dejó de lado la indumentaria masculina. Hoy cuenta con casi 10 tiendas donde vende camisas de marcas como Legacy y Arrow.
Como el tercer Gross al frente de la empresa y de 200 empleados, asegura que todavía le queda mucho por crecer en su negocio.
¿Ampliar el rubro de la empresa hacia los alimentos y bebidas fue un tema de ensayo y error?
Sí, era una especie de “quijotada”, la familia tenía cero experiencia. En aquel momento, con la baja de aranceles, empezaron a entrar los primeros productos que eran únicamente adquiribles de contrabando de Europa o en algún freeshop. Creo que cada vez más la gente se quería dar un pequeño “lujito”, una satisfacción que cuesta un poco más.
¿Hoy en día cómo es ese proceso de elegir con qué productos trabajar?
Vamos a una feria extranjera de alimentos, veo cosas que puedan ser atractivas para el mercado, las traigo, hacemos un análisis de precio, consulto el entorno, si tiene lugar o no tiene, y a riesgo puro, lo traigo. A veces con éxito, a veces con fracaso.
¿Cuál es el principal desafío de trabajar con tantas marcas?
Sin duda que tiene un montón de perjuicios. En el mundo entero se habla del foco y yo voy contra la corriente. Muchas veces me pongo a pensar que es un milagro que esta empresa, sin foco o con mucho foco, pueda seguir funcionando y con una rentabilidad aceptable a pesar de una presión fiscal tremenda.
¿Tiene alguna estrategia a la hora de negociar con un cliente extranjero?
Sin duda que la parte afectiva sigue jugando un rol muy importante en las relaciones comerciales entre empresarios de varios países. No creo en la relación basada en mensajes electrónicos, a pesar que todo el mundo apunte a ello. A nivel local, la visita de mi vendedor en el punto de venta sigue siendo clave, por ejemplo
¿Cuáles son los caballos de batallas de Leopoldo Gross?
Es un tema bastante triste porque los que eran hasta hace poco no lo son más: la línea Corona y la línea Ferrero. La primera se fue a FNC y la otra abrió una subsidiaria propia porque el negocio creció mucho. La pérdida de esas dos marcas fue muy dolorosa del punto de vista afectivo y sentimental, incluso.
Creo que la legislación uruguaya protege muy poco al distribuidor uruguayo o no lo protege nada. Las dos marcas me dieron una apretón de manos y me dijeron “muchas gracias por los 12, 15 años de trabajo, ahora me instalo yo mismo”. De todas formas, A pesar de haber perdido esa marcas, al año siguiente Leopoldo Gross facturo más que en el año anterior
Hoy en la parte textil, nuestras marca fuertes son Legacy y Arrow, una línea de ropa mas formal. Dentro del rubro alimentos y bebidas, el producto la papitas Pringles es un clásico, así como la línea de chocolate MARS, M&M y sin duda que el ketchup Heinz y los vinos chilenos Undurraga también son muy atractivos
Hace unos años usted afirmaba que su fábrica textil era deficitaria, ¿cómo se encuentra ahora?
He logrado que ambas partes sean sustentables por sí mismas. Es verdad que el negocio de alimentos y bebidas sí subsidió la fábrica por un tiempo, pero hoy, a pesar de ser nuestro segmento de menores ingresos, es rentable. Incluso a pesar de los costos de producción, es rentable por una razón: el producto que fabrico en un 40% lo vendo en mis propias bocas y ahí consigo una alta rentabilidad porque cierro el ciclo.
¿Qué otras dificultades debe afrontar su empresa?
Bromatología. Hoy las grandes multinacionales están bárbaras. Pero las pequeñas empresas que para sobrevivir tienen productos de nicho con pequeñas cantidades, nos matan a cantidades exageradas de exámenes. En el último trimestre voy a pagar $ 350.000, solamente de tasa bromatológica, cuando una multinacional hoy no esta pagando “nada” dado los requisitos de sus exámenes. Los chiquitos estamos muertos. Los grandes son los reyes.
¿Le gustaría que la empresa siga en manos de su familia?
Es un tema que me empieza a afligir un poco porque tengo miedo que ninguna de mis tres hijas continúen este emprendimiento. Ni que hablar que sería lindo que la tradición familiar continuara, aunque ya hemos tenido alguna conversación por la venta parcial de la empresa.
¿Qué lo motiva a seguir día a día al frente de su trabajo?
La realización personal es una de las cosas que más me llevan a continuar. Eso y ver que entra una tela y sale una camisa que es elogiada por todos los consumidores. Que prefieran comprar una camisa producida en Uruguay, bastante más cara que una camisa china (que también trabajo), es otra buena motivación (risas).
Como el tercer Gross al frente de la empresa y de 200 empleados, asegura que todavía le queda mucho por crecer en su negocio.
¿Ampliar el rubro de la empresa hacia los alimentos y bebidas fue un tema de ensayo y error?
Sí, era una especie de “quijotada”, la familia tenía cero experiencia. En aquel momento, con la baja de aranceles, empezaron a entrar los primeros productos que eran únicamente adquiribles de contrabando de Europa o en algún freeshop. Creo que cada vez más la gente se quería dar un pequeño “lujito”, una satisfacción que cuesta un poco más.
¿Hoy en día cómo es ese proceso de elegir con qué productos trabajar?
Vamos a una feria extranjera de alimentos, veo cosas que puedan ser atractivas para el mercado, las traigo, hacemos un análisis de precio, consulto el entorno, si tiene lugar o no tiene, y a riesgo puro, lo traigo. A veces con éxito, a veces con fracaso.
¿Cuál es el principal desafío de trabajar con tantas marcas?
Sin duda que tiene un montón de perjuicios. En el mundo entero se habla del foco y yo voy contra la corriente. Muchas veces me pongo a pensar que es un milagro que esta empresa, sin foco o con mucho foco, pueda seguir funcionando y con una rentabilidad aceptable a pesar de una presión fiscal tremenda.
Hace unos años usted afirmaba que su fábrica textil era deficitaria, ¿cómo se encuentra ahora?
He logrado que ambas partes sean sustentables por sí mismas. Es verdad que el negocio de alimentos y bebidas sí subsidió la fábrica por un tiempo, pero hoy, a pesar de ser nuestro segmento de menores ingresos, es rentable. Incluso a pesar de los costos de producción, es rentable por una razón: el producto que fabrico en un 40% lo vendo en mis propias bocas y ahí consigo una alta rentabilidad porque cierro el ciclo.
¿Qué otras dificultades debe afrontar su empresa?
Bromatología. Hoy las grandes multinacionales están bárbaras. Pero las pequeñas empresas que para sobrevivir tienen productos de nicho con pequeñas cantidades, nos matan a cantidades exageradas de exámenes. En el último trimestre voy a pagar $ 350.000, solamente de tasa bromatológica, cuando una multinacional hoy no esta pagando “nada” dado los requisitos de sus exámenes. Los chiquitos estamos muertos. Los grandes son los reyes.
¿Qué lo motiva a seguir día a día al frente de su trabajo?
La realización personal es una de las cosas que más me llevan a continuar. Eso y ver que entra una tela y sale una camisa que es elogiada por todos los consumidores. Que prefieran comprar una camisa producida en Uruguay, bastante más cara que una camisa china (que también trabajo), es otra buena motivación (risas).




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