Opinión - Editorial
Ofensiva sin base contra las afap
El nuevo intento de debilitar a las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP), persuadiendo a trabajadores activos de que se desafilien y se transfieran al sistema de reparto del BPS, ha recrudecido
El nuevo intento de debilitar a las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP), persuadiendo a trabajadores activos de que se desafilien y se transfieran al sistema de reparto del BPS, ha recrudecido con el recurso de exagerar los efectos de una medida técnica anunciada por el Banco Central. Cuando una persona afiliada a una AFAP se jubila, el total ahorrado en su vida activa con los aportes sobre salarios más las ganancias por intereses son transferidos a una empresa de seguros, a cuyo cargo queda estimar el monto mensual del retiro según la edad, expectativa de vida y otros factores. La aseguradora aumentará anualmente los pagos mensuales al nuevo pasivo por el Índice Medio de Salarios (IMS) más un porcentaje que estaba fijado inicialmente en 3%. El BCU ha bajado ahora este porcentaje a 1,5%, con el aparente objetivo razonable de ampliar el espectro de aseguradoras participantes en este esquema, atrayendo a más empresas privadas de seguros para evitar la concentración excesiva de pasividades por AFAP en el Banco de Seguros del Estado. La medida puede afectar el monto mensual de cada jubilación pero en forma leve, como ha asegurado el vicepresidente Danilo Astori, lejos del 20% de reducción de la pasividad que anunciaron los representantes de los trabajadores en el Directorio del BPS. Este cálculo obviamente es mucho peor que lo que ocurrirá en la realidad, lo cual es atribuible a la sostenida campaña contra las AFAP desde algunos sectores del Frente Amplio.
La estimación de una presunta pérdida del 20% de la jubilación que correspondería por la baja del 1,5% de los aumentos anuales por encima del IMS es una forma objetable de tratar de atemorizar a trabajadores activos e inducirlos a desafiliarse de las AFAP y pasar al BPS. Es improbable que tenga este efecto, ya que siguen siendo notorias las ventajas de jubilarse por las AFAP en vez de transferirse al BPS. El sistema de reparto del BPS, aunque ha mejorado en los últimos años, sigue teniendo la debilidad estructural de depender en gran parte de los recursos de que dispongan sucesivos gobiernos para contribuir a la seguridad social, al margen de lo que haya aportado un trabajador durante su vida activa.
En el pasado esta dependencia no solo generó jubilaciones absurdamente bajas en relación con los aportes, sino que puso en peligro el sistema. Cuando se crearon las AFAP, en 1996, había una fundada estimación técnica de que el sistema de reparto podía llegar a colapsar en 2010. Este panorama sombrío cambió con el advenimiento de las AFAP. Los aportes a la cuenta personal de cada trabajador son intocables, a los que se agrega el rédito acumulado a lo largo de los años. El sistema libera a los trabajadores de la perspectiva de recibir retiros que no guarden proporción con sus aportes. Las AFAP, una de las reformas más importantes y beneficiosas en la historia, están para quedarse por la simple razón de que les dan a los trabajadores mayor seguridad de lo que cobrarán como pasivos. Es una realidad que no pueden ignorar quienes persisten en combatir el sistema de cuentas personales y procuran atraer trabajadores a la bolsa común del BPS, que no ofrece iguales garantías sobre el monto de las jubilaciones.




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