Opinión - ARTA DEL DIRECTOR
Cumbres vergonzosas
se puede decir que hay varios tipos de cumbres: las inútiles, las pacíficas, las insípidas y, muy ocasionalmente, las borrascosas. Lo ocurrido en Mendoza esta semana, en la cumbre de presidentes del Mercosur, parece inaugurar una nueva categoría
La discusión sobre la utilidad de las múltiples cumbres internacionales de jefes de Estado y de gobierno y de parlamentarios que cubren el calendario y agenda de los gobernantes lleva ya bastantes años. No son pocos los que pretenden reducir su número. Pero en general la crítica a estos eventos proviene más de la ineficacia de los mismos que de los efectos de las decisiones que allí se adoptan, resumidas en un comunicado redactado a último momento y sobre temas que generan algo de consenso aunque no sean importantes.
En ese sentido, se puede decir que hay varios tipos de cumbres: las inútiles, las pacíficas, las insípidas y, muy ocasionalmente, las borrascosas. Lo ocurrido en Mendoza esta semana, en la cumbre de presidentes del Mercosur, parece inaugurar una nueva categoría: la de las cumbres vergonzosas.
En efecto, además de la suspensión de Paraguay hasta tanto se realicen las próximas elecciones en ese país previstas para abril de 2013 (que, afortunadamente, Cristina Fernández de Kirchner promete respetar), los restantes países del bloque han decidido incluir a Venezuela como miembro de pleno derecho. Fue algo que, conociendo a los países vecinos, estaba en la tapa del libro desde el momento de la destitución de Fernando Lugo, ya que era la forma de librarse del veto paraguayo al ingreso de Venezuela al Mercosur. Fue, además, algo así como una suerte de castigo al Congreso paraguayo: "Ustedes echaron a Lugo, nosotros hacemos entrar a Chávez".
La suspensión de Paraguay puede ser discutible. Argumentos hay en un sentido y en otro de si lo que ocurrió fue o no un golpe de Estado. A ese respecto, la mejor definición que leí fue la The Economist: "No fue un golpe de Estado pero sí una erosión de la democracia". Y Paraguay no tiene una institucionalidad democrática muy asentada que digamos.
Pero la inclusión de Venezuela es una flagrante violación de cualquier tratado regional. La suspensión paraguaya por unos pocos meses no habilita a tomar una decisión tan importante, con tanto apuro y sin las garantías del debido proceso -Paraguay nada pudo decir al respecto- como se le atribuye al juicio político a Lugo. De modo que aquí Argentina y Brasil aplicaron también la ley del Talión y no respetaron los tiempos que ellos sugerían respetar en el juicio político.
Lo que sí llama la atención es la actitud del gobierno uruguayo. El martes 28, el canciller Luis Almagro expresó textualmente: "En ningún momento se pensó en el ingreso de Venezuela como miembro pleno aprovechando estas circunstancias. Mucha gente tiene características alarmistas por lo que veo". Pues parece que los que tienen características alarmistas tenían razón o conocían mejor la actitud de los países grandes del Mercosur o desconfiaban que Uruguay volviera a sucumbir a los dictados de los vecinos para no enemistarse con ellos, en una política que cada vez se comprende menos. De sus expresiones deberá dar cuenta Almagro.
Poco afortunadas también fueron las expresiones del presidente José Mujica: "Trajimos lo que fuimos a buscar", en referencia a la posibilidad de que Uruguay pueda hacer acuerdos bilaterales con países de la región (nada de Europa, EEUU, China, Australia, etcétera). Serán, si se concretan, acuerdos de poca importancia y además las economías más interesantes como Chile, Colombia y Perú ya tienen su TLC con EEUU y muchos otros países. Tampoco esta ventana que se abre atraerá a muchos miembros al Mercosur como dice Mujica, porque serán escasos los países interesados en ingresar a un bloque donde impera la ley del más fuerte.
Por otra parte, Mujica trajo algo que (supuestamente) no fue a buscar como es la entrada de Venezuela al Mercosur. Más allá del autoritarismo que reina en ese país, su economía hipercontrolada y caótica por años de desgobierno poco aportará al Mercosur. Pero esto a nadie le importa: lo importante era que Chávez ingresara al Mercosur como fuera. Ya lo intentó Mujica en diciembre pasado, con una solución que implicaba desconocer al Congreso paraguayo y fue disuadido por CFK y Dilma.
La cumbre de Mendoza quedará pues entre las vergonzosas pero lo grave son sus consecuencias sobre los equilibrios políticos y económicos del Mercosur que quedaran alterados sin arreglo posible. Uruguay tendrá que pensar muy bien qué hace en el futuro: nadar con tres ballenas en una piscina no será fácil.




Envíala por email
Imprímela
Más Opciones