Opinión - Editorial
La misteriosa cumbre exige explicaciones
La azarosa cumbre del Mercosur ha dejado resultados perniciosos que van más allá de la injustificada suspensión de Paraguay
La azarosa cumbre del Mercosur ha dejado resultados perniciosos que van más allá de la injustificada suspensión de Paraguay como vehículo para allanar el ingreso a hurtadillas de Venezuela como socio pleno. Ha creado en la ciudadanía uruguaya una profunda preocupación desconcertada por ignorar lo sucedido en la misteriosa reunión a solas en Mendoza de los presidentes José Mujica, Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff. Como si fuera poco, tanto Luis Almagro como el vicepresidente Danilo Astori afirmaron que la decisión de la cumbre de incorporar a Venezuela es de dudosa legitimidad y que confían en que se revierta antes de la proyectada reunión del 1º de julio para incorporar formalmente al régimen de Hugo Chávez al bloque regional.
Sus posiciones chocan frontalmente con lo decidido por Mujica. Almagro, por otra parte, dijo también públicamente que el presidente no le informó de lo tratado con sus colegas de Argentina y Brasil, situación inconcebible que deja al responsable de las relaciones exteriores descolocado y totalmente afuera en un tema de vital importancia en su área específica. Lo más grave, sin embargo, es el cerrado silencio que rodea al acuerdo de los tres presidentes. Los cancilleres, reunidos previamente a la cumbre, habían acordado dejar el ingreso de Venezuela fuera de la agenda. Pese a la insistencia del canciller argentino Héctor Timerman en aprobarlo, el brasileño Antonio Patriota compartía la posición legalista de Almagro.
Pero todo se dio vuelta cuando, a propuesta de Rousseff, los tres presidentes se reunieron a solas durante una hora y media. La presidenta brasileña revirtió la posición de su canciller, respaldó a Fernández de Kirchner y juntas lograron que Mujica aceptara a regañadientes aprobar el ingreso de Venezuela. Se ignora qué factores jugaron en esa decisión o qué mensajes u ofertas de Chávez llevaron a Mendoza el canciller venezolano Nicolás Maduro, que representó a su ausente jefe enfermo. Además de propensiones ideológicas, es una presunción razonable que hayan incidido intereses económicos. Argentina mantiene una cuantiosa deuda con Venezuela, al igual que ANCAP con Pdvsa por el abastecimiento de petróleo, en tanto Brasil tiene también fuertes temas comerciales comunes.
Si hubo concesiones venezolanas en estos u otros campos para consumar el desastre de su incorporación al Mercosur, públicamente no se sabe. Mujica, que dio señales públicas de desacuerdo al abandonar su asiento en la primera fila de la cumbre en contraste con su decisión de aprobar lo impuesto por Fernández de Kirchner y Rousseff, se ha limitado a declarar que asume la responsabilidad por las desatinadas conclusiones de la reunión en Mendoza. El prosecretario de la Presidencia, Diego Cánepa, amagó explicaciones que nada aclararon. Pero los uruguayos merecen y tienen derecho que se les expliquen en forma transparente los fundamentos de la confusa posición presidencial en este episodio, que afecta la unidad y credibilidad del gobierno y que ensombrece la soberanía nacional al profundizar nuestra dependencia de Brasil y Argentina.




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