Opinión - Editorial
Intolerable intervencionismo venezolano
El intento venezolano de persuadir a los jefes militares paraguayos de que se opusieran a la destitución constitucional del expresidente Fernando Lugo es un adelanto de lo que podemos esperar con la presencia del régimen de Hugo Chávez en el Mercosur
El intento venezolano de persuadir a los jefes militares paraguayos de que se opusieran a la destitución constitucional del expresidente Fernando Lugo es un adelanto de lo que podemos esperar con la presencia del régimen de Hugo Chávez en el Mercosur como socio pleno. La injerencia de Chávez en los asuntos internos de otros países no es novedad. Lo hizo en los procesos electorales de Bolivia, Ecuador, Argentina, México y Perú, así como en su público respaldo a la guerrilla colombiana de las FARC. Pero lo ocurrido en Asunción es todavía más ominoso y grave porque supone una injerencia directa e indebida desde todo punto de vista en los asuntos internos de otro país. Si eso es un anticipo de lo que ocurrirá en el futuro en el Mercosur, más vale pegar un portazo ya.
Su canciller Nicolás Maduro, acompañado por el embajador ecuatoriano Julio Prado, se reunió con los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas paraguayas en el Palacio de Gobierno, en momentos en que el Senado votaba en un juicio político, sustancialmente ajustado a las disposiciones constitucionales aunque puede criticarse la rapidez de este, el relevo de Lugo y la asunción de su vicepresidente, Federico Franco, a la jefatura del gobierno. La reunión de 17 minutos está documentada en un video entregado el martes a la prensa en Asunción por la ministra de Defensa, María Lyz García de Arnold.
Después de que los jefes militares comparecieran ante la Comisión de Defensa, Seguridad y Orden Interno de la Cámara de Diputados, el legislador Clemente Barrios reveló a la radio Ñanduty que los comandantes informaron que Maduro y el embajador ecuatoriano les advirtieron que si no desconocían el relevo de Lugo y no emitían una declaración de apoyo al presidente destituido, Paraguay enfrentaría sanciones de otros países de la región. El gobierno ecuatoriano del presidente Rafael Correa, fiel acólito de Chávez, quedó en la desairada posición de negar inicialmente que la reunión hubiera existido. Lo contrario quedó demostrado por el video.
El régimen de Chávez ha guardado un silencio tan significativo como sospechoso sobre el hecho. Pero a esta altura de los acontecimientos ya nadie duda que su canciller intentó promover una intervención de la estructura militar paraguaya en un asunto institucional interno de Paraguay. La gravedad de lo ocurrido confirma el desacierto de la decisión de los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay de incorporar a Chávez al Mercosur como socio pleno, recurriendo al procedimiento expeditivo, legalmente cuestionable bajo las normas del bloque, de allanar el camino para el ingreso venezolano suspendiendo primero a Paraguay, cuyo Senado la había bloqueado durante seis años.
Los presidentes José Mujica, Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff están todavía a tiempo, cuando se reúnan a fin de mes, para oficializar la aceptación de Venezuela como socio pleno de Mercosur, de evitar los peligros que aportará la presencia de un gobierno para el que el respeto al principio de no intervención no existe y que ha hipotecado su legitimidad electoral con un autoritarismo que ha hecho trizas las normas que rigen un estado de derecho. Nuestro canciller Luis Almagro explicó que el ingreso venezolano responde a la realpolitick de los intereses económicos. Pero nada justifica introducir en el Mercosur la bomba de tiempo del intervencionismo político o militar al que Chávez es propenso en forma tan evidente como inaceptable.




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