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Nacional - POLÍTICA

El oráculo nuestro de cada gobierno

El uso de las encuestas como insumo para gobernar es cada vez más frecuente y salvo Batlle los ex mandatarios reconocen haberlo empleado, aunque con matices

+ - 21.07.2012, hs - ACTUALIZADO 17:31 Texto: -A / A+
+ - 21.07.2012, hs - ACTUALIZADO 17:31 Texto: -A / A+

Las encuestas marcaron que la mayoría de los uruguayos está en contra de legalizar la marihuana y el presidente José Mujica dudó. O, mejor dicho, le puso un freno a la hasta hace muy poco aparente firme decisión de legalizar la venta de marihuana. Y serán nuevas encuestas, luego de que el asunto sea suficientemente debatido, las que le pondrán punto final o seguido a este tema.

Lo cierto es que, desde hace al menos dos décadas, los sondeos de opinión parecen haberse convertido en un instrumento al que los gobernantes suelen echar mano cuando tienen que tomar una decisión importante. Ya sea para llevarla a cabo, para abortarla o para comunicar mejor una resolución que ya no tiene vuelta.

Salvo el ex presidente Jorge Batlle, los otros ex mandatarios que gobernaron Uruguay desde el retorno a la democracia dijeron a El Observador que, por un motivo u otro, consultaron a estos modernos oráculos. Por ejemplo, el frenteamplista Tabaré Vázquez admitió que decidió dar marcha atrás con  el traslado de los restos de José Artigas cuando se enteró de que buena parte de los uruguayos querían dejar al prócer quieto.

El nacionalista Luis Alberto Lacalle se mostró más remiso a echar mano a las encuestas de opinión pero reconoció que ordenó sondear cómo estaba recibiendo la sociedad su proyecto de ley de reforma de las empresas públicas. El colorado Julio Sanguinetti hizo lo mismo cuando tuvo que impulsar la reforma de la seguridad social y los datos obtenidos lo llevaron a adoptar algunos cambios estratégicos (ver Una cuestión de caras).

En cambio, su correligionario Batlle fue tajante: “Pero, escúcheme, ¿y qué hacemos cuando las encuestas dicen que mucha gente dice que con los militares estábamos mejor? ¿Damos un golpe de Estado? ¡Por favor!”.

 

JULIO MARIA SANGUINETTI

 

Para el dos veces presidente Julio María Sanguinetti (1985-1990/1990-1995) las encuestas son un punto de referencia que los gobernantes no deben soslayar para conocer cuál es “el interés general” de la población o, mejor, para saber cuál es la mejor forma de comunicar decisiones ya tomadas.

 “No se puede gobernar mirando a la tribuna, pero hay procesos políticos que vale la pena seguir con atención”, dijo el exmandatario y recordó la reforma del sistema de seguridad social concretada durante su segunda administración. “Es uno de los temas más difíciles de resolver para cualquier gobierno del mundo. Eso nos obligó a unir esfuerzos de persuasión y a tener una mirada certera sobre lo que pensaba la gente. La decisión ya estaba tomada, pero era preciso saber si la gente entendía que lo que estábamos haciendo era para salvar al sistema”, recordó Sanguinetti.

Por eso, en aquel momento el dirigente colorado resolvió consultar a varias empresas encuestadoras para conocer si los argumentos del gobierno estaban  calando adecuadamente. “Varios sondeos nos daban la impresión de que se iba avanzando en forma felizmente favorable. Hicimos algunos retoques a la estrategia de comunicación y tuvo efectos beneficiosos. Pero nunca hubiéramos dado marcha atrás con nuestra decisión. Uno tiene que hacer lo que hay que hacer. Las encuestas no deberían servir para tomar decisiones. Pero sí son importantes para saber si los procedimientos de comunicación que se están utilizando son los adecuados para persuadir a la gente sobre lo que uno quiere hacer”, afirmó Sanguinetti.

 

LUIS ALBERTO LACALLE

“Debemos recordar que nuestro sistema es una democracia representativa, que la gente se expresa cada cinco años y confiere mandatos de acuerdo a su leal entender. La gente hace acto de confianza. Quiero decir con esto que el cargo de Presidente de la República es para hacer lo que se debe hacer y no lo que marcan las encuestas”, sostuvo el expresidente nacionalista Luis Alberto Lacalle (1990-1995).

Cuando Lacalle asumió su cargo las encuestas recién se estaban consolidando como proveedoras de información más o menos precisa. “Los sondeos de opinión ayudan a tener noción de la temperatura política, pero el compromiso preelectoral tiene que ser cumplido. Eso no depende de encuestas. Muchas veces hay que tomar medidas impopulares y se toman igual”, señaló Lacalle. Y recordó cuando durante su gobierno impulsó la polémica ley de empresas públicas que luego fue tumbada casi en su totalidad por un referéndum impulsado por el Frente Amplio y por el Foro Batllista de Julio María Sanguinetti.

“En aquel entonces no estaba tan difundida la realización de encuestas ni había mucha plata para hacerlas. Pero hicimos algunos sondeos que nos indicaron que estábamos ante un tema muy sensible”, señaló el hoy senador herrerista. Agregó que, pese a eso, se siguió adelante con el impulso del proyecto porque “las encuestas son un elemento más a tener en cuenta pero no está bien eso de correr para otro lado porque así lo marca el mercado”.

 

JORGE BATLLE

Apenas se le pregunta acerca de si un gobernante debe atender el dictado de la opinión pública, el expresidente Jorge Batlle (2000-2005) recuerda a su padre, el también ex mandatario Luis Batlle Berres. “Una vez alguien le dijo a mi padre: ‘la calle dice tal cosa’. Y mi padre le contestó: ‘¿cuál calle?’”. Después de la risa, Batlle insiste que, para él, las encuestas ni le van ni le vienen. “Pero, escúcheme, ¿y qué hacemos cuando las encuestas dicen que. debido al miedo a la inseguridad, mucha gente dice que con los militares estábamos mejor? ¿Qué hacemos? ¿Damos un golpe de Estado? ¡Por favor! Si uno va a estar gobernando en función de las encuestas es una tragedia”.

Batlle recuerda entonces las decisiones tomadas durante la crisis social y económica de 2002. “Nosotros sabíamos muy bien que muchas de las medidas que tomábamos iban a contramano de la opinión pública. Y las hicimos igual porque ¿sabe qué? Si sólo le interesa la opinión de la gente no se dedique a gobernar. Ponga una agencia de encuestas”, sugirió.

A diferencia de Sanguinetti, Batlle dijo que incluso es muy difícil que una encuesta otorgue la tranquilidad de que las ideas están siendo transmitidas adecuadamente. “Usted ya sabe de antemano si lo que va a hacer va a provocar rechazo. Si no usted no estaría en condiciones de gobernar. Es un sin sentido preguntar antes o después. Hay que tener sentido de las cosas pero no en función de lo que la gente piensa”, dijo el dirigente colorado al que el poder le fue esquivo durante muchos años, entre otras razones, por proponer cosas que no eran precisamente las más populares.

 

TABARË VÄZQUEZ

El expresidente Tabaré Vázquez (2005-2010) reconoce que, por ejemplo, decidió dejar por el camino su decisión de trasladar los restos de José Artigas del Mausoleo a la Casa de Gobierno luego de conocer que mucha gente estaba en contra de andar meneando al prócer. Señaló que, ese respeto por el interés de las encuestas, no debe colisionar con el programa de gobierno propalado durante la campaña electoral.

“En todos los casos el gobernante debe tener en cuenta que las acciones que va a desarrollar efectivamente vayan en la dirección de lograr una mejor calidad de vida para los ciudadanos, es decir, buscar el bien común. Para ello, no con un criterio estrictamente científico pero sí lo más racional posible, debe intentar conocer lo más exactamente posible el impacto de sus acciones sobre la población y para ello debe buscar herramientas que midan dicho impacto”, señaló Vázquez.

Opinó que para eso es necesario contar con “las encuestas científicas seriamente realizadas y con el contacto directo con la gente”. Precisó que con ese método la izquierda desde el gobierno de Montevideo decidió crear calles peatonales -al principio fuertemente resistidas por un amplio sector de la población- y desde el gobierno nacional se resolvió  dar marcha atrás con el traslado de los restos de Artigas.
“En este caso, un importante sector de la población no estaba de acuerdo con ese traslado y eso pesó para que canceláramos ese movimiento. Pero, finalmente, en cada caso será el sentido común el que debe de ayudar a tomar una decisión acertada para el bien de la sociedad”, afirmó Vázquez.

Una cuestión de caras

El contador Conrado Hughes fue director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle y actuó como asesor durante la segunda administración de Julio María Sanguinetti. Hughes recuerda que el expresidente no mandó a realizar demasiadas encuestas porque no había casi presupuesto destinado para ese fin y porque el dirigente blanco no era muy partidario de atender el resultado de los sondeos de opinión.

“Él siempre pensó en que era necesario persuadir y que si el discurso era consistente la gente lo iba a acompañar. No recuerdo que haya dado ningún golpe de timón llevado por la opinión pública. Impulsó la ley de empresas pública sabiendo que iba a ser una tarea difícil”, dijo Hughes .

Durante el segundo gobierno de Sanguinetti, Hughes dirigía un programa de inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y fue convocado por el secretario de la Presidencia, Elías Bluth, para tomarle la temperatura a la ley de reforma del régimen de seguridad social.

Entonces fueron consultados varios politólogos y sociólogos, y se realizaron varios focus group que demostró una evidencia que fue tomada en cuenta por los impulsores de la reforma. Por aquel entonces, la cara más visible de los opositores a la medida era la del dirigente de los jubilados, Luis Colotusso. “Los especialistas nos dijeron que la defensa del proyecto debía ser llevada adelante por alguien con una cara joven y amable para contrarrestar la cara vieja y amargada de Colotusso”, narró Hughes.

Así fue como el gobierno de Sanguinetti decidió que la defensa de le reforma fuera encabezada por la entonces ministra de Trabajo, Ana Lía Pineyrúa, por aquel entonces muy joven y militante del Movimiento Nacional de Rocha.  Unos años después, Piñeyrúa pugna por convertirse en candidata presidencial del Partido Nacional.


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