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Caos en 21 de Setiembre
Crecimiento vehicular y comercial pone a prueba los nervios de los conductores
La calle 21 de Setiembre se extiende por 20 cuadras desde bulevar España hasta la rambla Mahatma Gandhi. Pero es entre la costa y José Ellauri –seis cuadras– cuando el tiempo se enlentece para aquel que quiere llegar a algún lado durante la hora pico. A tal punto que Juan Carlos, taxista, dice que le da tiempo para “dormir una siesta” cuando llega a Ellauri.
A las 10 de la mañana, un taxi que inicia un viaje en 21 y la rambla con destino bulevar Artigas (15 cuadras) tarda 5,15 minutos. El pasajero debe abonar $ 62 por un trayecto de 15 cuadras. A esa hora resulta mejor ir en ómnibus. Un 582, tomado en la esquina de Juan Benito Blanco, tarda 4,25 minutos en realizar el mismo recorrido a un costo de $ 19. Google Maps, derrochando optimismo, dice que se puede hacer lo mismo en 3 minutos. Juan Carlos dice que sí se puede pero a la madrugada, cuando no hay ningún obstáculo en la calle; o hace años, cuando las marquesinas no cubrían las fachadas de Bello y Reborati, o estas eran demolidas para levantar edificios.
A las 19 horas, el momento señalado por Hugo, un vecino de la esquina de Francisco Vidal, como “el infierno”, el tiempo se eleva a 7 minutos y eso significa que el pasajero deberá gastar $ 77, a $ 5,13 la cuadra. El ómnibus sigue siendo un poco más rápido. En auto “no avanzás”, sentenció Juan Carlos.
La historia de todas las mañanas y de todas las tardes, solo da tregua los domingos, se completa con camiones de proveedores, maquinaria de construcción, carros de clasificadores y camionetas escolares, todos disputando el espacio de una calle demasiado angosta para la demanda, con un resultado esperable: transeúntes ofuscados, vecinos aún más ofuscados y una alta probabilidad de accidentes de tránsito. La Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) no tiene ningún plan previsto para ordenar el caos.
Bocinazos
Entre las 10 y 11 de la mañana de un jueves El Observador contó 20 camiones proveedores desde bulevar Artigas hasta la rambla. Siete de estos estuvieron concentrados entre Ellauri y Pedro Berro para suministrar mercadería a una farmacia y a un autoservice. Lo curioso es que el camión que iba a la farmacia estaba estacionado en la vereda opuesta y cuatro camiones para el comercio estaban parados del otro lado. Lo mismo pasó en el supermercado entre Tomás Diago y Roque Graseras, con tres camiones durante ese lapso. Uno suministraba también al bar de la esquina de Graseras, cruzando en diagonal.
Ergo, a media cuadra, entre camiones, autos y ómnibus, cruzaban hombres con pilas de casilleros. De la vereda este no se puede estacionar (en algunos tramos), pero está habilitada la zona de carga y descarga para camiones de hasta 2.000 kilos en horario comercial (entre las 10 y las 20 horas). Aunque esto, en teoría, no constituye una irregularidad, la normativa municipal establece que esta operación no debe dificultar la circulación vehicular ni peatonal, el camión debe ubicarse frente a su destino y tiene prohibido depositar la carga en la vía pública. Díganselo a Raúl, el taxista de la mañana, que tuvo que pegar un frenazo frente a una torre de casilleros con sachets de leche, al tiempo que un 116 –que pasa cada 5 minutos− eludía por mitad. de la calle a una camioneta repleta de paquetes de pan americano. “De mañana, te matan los proveedores”, resopló. También podría haber dicho que los puede matar a ellos.
Raúl y Juan Carlos coincidieron en que la IMM debería cambiar los horarios. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, se puede realizar durante la noche, con lugares exclusivos para estacionar. Jorge Alfaro, experto en seguridad vial, indicó que mientras no se llega a una solución civilizada, los repartidores deben parar a la vuelta. “No tiene derecho nadie a generar un trancazo en el tránsito”, afirmó.
Desde la IMM se informó que los repartidores de comestibles “no tienen restricciones” como sí las tienen los camiones de gran porte. De todas formas, un funcionario dijo que se van a “retomar” los controles.
Más dolores de cabeza
Y si se habla de trancazos hay siete edificios en distintas etapas de construcción que aportan su granito de arena y portland. En la esquina de 21 y Libertad se está demoliendo una casa vieja, por lo que hay circulación de excavadoras y cargadoras. Entre Luis de la Torre y Coronel Mora, una grúa imponente amenaza a los peatones que, aunque tienen un pasaje, prefieren arriesgarse por la calle. En todas las obras hay volquetas y hormigoneras que quitan espacio a diestra y siniestra y, por si fuera poco, en la esquina de Tomás Diago una camioneta con materiales estaba estacionada frente a la parada, porque las volquetas tapan el frente de la construcción.
Los pasajeros tenían que pararse casi a mitad de la calle para hacerle señas al ómnibus. Una vez que estos siete edificios estén terminados la zona estará más densa en población y vehículos de lo que está hoy. Las hormigoneras, por ejemplo, trabajan de acuerdo a un día y hora fijados por la IMM para evitar una distorsión mayor en el tránsito pero, en general, trabajan durante la mañana. “Están trabajando muy bien. Aunque puede haber algún exceso”, comentó una fuente de la comuna.
Por ordenanza municipal, cada edificio que exceda los 13,50 metros, como los de 21 de Setiembre, debe tener un estacionamiento cada dos unidades de vivienda. El problema es que son apartamentos dirigidos a familias de alto poder adquisitivo que, con frecuencia, tienen más de un automóvil. El vehículo sin refugio queda en la calle. Imposible encontrar un lugar para estacionar. Estos dolores de cabeza son transmitidos por los vecinos al Centro Comunal 5 y al Municipio CH pero ninguno tiene competencia en el tránsito. Desde las sedes se informó a que la principal queja se centra en los carros de clasificadores por 21.






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