Estilo - ENTREVISTA A LEONARDO HABERKORN
"Si se escribe sobre algo que hice mal, me la banco"
Uno de los autores del libro Relato oculto. Las desmemorias de Víctor Hugo Morales habló con El Observador sobre sus motivaciones, la reacción del relator y su visión de la ética periodística
En la cafetería de la Universidad ORT se escuchan máquinas de café, tazas sobre las mesas y una caja registradora. Asordinado, el ruido del tráfico en la avenida Uruguay. Pero nada del ruido mediático que generó la reciente publicación del libro Relato oculto. Las desmemorias de Víctor Hugo Morales (Editorial Planeta), de Leonardo Haberkorn y Luciano Álvarez.
Luego de que la revista Noticias hiciera un adelanto del libro y el programa argentino PPT (canal 13 argentino), de Jorge Lanata, emitiera un informe sobre este, la polémica se encendió del otro lado del Plata y cruzó a Uruguay. El Observador fue a buscar a Haberkorn en uno de sus ámbitos, el universitario, para que diera sus impresiones del fenómeno.
¿Fue fan de Víctor Hugo Morales? ¿Reconoce sus dotes técnicos?
Para mí es el mejor relator de fútbol que hay. Una cosa no quita la otra. Es un gran periodista de fútbol.
Usted dijo que Fernando Morena era la persona que más admiraba en el mundo. ¿Considera que los ataques de Víctor Hugo a la figura de Morena pudieron haber influido en tu investigación?
No, no influyó. Por cierto que en la investigación volvió a emerger el tema. Hay citas terribles sobre Fernando Morena. Lo que a mí hoy como periodista sobre ese tema me queda es la desmesura con que una persona, en Víctor Hugo por Víctor Hugo Morales, de 2009, dice una frase: “Odio el periodismo acosador”. Bueno, él fue un acosador. Él acosó a Restuccia, él acosó a Cataldi, a Morena y a otros. Él acosó a Morena que era un muchacho de 20 años. Él acosó a Restuccia hasta mandarlo preso. Él fue un acosador. Lo que me queda del episodio de Morena es eso: el periodismo cuando se transforma en una máquina de acosar gente y tiene impunidad. Porque en la dictadura había impunidad para pegarle a los dirigentes del futbol. Es decir, no se podía pegarle a nadie más. Cuando la gente del fútbol intentó defenderse y lo prohibió, la dictadura acudió rápido a defenderlo.
¿En qué momento la figura de Víctor Hugo comienza a defraudarlo?
Para mí comenzó al leer Víctor Hugo por Víctor Hugo Morales, porque en ese libro, que es de 2009, él entonces era anti Kirchner. O sea, la decepción mía no tiene nada que ver con la actualidad. Cuando leí ese libro sentí indignación por la forma en que Víctor Hugo Morales reconstruía su vida a partir de datos falsos. Por otro lado, las palabras clave de su vida en Uruguay no aparecen en el libro. No aparece Cataldi, no aparece Morena, no aparece Restuccia. Ninguno de los tres aparece. No existieron. Las tres personas sobre las que él construyó su fama dejaron de existir, pero su fama continúa. Luego se presenta como una persona que clavaba dardos escasos pero memorables a la dictadura y que tiraba la cuerda a ver hasta dónde se podía llegar. Nunca aparece El intruso, su libro de memorias, donde él elogia a Aparicio Méndez (presidente civil durante el período de facto), elogia a la Junta de comandantes en jefe, donde por escrito en (el desaparecido diario) Mundocolor, habla de los derechos que gozamos todos los uruguayos, en plena dictadura, donde dice que le preocupa la imagen del país cuando había presos políticos, desaparecidos, torturas. Entonces, tras ese libro, yo sentí que había que escribir algo.
Morales cree que hay una campaña contra él, y que usted y Álvarez son la pata uruguaya. ¿Son parte de una conspiración contra él?
Él desprecia el Uruguay hoy. Y porque desprecia al Uruguay no tiene ni idea de lo que pasa, de tanto ir a la Ópera en Nueva York y de tanto ir a Roland Garros. No tiene idea de quién es Luciano Álvarez ni quién es Leonardo Haberkorn. Si tuviera alguna idea, quizá podría decir que el libro es malo o que es una porquería, que tiene errores. Pero lo que nunca podría decir es que estamos alquilados por Magnetto (Héctor, CEO del Grupo Clarín argentino) y de (Luis) Majul. Acá en Uruguay nos conoce todo el mundo y sabe que eso no es cierto. Él se erige como fiscal, difama a la gente que no le gusta. Los ataca de forma grosera, como cuando en su programa de radio inventó las enfermedades de (Jorge) Lanata, por ejemplo. ¿De dónde saca que yo tengo algún contacto con Magnetto o con Majul? ¿Cuál es la prueba?
¿Relato oculto puede ser visto como una batalla dentro de la guerra entre el gobierno y los medios en Argentina?
Es la estrategia de Víctor Hugo para no responder a los documentos que presentamos. No me gustaría que se viera así, porque nosotros por eso mismo decidimos cortar el libro en el momento en que se embarca hacia Argentina y no tratar ningún tema vinculado a la Argentina. Como periodista, como comunicador, como profesor de periodismo, como enamorado del periodismo que soy, no me cabe que alguien se ponga de modelo. El otro interés importante es que yo publiqué en los últimos dos años dos libros sobre la historia reciente. Historias tupamaras es un libro que enjuicia al MLN, pero Milicos & tupas ayuda a derribar la teoría de los dos demonios. Trata de hacer ver que no solo militares y tupamaros deberían sincerarse y asumir sus responsabilidades. Hay otros que deberían hacerlo: la prensa debería dar cuenta lo que hizo en la dictadura. Víctor Hugo era el periodista más importante de ese período y este libro se enmarca en esta línea que estoy trabajando.
¿Incluiría algún texto de Morales en sus cursos de periodismo?
Muchas veces puse como ejemplo a Víctor Hugo de alguien que se abrió del deporte hacia otras áreas como la política y la cultura. Tiene méritos pero tiene deméritos.
Usted también ha opinado sobre formas de cómo hacer o no periodismo. ¿Considera que se parece en algo a Víctor Hugo?
La respuesta es: ¡no, por favor! El año pasado fue muy desgastante porque tenía una polémica todos los días. Yo hago mi trabajo. Es verdad que a veces no caigo en gracia. Mi madre dice que siempre estoy haciendo lío. Puede ser. Uruguay tiene demasiadas “vacas sagradas”. Yo hago mi trabajo con las armas del periodismo: busco información, la contrasto y la confirmo. Luego trato de presentar los datos y las historias del mejor modo posible. A veces se genera lío, a veces no. Lo importante no es el lío, ni el ruido, ni los quejidos de las vacas sagradas. Lo importante es si la información está bien




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