Opinión - Editorial
Servicios municipales en la pendiente
Cinco gobiernos departamentales sucesivos del Frente Amplio (FA), han agudizado la pendiente en que se despeñan en forma creciente los servicios en Montevideo y la calidad de vida de sus habitan
Cinco gobiernos departamentales sucesivos del Frente Amplio (FA), así como las administraciones coloradas que los precedieron, han agudizado la pendiente en que se despeñan en forma creciente los servicios en Montevideo y la calidad de vida de sus habitantes. La inoperancia se ha agravado y la gestión de la actual intendenta Ana Olivera, según una encuesta de Factum, recoge 56% de desaprobación pese a tratarse de un sólido baluarte electoral de la izquierda desde hace más de dos décadas. Hasta en muchos sectores frenteamplistas hay coincidencia, así como preocupación electoral, en el fracaso de la gestión municipal.
Las críticas más severas, aunque no las únicas dentro del FA, provienen del Partido Socialista. Su exsecretario general Eduardo Fernández fue lapidario al considerar un "verdadero desastre" la gestión de Olivera. En una reunión del Comité Ejecutivo de ese partido, el secretario general y número dos de la intendencia, Ricardo Prato, defendió la gestión municipal y achacó la pobre imagen de la administración a no saber comunicar adecuadamente sus presuntos logros. Pero Fernández rechazó de plano que la culpa sea de "operativos de los medios de comunicación" o de los partidos de la oposición.
La basura lidera las quejas de los montevideanos. Pero incluyen también otros servicios clave como el lento e insuficiente sistema de transporte público y el estado de los pavimentos fuera de las grandes avenidas y algunas otras calles importantes. Y no son menores las protestas por las obras de empresas públicas que, si bien no dependen de la intendencia, castigan a la población al romper calles y veredas cada poco tiempo para trabajos en diferentes servicios en vez de coordinarlos. En una zona de avenida Brasil, en un mes se rompieron las veredas, se volvieron a cerrar y fueron nuevamente abiertas tres veces por trabajos de otras tantas empresas.
La basura, sin embargo, se lleva la palma del descrédito. Tiene varias aristas. No es responsabilidad de la intendencia que muchos residentes tiren la basura donde se les antoja. Pero sí lo es la tolerancia con los desplantes de Adeom y su incompetencia en encarar soluciones viables al crítico problema vergonzoso de los hurgadores. El sindicato municipal para cuando quiere, a veces con reclamos justificados. Pero sus paros, que la intendencia soporta pasivamente excepto en una única oportunidad cuando declaró servicio esencial la recolección de residuos, agudizan periódicamente el desparramo de basura. Inclusive el Ministerio de Salud Pública ha advertido del riesgo sanitario que los basurales crean para la gente.
Ya ni se oye hablar de la instalación de lugares fijos y plantas de reconversión de la basura, como forma de proporcionar lugar de trabajo para los miles de hurgadores y sacarlos de las calles y avenidas que recorren a sus anchas, provocando accidentes que ya causaron una muerte. Y después de destacarlas, parecen haber quedado en el olvido las propuestas de dos empresas, una italiana y otra uruguaya, para concentrar la recolección de basura de varios departamentos y convertirla en energía. Es poco y nada lo que el gobierno departamental puede mostrar en más de dos años de gestión, situación crítica que la inacción y las indecisiones auguran agravar en lo que le queda de su período.




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