Empresas - ENTREVISTA
Aporte a lo construido
El socio director de Ferrere, Andrés Cerisola, habla del clima de negocios y del impacto de los "ruidos" del gobierno. Además explica la mudanza de sus oficinas a un edificio de la Ciudad Vieja
Además de estar el frente de Ferrere Abogados –principal unidad de negocios de la firma junto a CPA Ferrere-, el abogado y socio director Andrés Cerisola es docente universitario, está involucrado en la ONG Un Techo para mi País y es vicepresidente de Endeavor. “Son como mis dos corazones paralelos al de Ferrere. En mi trabajo profesional, mis tres amores”, sostuvo. La firma de 500 empleados, que también está en Paraguay y Bolivia, dejará en mayo de 2013 sus oficinas en el World Trade Center para mudarse a un edificio sobre la calle Juncal, proyectado para ella y con un 50% más de espacio del que dispone hoy. Cerisola recibió a C&N y habló de inversión extranjera, qué desafíos enfrenta y el desempeño de su firma.
¿Cómo está el clima de negocios hoy en Uruguay?
Uruguay está viviendo un momento de boom de inversiones extranjeras como no ha visto en muchas décadas. Es una combinación de factores externos con algunos internos. Desde el punto de vista externo, confluyen tres variables: bajas tasas de interés, una muy sostenida demanda por prácticamente todo lo que nosotros producimos de parte de Asia y un momento en el cual los fondos de inversión están muy líquidos pero tienen pocas oportunidades de inversión en EEUU y Europa. Hay una serie de situaciones de contexto interno que hacen que ese muy buen contexto a nivel internacional, sin precedentes, enganche con un país que en muchos aspectos es atractivo para inversores que están dispuestos a tomar el riesgo emergente.
¿Cómo lee el inversor extranjero que S&P y Moody’s hayan devuelto el grado inversor a Uruguay?
Es un dato muy importante para los inversores en valores públicos. Para lo que es inversión extranjera directa, es un dato más, importante. Por sí solo no atraería la inversión pero le da una tranquilidad adicional al inversor. Es más importante la percepción de que es macroeconómicamente estable, que la regulación no está demasiado influida por la política, que va a recibir un trato justo y equitativo, que hay un tratado de protección de la inversión firmado con el país de donde vienen esos capitales y la estabilidad del sistema político, en la cual Uruguay destaca en América Latina, aunque en estos últimos meses hemos tenido algunos tropezones que no ayudan a los indecisos a tomar la decisión.
¿A cuáles se refiere?
Sobre todo al ruido interno entre fracciones del gobierno. El ruido político gobierno-oposición no corre inversores. Si reciben del gobierno un mensaje uniforme y unificado, no se sienten preocupados porque la oposición critique al gobierno. Pero cuando empieza a haber mucho fraccionamiento dentro del gobierno –y eso ha pasado en estos últimos meses- ahí empieza a hacerle ruido porque tiene esa sensación de que nadie le está diciendo con claridad a lo que se va a atener, aunque sea en el periodo de gobierno. Cuando hablo de estos ruidos, son matices que hacen que sobre todo los casos dudosos generan una duda adicional.
¿Cuán desarrollada está la llegada a Uruguay de fondos de private equity y de venture capital?
Son dos modalidades distintas y está distintamente desarrollado. Venture capital son fondos que vienen a desarrollar empresas en etapa temprana de desarrollo. Son muy aislados los casos en Uruguay. El caso de los fondos de private equity es diferente. Ahí sí están habiendo un número creciente de inversiones y además la tendencia es a que van a seguir creciendo y mi predicción para lo que queda del 2012 y 2013 van a ser entre los principales inversores extranjeros en Uruguay, en un momento en que los bancos –sobre todo europeos- se están retrayendo del financiamiento de proyectos. La peculiaridad que tiene un fondo de private equity es que no compra una empresa con la perspectiva de quedársela indefinidamente sino para volverla a vender en un plazo de cuatro a siete años.
“Uruguay es un país donde el tema sindical es complicado y disuade a algunos inversores de entrar”, dijo en una entrevista. ¿Algunos inversores han decidido no apostar a Uruguay por un tema de conflictividad laboral?
Sí, claro. No quiero decir que la situación laboral haga que los inversores no quieran venir. Es obvio que hay inversores viniendo, pero sí hay inversiones que se pierden por la perspectiva de dificultades en el mercado laboral. Dificultades sindicales y también por el pequeño tamaño de nuestro mercado laboral que hace que donde alguien necesite contratar un número importante de personas con cierta calificación, el Uruguay no puede suministrarlo.
¿Es un problema la calificación de los recursos humanos?
Sí. Uruguay podría recibir mucha mayor inversión extranjera y también los uruguayos podrían recibir salarios muchísimo mayores si tuviéramos un nivel de capacitación de los recursos humanos mejor del que tenemos. Hay sectores de la actividad que pagan muy buenos salarios y que no tienen oferta de recursos humanos, y en contraposición puede haber gente que gana sueldos muy bajos o estar desempleados. Esa falta de encuentro es un drama espantoso porque se podría solucionar muy fácilmente el problema de la desigualdad social si pudiéramos lograr –y no digo que sea fácil- que las personas que tienen empleas pobremente remunerados tuvieran la capacitación para poder aspirar a los empleos altamente remunerados. El problema de la educación en Uruguay es grande y hace que haya inversores que vengan a Uruguay, miren el país, vean la disponibilidad de recursos humanos y resuelvan irse.
¿A qué respondió la apertura de oficinas en Paraguay y Bolivia?
Esa expansión fue iniciativa de nuestro fundador, Daniel Ferrrere, que en cierto momento vio que Uruguay era un país de tres millones y medio de habitantes y que para una firma como la nuestra, hay desafíos para los que en algún momento el mercado empieza a ser chico. Daniel vio la posibilidad de ir a jurisdicciones donde el mercado legal está menos sofisticado en términos de metodología profesional y llevar algo que en esos mercados todavía no había. Nuestra estrategia no es y no va a ser ir a los mercados grandes. Queremos ir a mercados donde nuestra presencia hace una diferencia importante.
¿Qué supuso asumir el liderazgo de la firma después del fallecimiento de Daniel Ferrere?
Tomé el liderazgo un año antes del accidente en el que murió Daniel, así que tuve la oportunidad de tener una transición. Fue un desafío muy grande porque no me había preparado para tomar esta posición y originalmente no la quería tener. Fue uno de los cambios más difíciles y mayores en mi vida. No traté de ser Daniel. Lo admiré mucho, empecé a trabajar con él cuando era estudiante y aprendí prácticamente todo lo que sé sobre ser abogado de él, pero somos animales muy diferentes. No traté de imitarlo sino de construir sobre lo que él había construido de acuerdo a lo que es mi personalidad.
¿Por qué la mudanza a la Ciudad Vieja?
Responde a razones anecdóticas y estratégicas. Hicimos un contrato a 10 años cuando vinimos a World Trade Center. En 2013 nos llegaba el momento de renovarlo y también, dado que estábamos necesitados de alquilar dos o tres pisos más, buscar espacio adicional. No pudimos entendernos con las personas que eran propietarias de nuestras oficinas, que además eran muchas, por lo que no negociamos nunca con una sola persona. Uno de los aprendizajes que saco de esto es que tenemos que tratar de negociar con un dueño y no con un pool de dueños en la medida de lo posible. No obstante la buena voluntad de los líderes del WTC -que me consta tenían mucho interés en que nosotros nos quedáramos- no llegamos a ese acuerdo.
Desde el punto de vista estratégico, estamos yéndonos a un edificio de última generación con una calidad de construcción como no existe prácticamente en Uruguay con un 50% más de espacio del que tenemos hoy. Además, vamos a poder hacer un layout de la oficina en función de cómo es una firma profesional en 2012, que es muy distinto de cómo era una firma profesional en 2001, cuando tomamos la decisión de que teníamos que mudarnos a oficinas nuevas.




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