Nacional - PERICIA
Homicida de El Pinar tiene rasgos de una personalidad psicopática
No se arrepienten, disfrutan hacer el mal y les importa lo material
Se victimiza, lloriquea, dice que está arrepentido. “Todo esto forma parte de un discurso que no conmueve”, dice la psiquiatra forense, Ivonne Rilo, en el informe pericial del hombre procesado por el triple asesinato en El Pinar.
“Frío, intenta justificar lo ocurrido con temas disímiles”, continúa el informe recogido en el auto de procesamiento del juez Juvenal Javier. La pericia afirma que se trata de una persona violenta, con rasgos paranoicos (pensamientos persecutorios) e insensible. La psiquiatra concluye que el asesino tiene un trastorno de personalidad psicopático, también llamado trastorno antisocial de la personalidad, una psicopatía que no lo hace menos consciente de sus actos ni menos responsable. Es, por lo tanto, imputable.
Personas como este empresario de 44 años que asesinó a puñaladas a su esposa, a su hijo de 14 meses y a su suegra, el domingo pasado en El Pinar, generan ante los psiquiatras forenses “odio a la raza humana”, según confesó a El Observador uno de estos especialistas ya retirado que prefirió mantener su nombre en reserva.
El profesional señaló que individuos como J.D.C., no solo no se arrepienten de lo que hacen sino que, además, intentan atenuar su pena, simulando un crimen pasional. En su caso, afirmó que se quiso suicidar luego del asesinato, y aseguró que nunca quiso a su hijo, lo cual sería propio de una patología que no padece.
El psiquiatra explicó que es probable que en este caso, por la forma de matar, el hombre tenga un trastorno antisocial de la personalidad de tipo sádico, o al menos con rasgos sádicos. Eso es lo que evoca el breve testimonio de la suegra del asesino, que antes de morir repitió tres veces: “Es un monstruo”. Sádico es el que disfruta haciendo sufrir al otro, anulándolo como persona.
No se tratan
Entre 2% y 3% de la población uruguaya tiene un trastorno antisocial de personalidad, definido por el reconocido manual DSM
–de trastornos mentales– a partir de siete rasgos característicos (ver Patología). El trastorno alcanza a hasta 50% de la población carcelaria.
Excepto que cometan un delito o sufran una descompensación, son personas que no recurren a un especialista. “Están de acuerdo con su forma de ser, no lo consideran una enfermedad”, explicó el experto. Y, aunque lo hicieran, las posibilidades terapéuticas son bajas. Cuando mucho se logra atenuar ciertos rasgos, pero la sustancia de la estructura de la personalidad tiene raíz en componentes psicológicos, sociales y biológicos profundos. A menudo sufrieron “privaciones afectivas” o “negligencia de los padres”, señaló el psiquiatra consultado.
El trastorno no les hace sufrir, pero sí a los que los rodean. Porque si bien en principio consiguen ocultar su personalidad (y suelen ser muy seductores), “a la larga muestran la hilacha”. Al percibirlo, quienes están cerca intentan alejarse. A veces, como en el caso de El Pinar, ya es tarde. “Si viven en un cantegril, van a ser rapiñeros. Si son de clase alta llegan a ser ladrones de guante blanco o políticos, usando sus privilegios para aprovecharse o hacerse millonarios. Lo más preciado para ellos es lo material. Todo lo que hacen tiene un interés de por medio, no hay fines altruistas”, afirmó el experto.
De todas formas, la mayoría no comete homicidios y menos con características brutales. El trastorno tiene su expresión más frecuente en actos reprobables e inmorales.




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