Nacional - EDUCACIÓN SUPERIOR
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Las bajas ubicaciones en los rankings internacionales revelan problemas de fondo
Es posible que para muchos uruguayos que aun recuerdan las épocas doradas de la educación nacional pueda resultar sorpresivo, sino decepcionante, que las universidades de países como Perú, Venezuela, Ecuador o Costa Rica sean consideradas mejores que las de Uruguay. Incluso la Universidad de la República (Udelar) es superada por centros de estudio de provincias argentinas. Así lo indica la reciente estadística realizada por la entidad Quacquarelli Symonds (QS), una de las compañías con mayor prestigio en el mundo en este campo, según la revista norteamericana U.S. News.
Sin embargo, que la Udelar haya quedado en el puesto 79 del ranking de universidades latinoamericanas y que las privadas nacionales se encuentren por debajo del número 100, no es tan imprevisto si se tiene en cuenta que la proporción de ingresos y egresos a la universidad es de 4 a 1 y, por ejemplo, que en la Facultad de ingeniería solo el 6,4% de los estudiantes lograron alcanzar niveles suficientes en la prueba de la Herramienta Diagnóstica al Ingreso (HDI). En otro ranking de gran prestigio publicado esta semana, el de Universidad Jiao Tong de Shanghái, las universidades uruguayas no figuran entre las 500 primeras del mundo, como tampoco en la medición de QS.
La situación de Latinoamérica a nivel mundial, sin embargo, no es tampoco venturosa, por más que Brasil ubicara en esta clasificación 65 universidades entre las 250 primeras de la región y que todas las chilenas se encontraran en los primeros quince puestos. Si se las compara en el contexto internacional, la primera de América Latina, la Universidad de San Pablo, se encuentra en el lugar 169 y la segunda, la Pontificia Universidad Católica de Chile, en el puesto 250.
Para Nicolás Betancur, politólogo especialista en políticas educativas de la Udelar, la sorpresa no es que estos países, entre ellos Uruguay, estén lejos de los del primer mundo sino que “lo sorpresivo sería que fuera a la inversa, y que con poca tradición, con bajo financiamiento, en medio de sociedades con enormes problemas sociales y económicos, y en países que son productores de materias primas se encontraran universidades de punta”.
No obstante, los problemas que pueda tener el sistema universitario, señaló Pablo Landoni, Director del Programa de Estudios en Educación Superior de la Universidad Católica (UCU), en coincidencia con el resto de los entrevistados, el ranking de QS presenta falencias metodológicas importantes, porque mide muy pocos aspectos. Esos son: la opinión de académicos y de los empleadores, la cantidad de docentes en relación a sus estudiantes, la cantidad de profesores con doctorado, las publicaciones, las citas y la página web.
Otro matiz que este tipo de clasificaciones no tienen en cuenta, señaló Betancur, es la diferencia entre los centros de estudio que tienen un acceso libre e irrestricto, lo que conlleva tasas altas de deserción, y aquellos con criterios de selectividad muy exigentes.
Rony Corbo, coordinador del área de Educación Superior del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), señaló, por otro lado, que le parece “increíble” lo bien ranqueadas que están las universidades chilenas “cuando vemos en los medios de comunicación el problema que tienen“ y criticó que no se tome en cuenta la importancia dada a la extensión universitaria en Argentina y en Uruguay.
Sin embargo, señaló Landoni, el “termómetro imperfecto” de los rankings son un índice relevante en algunos aspectos.
En principio, Uruguay tiene pocos parámetros de medición más allá de estas clasificaciones porque dispone de muy poca información estadística por parte de las universidades y, fundamentalmente, porque carece de una agencia de promoción y acreditación de la calidad terciaria y superior en el país, pese a que hace dos años se envió al Parlamento un proyecto de ley para su creación. “Uruguay es el único país de Latinoamérica que no tiene una agencia de estas características”, indicó Corbo.
Deserción y estancamiento
Uno de los problemas evidentes a los que se enfrenta la universidad y que suele ser motivo habitual de queja es el bajo nivel con el que llegan los estudiantes a la educación terciaria y que trae aparejado, además, un alto índice de deserción.
De acuerdo al Instituto internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe de la Unesco (IELSAC) la eficiencia de titulación, es decir de titulados sobre los que ingresan, es de las más bajas de la región con 28%, mientras que en Brasil, por ejemplo, es del 60,7%. A esto se suma el lento tránsito educativo.
El rector de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), Eduardo Casarotti, manifestó a El Observador que la “crisis” de la educación, centrada en la enseñanza media, representa un “cuello de botella para el desarrollo del país”. Además, informó que la UCU modificará los currículos de sus carreras y cambiará los trabajos finales en algunas orientaciones, algo ya realizado por la Udelar para favorecer el egreso de estudiantes.
No obstante, el problema de la educación secundaria también se revela en la poca cantidad de estudiantes que llegan a la universidad por los altos niveles de fracaso en la etapa previa (que en algunas modalidades representa más de la cuarta parte del alumnado) y que redunda en una tasa de cobertura en educación superior que ronda el 30%, de acuerdo a Betancur.
“Si Uruguay quiere ingresar en la economía del conocimiento debería tener por los menos el 70% de su población en la educación superior”, señaló Casarotti.
Al respecto, Lucía Gutiérrez. consejera directiva de la FEUU, apuntó a la necesidad de crear un sistema nacional que articule la universidad con las otras instancias educativas.
Para Jorge Grünberg, rector de la Universidad ORT, teniendo en cuenta la demografía del país es de extrema necesidad incorporar más alumnos, lo que implica hacer ingresar más estudiantes de los quintiles más pobres de la sociedad uruguaya, que son quienes más se ven relegados de la educación superior.
“La paradoja del sistema universitario latinoamericano es que tiene un discurso abundante de apertura y de gratuidad, pero sin embargo los sistemas universitarios que no son gratuitos como los países asiáticos y europeos terminan siendo mucho más equitativos. En Uruguay para el 20% más pobre de la población la posibilidad de terminar una carrera universitaria es la misma que la de entrar a la selección (de fútbol)”, expresó.
Agustín Iturralde, Secretario General de la CGU, destacó que “la universidad del pueblo es una fantasía”. Citó, al respecto, el informe del HDI de la Facultad de Ingeniería, que indica, por ejemplo, que la suficiencia en la prueba diagnóstica de los alumnos provenientes de liceos públicos de las capitales departamentales del interior fue del 2,6%, mientras que se incrementó al 23,1% de los que provenían de colegios privados de las mismas ciudades. El estudio menciona, además, que “los estudiantes que avanzan en la carrera al ritmo previsto pertenecen a determinados quintiles socio-culturales y viven en determinados barrios de Montevideo”.
Por otro lado, en 2008 un estudio elaborado por el Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) señalaba que el gasto público destinado a la Udelar era “regresivo”, debido a que el 47,8% del presupuesto de la universidad beneficiaba a la población del quintil más rico, mientras que solo el 1,6% del presupuesto era destinado al sector más pobre y el 6,1% al segundo quintil más pobre.
No obstante, Corbo indicó la importancia del Fondo de Solidaridad, la implementación del programa de Respaldo al Aprendizaje (Progresa) y sostuvo que el MEC está trabajando en el fortalecimiento del sistema de becas. “Creo que en Uruguay la democratización de la educación superior es de las mejores de los países de la región”, estipuló.
El rector de la Udelar, Rodrigo Arocena, destacó que aunque la graduación viene creciendo más lentamente de lo que quisieran, este tipo de procesos hay que mirarlos a largo plazo. “Durante los últimos quince años la graduación en la Udelar creció más de 70% y en 2011, por primera vez en su historia, otorgó más de 5.000 títulos de grado, a los que hay que sumar unos 1.100 títulos intermedios y unos 600 de posgrado”, indicó.
Falta de investigación
Otros de los problemas que quedaron evidencia en el ranking QS es el referente a la insuficiente producción científica de las universidades nacionales y a la escasa cantidad de profesores con título de doctorado.
Pese a que en la Udelar se concentra el 80% de los investigadores del país, la universidad pública recibió el puesto 130 en el apartado referente a producción científica de la citada clasificación, punto en el que las universidades privadas han obtenido peores resultados. El problema, señaló Grünberg, es que estas instituciones vuelcan todo lo que cobran a la enseñanza. “Investigar es un bien público y por lo tanto tiene que financiarse con fondos públicos, pero en Uruguay estos se distribuyen en una abrumadora mayoría a las instituciones públicas, aunque los últimos años esto empezó a cambiar un poco gracias a la creación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII)”, sostuvo.
Grünberg destacó que lo que convirtió a las universidades estadounidenses después de la segunda guerra mundial en las mejores del mundo fue la política de asignación de fondos competitivos para la investigación, de acuerdo a la excelencia demostrada por las universidades, fueran estas públicas o privadas. Sin embargo, para Corbo el sistema uruguayo prevé que las centros privados se autofinancien. “No creo que sea culpa del Estado la situación en que están. No me parece un argumento válido para que la investigación científica no sea motivo de más preocupación” replicó.
No obstante, la financiación desde el espectro privado, apuntó Landoni, es improbable en Uruguay, donde no existe ni una cultura ni una dinámica empresarial, y sostuvo que el principal drama que tiene el sector privado es que dispone de una regulación que lo encorseta, por ejemplo, en cuanto a los posgrados. La ligazón entre el mundo de la empresa y la academia es otro escollo a subsanar al parecer de Grünberg: “La sociedad uruguaya no valora a las empresas ni al empresario”, indicó
Con respecto a los doctorados, el rector de la Universidad de Montevideo (UM), Santiago Pérez del Castillo, sostuvo que todavía son pocos que se imparten en el país, principalmente por “cuestiones de mercado, de valoración social de la profesión, de escasa tradición de una carrera académica full time y de emigración de doctores por los bajos sueldos del país”.
De acuerdo al Anuario de Educación de 2010 solo el 16,7% de los graduados provienen de postgrados. Mientras que en países como Brasil y México estos programas comenzaron en la década de los sesenta, en Uruguay recién lo hicieron a finales de los ochenta, indicó Betancur.
Al respecto, de forma reciente la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) recomendó a los países de la zona incrementar en un 2,8% su inversión en investigación y desarrollo en los próximos nueve años, ya que en países como Uruguay, Perú y Ecuador esta representa entre el 0,15% y el 0,50% del PIB.
Pese a que parte del problema universitario uruguayo viene de la baja cantidad de estudiantes, la Udelar, que concentra al 85% de los alumnos de educación superior del país, padece su masividad. El gobierno ha tendido a algunas iniciativas para paliar este problema, como los proyectos de la creación de una Universidad Tecnológica, y de un Instituto Universitario de Enseñanza, ambos en el Parlamento.
Por otro lado, Arocena destacó el miércoles en una columna en Unoticias sobre la multiplicación de la oferta educativa en el interior, y aseguró que a mediados de esta década “estarán funcionando a pleno” los Centros Universitarios Regionales del Noroeste, Norte y Este, mientras que se trabaja para desarrollar los del Sudoeste y Centro.
El aumento de presupuesto es otro de los puntos delicados, porque por más que el gobierno determinó la asignación del 4,5% del PIB para la Educación, del dinero que recibirá la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y la Udelar para 2013 el 77,5 % será para pagar salarios y no para el desarrollo académico. Recientemente la Universidad pública solicitó un aumento de $179.200.000 por el crecimiento de la actividad universitaria en el interior.
No obstante los múltiples problemas, las universidades uruguayas revelan altos índices de empleabilidad. Tanto la UM como la ORT revelaron entre un 97% y un 98% de inserción laboral. Y Arocena indicó que más de la mitad de los estudiantes ya está trabajando al momento de graduarse en actividades vinculadas con sus carreras.




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