Espectáculos - CINE
El nuevo Vengador: Los mejores futuros eran los de antes
La idea orginal de El vengador del futuro está en un cuento de 1966, Podemos recordarlo todo por usted, de Philip K. Dick. De las dos versiones en cine, la de este año, de Len Wiseman, es muy inferior que la de 1990.
Cada época tiene sus miedos y esperanzas, que son canalizados a través de sus expresiones. En general, la forma en que cada tiempo imagina su futuro suele ser un buen indicador de ello.
La semana pasada se estrenó en Uruguay El vengador del futuro (Total Recall), dirigida por Len Wiseman, responsable de la saga Underworld. Presentada como un blockbuster de ciencia ficción, ha sido muy esperada por los fans de la versión homónima estrenada en 1990 de la mano de Paul Veroheven, padre de otros filmes de culto como Robocop o Starship Troopers.
Tanto la versión de 1990 como la de este año parten (porque no se puede decir que sean una adaptación) del cuento Podemos recordarlo todo por usted, publicado por primera vez en 1966 por Philip K. Dick, el gran escritor de ciencia ficción e inspirador de películas como Blade Runner, Minority Report o The Adjustmen Bureau.
Caminos distintos
Se dice que las comparaciones son odiosas, pero se sabe que a veces son necesarias.
Aunque fueron estrenadas con 22 años de diferencia, las dos películas parten de la misma premisa. Douglas Quail (antaño interpretado por Arnold Schwarzenegger y ahora por Colin Farrell) es un obrero casado con una atractiva mujer que, hastiado por la aplastante rutina, sueña con hacer “algo más” con su vida.
Ante la imposibilidad de provocar el cambio, decide acudir a Recall, una empresa que injerta recuerdos elegidos por el cliente y que, aparentemente, no se diferencian en nada de los reales.
De todas las opciones que ofrece Recall, Doug se decanta por la de ‘espía’, pero con la primera fase de tratamiento, y antes del implante, reaparece una serie de recuerdos que habían sido borrados y que, precisamente, le hacen tomar consciencia de que un tiempo atrás había sido precisamente eso: un agente secreto.
Las dos versiones de El vengador del futuro, tanto la de 1990 como la de 2012, se desarrollan en un futuro donde un gobierno abusivo reprime a parte de una población subalterna defendida por un grupo de rebeldes. En ambas, después del incidente, Douglas Quail vuelve a ser el valiente Hauser, un soldado de élite del gobierno que se pasó a la resistencia por amor.
Lo que cambia sustancialmente y empieza a dar cuenta de los tiempos que han dado a luz a estas películas, es su contexto. En el filme de 1990, los rebeldes quieren tomar el legítimo control de una colonia marciana. En el actual, son unos ‘terroristas’ que quieren liberar ‘La Colonia’, un territorio situado en Asia, y que vive bajo el yugo de la opulenta sociedad occidental representada por la capital del Reino Unido.
En una, los desheredados reflejan el temor al desastre nuclear tras la catástrofe de Chernobyl en 1986. En otra, la doctrina del terror es utilizada por el gobierno para controlar a la población, tal como sucedió después del 11S.
A medida que avanzan las tramas, las diferencias se van haciendo más manifiestas. En el primer Vengador del futuro, la humanidad estaba empezando a habitar Marte en una ciudad encapsulada, y en ella los mutantes vivían apartados en barrios llenos de delincuencia y prostitución.
En el segundo, ciudades superpobladas se yerguen en varios niveles por encima de un suelo inhabitable a causa de la contaminación. En este remake, los pobres viven hacinados -también rodeados de ‘vicio’- en ciudades que recuerdan a las de Blade Runner. Para ir a trabajar, muchos de ellos tienen que cruzar el planeta a través de unos túneles que conectan el centro de la riqueza con su periferia.
Esta es quizás la diferencia (argumental) más decepcionante: Hauser no va a Marte a hacer la revolución, sino que simplemente viaja de Asia a Londres.
Rojo contra azul
Cada futuro imaginado tiene el aspecto de quien lo imagina. La prueba está en el contraste visual de estas dos películas: la preponderancia de tonos rojos de la primera versión, en contra de las tonalidades azules y grises de la de este año, simbolizan lo que se puede esperar de las historias que tiñen.
El vengador del futuro de Veroheven ha permanecido en el recuerdo de sus espectadores por su impacto visual, sus excesos y su aire entre divertido y bizarro. Los mutantes deformes (mención especial merece aquella mujer que no paraba de exhibir sus tres pechos), las matanzas indiscriminadas que remiten al gore más festivo e ingenuo, o las escenas cargadas de erotismo, marcaron a toda una generación.
No obstante, la nueva versión se presenta encorsetada hasta la asepsia, y como cabe esperar de su director, el alud de espejitos de colores digitales arrinconan una trama que -aunque en su predecesora tampoco brilló por su profundidad- queda relegada a justificar las constantes escenas de acción.
Esta remake, que inicia la sucesión de escenas trepidantes desde el primer momento, solo se conecta a la historia original en lo justo y necesario para mantener la trama. Aunque eso sí, hace unos cuantos homenajes a momentos o personajes míticos de El vengador del futuro de los años noventa, que resultan divertidos para aquellos que los están esperando.




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