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Gandini, un poco loco
Está “jugado” a ser intendente de Montevideo
Dijo la palabra “sueño” una decena de veces y, tal vez, no haya sido tan exagerado. Porque pretender convertirse en el segundo intendente blanco en la historia de Montevideo y hacerlo después de más de dos décadas de predominio del Frente Amplio se parece bastante a una quimera.
Pero el diputado Jorge Gandini (Alianza Nacional) advierte que ya está “jugado”, que no tiene retorno y que será candidato a la comuna en las elecciones municipales de 2015 aunque le digan que está “un poco loco” al asumir el desafío.
Los más optimistas le dicen que está agarrando un hierro caliente así que de los pesimistas no es necesario hablar. Sin embargo, el parlamentario ya tiene el respaldo de su líder, Jorge Larrañaga, y del presidente del directorio blanco y precandidato de Unidad Nacional, Luis Alberto Heber.
Y pretende convencer a gente de todos los partidos y no descarta alianzas de ningún tipo si ese el precio para sacar a la izquierda del gobierno montevideano.
El jueves 16 en un salón de fiestas de la calle 19 de abril del Prado, Gandini habló ante decenas de empresarios que pagaron US$ 200 dólares para escucharlo contar, entre otras cosas, que nació en el barrio Aires Puros, que se crió en Brazo Oriental y que se conoce casi todas “las cortadas” de Montevideo. “Soy medio tachero”, aseguró.
Hasta que se demuestre lo contrario, Gandini aparece como el único dirigente opositor capaz de hacerle roncha a la izquierda montevideana.
Tanto es así que en el Frente Amplio admiten que el parlamentario está trabajando “mucho y muy bien” en el Palacio Legislativo y que está recorriendo los barrios con dedicación.
“Es el único opositor que se fijó un norte y que está trabajando con ese objetivo. Para nosotros, en Montevideo es un político de temer”, dijo a El Observador un operador de la izquierda.
Otro dirigente del FA consideró que el diputado ha hecho lo suficiente como para convertirse en un “referente” de la oposición al gobierno departamental de Ana Olivera.
Gandini orienta la lista 250 pero en pocos días lanzará el movimiento “Montevideo, se puede” que aspira a nuclear a militantes de todos los sectores del partido y a quienes quieran llegar desde afuera del lema.
Para Gandini, buena parte del secreto de una gestión comunal pasa por saber equilibrar intereses que parecen menores pero que terminan lastimando la convivencia si no son valorados a tiempo y en su justa medida. “Es simple: los jóvenes quieren bailar y los viejos quieren dormir”, puso como ejemplo de esos encontronazos cotidianos. ¿Y qué va a hacer con ADEOM, el combativo sindicato municipal que ni los propios frenteamplistas pueden domar?
“Los trabajadores municipales tienen una muy baja autoestima porque la gente tiene una mala imagen de ellos. Eso también es algo a solucionar. Porque los gremios públicos a veces no tienen razón pero a veces sí”, sostuvo.
Gandini también sueña con una ciudad sin contenedores –“capaz que no es posible, veremos…”- en donde la basura sea reciclada sin necesidad de carritos tirados por caballos.
“Yo estuve tomando mate con muchos hurgadores para empezar a hablar sobre este asunto”, le dijo a los empresarios.
G
andini también considera imprescindible “recuperar la rambla como paseo de todos los vecinos”. “Me acuerdo cuando íbamos con mi familia en un cachilito. Hoy la rambla se ha transformado en una autopista porque las calles paralelas están saturadas”, sostuvo. Aclaró que casi todo sueño necesita de procesos largos para ser concretado. Por eso inicia el camino hacia la intendencia tan temprano. Para eso y “para despejar la sospecha de que los políticos aparecen en los barrios nada más que durante la campaña electoral”
“Sí, hay que estar un poco loco para encarar estos desafíos”, dice Gandini y sigue soñando despierto con llevar a su partido a un lugar que casi siempre le ha resultado esquivo y al que solo pudo llegar de la mano de Daniel Fernández Crespo en 1958. Aquel modesto maestro pudo ser electo intendente pese a no ser un tipo simpático ni un orador destacado. “Serio, de apariencia formal, su éxito tuvo como ejes fundamentales dos aspectos: la confianza que generaba en el potencial votante, y un discurso escorado a la izquierda, de corte obrerista, no demasiado frecuente en el Herrerismo”, recuerda el historiador Lincoln Maiztegui Casas. Casi sesenta años después, Gandini aspira a repetir la hazaña o, por lo menos, a obligar al Frente Amplio a postular algo mejor que una heladera para quedarse en el palacio municipal.
Hacia adelante lo espera, tal vez, algún correligionario que tenga las mismas aspiraciones, conversaciones arduas con los colorados para saber si es conveniente un candidato común a ambos partidos y, fundamentalmente, el arraigo ya tradicional del Frente Amplio en la capital. Pero, quien sabe, en una de esas Gandini se encuentra con una de esas “cortadas” montevideanas que tanto conoce y termina entrando por la puerta grande de 18 de julio y Ejido.




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