Nacional - REFORMA DEL ESTADO
Mujica: muchos estatales hacen "demasiado poco"
El presidente dijo que sólo el 40% de los funcionarios “hacen todo” y por eso busca cambios. También opinan expertos y un sindicalista
Las últimas dos semanas el gobierno enfrentó una fuerte conflictividad sindical producto de algunos cambios que propone en el Estado. El presidente José Mujica, en diálogo con El Observador, se mostró crítico de los funcionarios, pero dijo que la clave para el desarrollo país está en que el Estado empiece a funcionar bien.
“Un país de desarrollo medio como nosotros, por más que incentive –y lo debe hacer– la actividad privada para tratar de multiplicar la riqueza, necesita un Estado vigoroso en su funcionamiento general porque es parte del costo país, de la marcha país”, dijo el presidente.
“Si queremos tener un Estado tenemos que ser mejores. Nos cuesta porque hemos generado una cultura. Hay un 30% o 40% de trabajadores del Estado que lo hacen todo. Muchos otros que hacen demasiado poco. No se puede poner todo en la misma bolsa, pero cómo nos conviene que funcione bien”, declaró el mandatario.
El presidente explica las resistencias a los cambios en el conservadurismo de la sociedad. “En este país todo lo que sea cambio cuesta. Somos un país de viejos”, señaló.
La próxima semana el presidente pretende mandar al Parlamento el proyecto de ley que cambia el estatuto del funcionario público. “Algunos piensan que la reforma del Estado es cambiar el dibujo, pero si no se cambia el contenido es bravo”, agregó.
“El debate no es más o menos Estado”
Por Ruben Correa Freitas- Director de la Oficina Nacional del Servicio Civil durante el segundo gobierno de Sanguinetti
El problema del Estado se planteó con particular énfasis en Uruguay una vez producido el retorno a la democracia en 1985, en que se cuestionó severamente la creciente intervención que se había producido en los cometidos y tareas del Estado a partir de la creación de Entes Autónomos y Servicios Descentralizados.
Pero debemos plantearnos la cuestión de si se trata de reformar la Administración Pública, si se quiere reformar el Estado, o si en cambio se busca reformar la sociedad. En primer lugar, debemos afirmar que el problema de la reforma de la administración pública ha sido superado, como la admite la doctrina contemporánea. Modernamente lo que preocupa es la reforma del Estado y por lo tanto la reforma de la sociedad en su conjunto. Luego de las experiencias de las décadas de los años 60 y 70, con respecto a la “reforma administrativa” en América Latina, puede concluirse que en el siglo XXI la preocupación es lograr una reforma más profunda que no sólo abarca a la administración pública, no sólo se preocupa por el problema de cambiar ministerios, suprimir ministerios o crear otros, o los problemas de procedimiento, sino que se preocupa por algo más profundo que es qué tipo de Estado se necesita.
En segundo lugar, podemos afirmar que la reforma del Estado abarca áreas muy importantes, que se refieren a la organización, estructura y funcionamiento del Estado y a cuánto abarca este en la sociedad. A principios del siglo XX se abandonó el concepto de Estado liberal propio del siglo XIX, cuando era simplemente “Juez y gendarme”. El Estado empezó a tomar para sí una serie de actividades como los servicios públicos de energía eléctrica, agua potable, comunicaciones, transportes, teléfonos; servicios de carácter social como la salud pública, la enseñanza, las jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares; y asimismo, se hizo cargo de determinadas actividades privadas como la bancaria, la industrial o comercial. El Estado asumió roles que eran propios de la actividad privada. El gran debate es cuánto debe abarcar el Estado, si debe intervenir en cuestiones propias de los particulares o si no debe dejar mayor ingerencia y libertad a la iniciativa privada.
En cuanto a las críticas sobre el Estado, algunos han querido simplificar el problema entre lo estatal y lo privado, afirmando que la actividad privada es más eficiente que el Estado y que la solución sencilla es la de privatizar a ultranza, volviendo a un Estado “Juez y Gendarme”, como era en el siglo XIX. Pero el problema es mucho más complejo. Primero, porque no es cierto que lo privado sea siempre mejor y más eficiente que lo público. Estamos hartos de ver ineficiencias en los privados.
Segundo, porque no es posible volver atrás en el proceso histórico por el cual el Estado contribuyó en buena medida a lograr desarrollos sociales muy importantes y en consecuencia resulta imposible desconocer o ignorar que hay sectores en los cuales el Estado debe intervenir, allí donde el mercado no quiere o no desea participar.
En realidad no se trata de debatir sobre el “más o menos Estado”, sino que debemos lograr construir un “mejor Estado” y creo que allí está la clave para orientarnos en esta infernal dicotomía entre el Estado y el mercado. En mi concepto, ni lo uno ni lo otro, porque la solución no estará en un estatismo que ahogue y aniquile al individuo y a la libre iniciativa; ni tampoco en un libre mercado, sin restricciones de ninguna naturaleza, que genere diferencias insalvables dentro de la sociedad, provocando graves injusticias y por lo tanto siendo la fuente generadora de conflictos sociales.
Un Estado activo pero moderno
Por Enrique Rubio- Director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto en parte de la presidencia de Tabaré Vázquez
El Estado uruguayo fue vaciado de capacidades en décadas de clientelismo y neoliberalismo. Recibimos un Estado viejo. Los cambios enfrentan inercia institucional e intereses corporativos, pero también suscitan entusiasmo. El Frente Amplio propuso una reforma progresista, para ponerlo al servicio del ciudadano.
El corazón de la reforma ha consistido en adecuar la estructura y la gestión a la realidad del mundo actual y al futuro previsible. Resulta tan conservador querer mantener todo sin cambios como privatizarlo todo.
Es preciso colocar al Estado al servicio de la gente. Debe dirigir su acción a la satisfacción de las necesidades de las mayorías y en especial, de los más vulnerables; al estímulo al país productivo; a la apertura a la participación de la sociedad en las políticas públicas.
El neoliberalismo propone un Estado mínimo; el socialismo de Estado planteó la planificación total de la economía, y un control limitante de las libertades. Ambas experiencias resultaron frustrantes.
No esperamos que una ley o decreto cambie todo de un plumazo. Es un proceso largo que ya está en marcha. Es reforma del Estado la creación del Mides; la reforma tributaria; la jerarquización de los gobiernos departamentales; los consejos de salarios; el Fonasa. Lo es regular el mercado y proteger a los más débiles (ley de defensa de la competencia, y ley de usura) y la consagración de derechos sindicales, sociales y ciudadanos.
Es necesario fortalecer la conducción política, revisar el organigrama, desburocratizar y simplificar los trámites. Se dieron pasos, pero aún queda mucho por hacer.
La sociedad quiere un Estado activo, pero moderno y amigable. Es necesario reformar el Estado, pero también y sobre todo la cultura. Se debe involucrar a los funcionarios y la ciudadanía. Es necesario capacitar. Premiar el buen desempeño y sancionar la desidia y el abuso.
El ingreso por concurso a la función pública ha roto el clientelismo de larga data, y es una profunda reforma en la gestión.
Lo concretado y lo que se encuentra en proceso no agota ni los cambios necesarios ni nuestras ideas. Queda pendiente mucha tarea: repensar al Estado en su estructura y en su gestión. Con responsabilidad e imaginación, sin snobismos ni temores.
La tecnología y el capital humano
Por Conrado Huges-Director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle
Lo que queda en el haber de las reformas que ya se hicieron en gobiernos pasados es lo que tiene que ver más directamente con el Estado como prestador de servicios. Pero en estos últimos gobiernos no se ha hecho nada. Las pocas cosas que son disfrutables tienen que ver con lo que arrastra la tecnología sin que haya mucho mérito del gobierno. Las computadoras prestan funciones tan fantásticas que, por una iniciativa de hace veinte años que se llamó “la historia laboral” y que fue el comienzo de la reforma de la seguridad social, cualquiera hace trámites razonables sobre el anca de un estupendo y moderno sistema de comunicación. Lo que se debe hacer urgentemente es una reforma de la gestión de recursos humanos que tiene que ver con reclutamiento, carreras, ascensos y retribución de los funcionarios.
No se ha hecho nada en ese campo entre otras cosas porque están cada días más presos de un feroz clientelismo. No es razonable que hoy tengamos más empleados públicos que hace treinta años. Y de los funcionarios públicos no se puede evitar hablar si queremos reformar eficazmente la gestión pública.
Por otro lado, tampoco se cubren los servicios públicos esenciales. Y crearon el comisariato del Fonasa sobre la salud privada, a la que le hacen controles absurdos sin lograr mejorar el servicio porque los controladores tienen una concepción cubana de la prestación de servicios.
Lo que hay que controlar es la gestión de las empresas públicas para que mejore la atención a sus clientes. Tiene que haber un buen reclutamiento, una buena retribución en función de los resultados y hay que limitar el manejo sindical. En las dependencias públicas los usuarios deberíamos tener la posibilidad de tener un libro de quejas como existe en un comercio o en un hotel.
No hay reforma del Estado si no se habla de los destinatarios de los servicios. Las empresas que están en régimen de competencia por lo menos tienen algún acicate –como el caso de la telefonía celular– pero el resto están paralizadas en esa inacción que debería preocuparnos mucho más de lo que nos preocupa.
Apoyo político y de los empleados
Por Daniel Mesa - Exsubdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto
La transformación del Estado es un complejo sistema de procesos de reforma que abarcan el campo institucional, el organizacional y de recursos humanos, el presupuestal y el de la gestión pública. El primer paso es definir los objetivos de la reforma y el Estado debe ser funcional al logro de esos resultados. En el primer gobierno del Frente Amplio los objetivos fueron el desarrollo nacional y la creciente democratización del Estado.
Los procesos básicos de trasformación democrática del Estado son la modernización y la reestructura organizativa y de puestos de trabajo de sus organismos
Las herramientas básicas de modernización de la gestión son:
-Los compromisos de gestión, acuerdos entre jerarcas y trabajadores acerca de las metas a lograr y los recursos necesarios para ello.
- El gobierno electrónico, la comunicación interna del gobierno por internet ahorra tiempo para el ciudadano. A la vez permite un canal para opinar y proponer.
-El sistema de concesión de obras públicas, la participación público privada debe producir la evaluación financiera y social de cada proyecto, habilitando el financiamiento necesario, sin endeudar al fisco, contra el pago por el uso de la infraestructura construida.
-El presupuesto basado en resultados.
Para determinar el personal necesario en cantidad y calidad se sigue un proceso ordenado de división del trabajo. Se determinan los objetivos, los procesos de producción para obtener el conjunto de bienes y servicios que permitan alcanzarlos. El resultado de la división del trabajo es una estructura organizativa y de los puestos de trabajo necesarios, definidos por las tareas que se desarrollan en cada uno.
Para instrumentar un proceso de transformación de esta naturaleza el Estado debe contar con: Sistemas de información adecuados; fortaleza institucional en los organismos a reformar; funcionarios altamente capacitados; y una estrategia claramente definida para alcanzarla. El apoyo sin restricciones del Presidente de la República y sus ministros; y la participación en el proceso de los trabajadores del Estado y de la sociedad en su conjunto.
“No hay ninguna reforma estructural”
Por Joselo López - Secretario general de COFE
Nosotros creemos que acá no hay ninguna reforma estructural del Estado. Lo que hay es un planteo de reforma administrativa donde fundamentalmente la dirección que le está dando el Poder Ejecutivo es en el marco del Estatuto del Funcionario Público. Siempre hemos pregonado por una reforma realmente estructural, que apunte a ver como se procesa un gran plan de obra pública, una política económica que pueda redistribuir de manera más equitativa la riqueza. En ese marco el movimiento sindical tiene varios planteos para hacer.
Por ejemplo en las compras públicas o en tener un ente efectivo para lo que era el frigorífico nacional, o la profundización del sistema nacional de salud. Con las compras del Estado se podría generar un dinamismo en el mercado interno que generara mucho más trabajo, por ejemplo en el tema de los uniformes, para dinamizar la industria nacional. Este gobierno quiere implantar una concepción donde el funcionario público puede ser movible de acuerdo a los períodos de gobierno y nosotros por supuesto que no compartimos nada de eso. No es cierto que hayan permanente palos en la rueda. Creo que todo es negociable. Nosotros queremos fundamentalmente preservar las conquistas que hemos conseguido a lo largo de los años, que no son privilegios. Y donde haya una estabilidad laboral importante en gran parte del Estado y donde haya mecanismos para poder desprenderse del funcionario, si es que no cumple con las reglamentaciones.




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