Opinión - CARTA DEL DIRECTOR
El poder y el periodismo
“El periodismo es una presencia maldita para los gobernantes, salvo que difunda lo que el poder necesita que se difunda", dijo el periodista argentino Morales Solá
Ayer por la mañana me puse a ordenar el disco duro de mi computadora, muy cargado de archivos viejos. En medio de la operación limpieza, que fue bastante exhaustiva ya que llegué hasta el año 2008, encontré dos artículos viejos que hacían referencia a la misión del periodismo. Qué casualidad. Este asunto me ha rondado por la cabeza estos últimos días. Así que antes de mandarlos a la papelera y oprimir el botón de vaciar, me dio por leerlos. Encontré algunos argumentos que me pareció oportuno compartir con los lectores de El Observador.
El más viejo se titula “La misión del periodismo”. Es un editorial de La Nación del 17 de febrero de 2008. Explica con gran claridad la constitución del Estado de Derecho, un proceso que duró siglos. Expresa, obviamente, la importancia de la separación de poderes y el establecimiento de las garantías individuales. Destaca entre ellas la libertad de expresión y el derecho a la información. El texto elogia la tarea del periodismo independiente: “El periodismo es, simplemente, una expresión de libertad nacida del seno de la propia sociedad independiente y abierta a la búsqueda de la verdad y del progreso y, en todo caso, al alumbramiento de las corrientes de opinión pública necesarias para el crecimiento y la dignificación de la democracia”. Refiriéndose a la situación que vivía Argentina en 2008, prosigue: “Lamentablemente, los hechos cotidianos demuestran que en algunas esferas de la dirigencia política e institucional continúa prevaleciendo, en más de un caso, una completa incomprensión acerca de lo que significa la misión del periodismo independiente.
Desde encumbrados despachos oficiales se ha insistido muchas veces, en las últimas décadas, en la entronización de metodologías lesivas o desdorosas para el normal desarrollo de las actividades del periodismo independiente. La manipulación indebida de ciertas noticias o informaciones en beneficio exclusivo de determinados medios y en perjuicio de otros, la tendencia a presionar o intimidar por diferentes vías a los profesionales del periodismo, y el manejo malicioso y discriminatorio de los recursos que proporciona en determinados casos la publicidad oficial son sólo algunos de los recursos que se suelen utilizar, tanto en el ámbito nacional como en las jurisdicciones provinciales o municipales, con la intención evidente de impedir que el periodismo cumpla su misión con libertad, con eficacia y sin tropiezos”.
Un poco más adelante reconoce los propios errores y hasta mala fe: “Desde luego, no siempre los periodistas logran desprenderse de su propia subjetividad y hasta es posible que actúen, en ocasiones, con torpeza o deshonestidad. Pero el ciudadano de a pie tiene la libertad de elegir entre las múltiples voces que se le ofrecen. Puede dejar de leer o comprar un diario, puede cambiar el canal de televisión o la emisora radiofónica que está sintonizando. Sea como sea, la experiencia internacional enseña que allí donde el periodismo independiente encuentra dificultades para desenvolver plenamente su actividad, allí donde la información es regulada u obstaculizada con malas artes por quienes ejercen el poder político, se va consolidando, tarde o temprano, un sistema de opresión inconciliable con el respeto a los derechos individuales y a las libertades públicas”.
Hasta aquí el editorial de La Nación. La segunda columna que rescaté estaba escrita por el periodista argentino Joaquín Morales Solá y fechada el 28 de agosto de 2009, poco después de la derrota del gobierno de los Kirchner en la elecciones legislativas de mitad de período. El artículo, menos doctrinal pero más atado a la realidad del momento, se titulaba “El periodismo, una presencia maldita”. Me pareció muy fuerte. Estaba motivado por las palabras de la presidenta Fernández de Kirchner en un acto político en Plaza de Mayo donde había vapuleado a los medios y a los periodistas independientes (u opositores según su visión). Dice Morales Solá: “el periodismo es una presencia maldita para los gobernantes, salvo que difunda lo que el poder necesita que se difunda. Esa sería la mejor receta para lograr la defunción de la prensa, pero ¿no es eso, en última instancia, lo que están buscando?”.
Los dos archivos fueron a la papelera y desaparecieron de mi computadora. Luego me arrepentí. Ambos textos mantienen su vigencia en muchos países de América Latina. Afortunadamente, aún se los puede consultar en el archivo digital de La Nación, en la sección de Opinión.




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