Mundo - ELECCIONES
La carrera tras las convenciones en EEUU
A pesar de las variaciones en las preferencias, todo parece ahora volver a su sitio
Pasadas las convenciones partidarias, la campaña presidencial en EEUU entra en su recta final, en una elección pareja y con un alto porcentaje de indecisos. Dos meses que serán competidos y donde los candidatos deberán luchar cada sufragio, cada estado y cada voto en el Colegio Electoral.
Las convenciones aportaron lo suyo a cada partido; pero en el balance general, parecen haber dejado las cosas igual a como estaban antes de su celebración.
Si bien las bruscas fluctuaciones en la intención de voto muestran gran volatilidad entre ese sector de indecisos que habrá de inclinar el fiel de la balanza el 6 de noviembre, hubo momentos, imágenes e ideas en las convenciones que podrían sumar al inconsciente de futuras decisiones al momento de votar.
En la Convención Demócrata, celebrada en Charlotte, la idea fue mostrar la unión de un partido detrás de la figura de un presidente que no las ha tenido todas consigo. La defensa de la clase media, de los preceptos del liberalismo de centroizquierda y de la diversidad más amplia enmarcaron la gran idea subyacente en el discurso de Barack Obama: que el arduo camino recorrido estos cuatro años conduce a un estadio mejor.
El emotivo discurso de Michelle Obama, donde habló de la importancia de dar oportunidad a todos por igual, describió a su marido como un hombre sencillo, compasivo y trabajador, a quien el éxito no ha cambiado. El discurso del expresidente Bill Clinton, defendiendo la reforma de salud de Obama como instrumento para ampliar la cobertura médica a millones de estadounidenses sin seguro. El del propio Obama cuando habló de su visión: “la nuestra, esa que creó la clase media más grande del mundo”. Y la presencia de varios políticos latinos en el podio, como el alcalde de San Antonio, Julián Castro, y el de Los Angeles, Antonio Villaraigosa. Todo configuró un gran metamensaje sobre la necesidad de generar condiciones para los más desprotegidos y “los diferentes” (a quienes el Estado debe ayudar, según el relato demócrata), poniendo tierra de por medio con el individualismo republicano. Y como telón de fondo, la sugestiva banda sonora de Bruce Springsteen, “Nos hacemos cargo de los nuestros”.
La Convención Republicana, en Tampa una semana antes, no fue tan rica ni tan diversa en imágenes. Pero parece haber tocado base con buena parte de esos indecisos, que le dieron al candidato Mitt Romney un repunte no menor en las encuestas. Allí la retórica giró entorno a las bondades del sistema norteamericano de libre empresa, del carácter emprendedor de los estadounidenses, y a los perjuicios de un Estado desmedido y costoso. Condoleezza Rice hablando de reconstruir la economía mediante el estímulo del sector privado y la pequeña empresa. El compañero de fórmula de Romney, Paul Ryan, y su llamado a reducir el déficit fiscal y la deuda pública. Y el propio Romney y su exaltación del éxito individual: “En EEUU celebramos el éxito, nosotros no nos disculpamos por el éxito”. El mensaje central allí era la “excepcionalidad americana”, el tema preferido de los conservadores en lo político y liberales en lo económico, que apunta a un sueño americano del pequeño negocio y el sacrificio personal, sin esperar más del Estado que bajos impuestos.
El otro objetivo en Tampa era “humanizar” a Romney ante las críticas que ha recibido por su excesiva frialdad y sus dificultades para conectar con los sentimientos de los votantes. Su esposa, Ann Romney, hablando de su “profundo amor por el hombre que conocí en un baile” y el propio candidato luego contando la historia de su padre, que todos los días le regalaba una flor a su madre, crearon el ambiente para lograr el objetivo.
El número cómico que protagonizó el actor Clint Eastwood —en el que se atrevió a ridiculizar a Obama— monopolizó por unos días la atención de una prensa exageradamente escandalizada. Los votantes, en cambio, parecen haber estado mirando lo otro. Y luego de la convención, Romney logró acortar la diferencia de cuatro puntos que lo separaban de Obama en las encuestas e igualarlo en la intención de voto, quedando ambos en un virtual empate.
El extraordinario discurso con que Obama cerró la convención en Charlotte hacía suponer que su rebote en los sondeos sería aun mayor que el de Romney. Era de esperar una recuperación de entre seis y ocho puntos. Pero al presidente se le atragantaron las cifras del desempleo, que sigue pasándole una costosa factura con los indecisos; y según las primeras encuestas levantadas tras la convención, solo parece haber recuperado el terreno perdido. Habrá que esperar a que se complete la tanda de sondeos entre lunes y martes, pero todo parece indicar que están otra vez a cuatro puntos, con Obama a la cabeza.
En lo que hace a votos electorales los llamados “estados bisagra”, que pueden cambiar el rumbo de una elección (como Florida, Ohio, Michigan y Virginia), permanecen todos en empate técnico.




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