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- EDUCACION

Un tiro a la “isla” del barrio

Tras el tiroteo, la escuela 178 volvió a funcionar, pero el miedo sigue

Gonzalo Charquero - 25.04.2012, hs
Tiroteo en una escuela del barrio Borro

Facundo tiene 10 años y, como puede ocurrirle a cualquier niño de su edad, el jueves de la semana pasada no tuvo ganas de almorzar. Pero su estómago no estaba cerrado por capricho. El niño, que concurre de la escuela 178 ubicada en la zona del Borro, presenció ese día junto a sus compañeros de clase un tiroteo dentro del lugar donde todas las mañanas van a formarse para el futuro.

Tras la suspensión de clases el día viernes por el incidente y sin la presencia del patrullero que prometieron las autoridades, algunos niños de la escuela 178 volvieron ayer a las aulas, aunque otros prefirieron no hacerlo.
“No mamá, yo no entro. Tengo miedo”, dijo Katerine, agarrada del lado exterior del portón de entrada del centro educativo sobre las ocho de la mañana. La niña, como Facundo y otros de sus compañeros, sintieron el jueves una sucesión de disparos mientras estaban escondidos debajo de las mesas de los salones donde estudian todos los días. En el patio de su escuela, ese día, el familiar de un alumno se enfrentó a balazos con un policía, luego de una pelea entre madres por la disputa del negocio de la droga en la zona.
Si bien los enfrentamientos son comunes en un barrio considerado por los propios vecinos “tierra de nadie” y por la Policía como “zona roja”, la escuela estaba, hasta el jueves, aislada de esa realidad.
N
ada volverá a ser lo mismo después del tiroteo. Con esa sensación se quedaron alrededor de 150 padres que concurrieron ayer por la mañana a una reunión con los directores y maestros de la escuela.
El poder del mercado de la droga rompió los “códigos” del barrio y traspasó su frontera para ingresar por primera vez en la escuela de la zona. La lucha por el negocio tuvo como escenario un recreo del complejo educativo del barrio, donde estudian 1.200 niños en seis centros distintos de primaria y educación inicial.

El encuentro entre padres y docentes comenzó a las 8.15 horas y duró 45 minutos. Además de mayor presencia policial, los responsables  reclamaron que los hijos de las mujeres que pelearon sean cambiados de escuela para que sus madres no se vuelvan a cruzar, al menos dentro del local de estudios. Las autoridades impedirán de ahora en más el ingreso de familiares a la escuela.

El Ministerio del Interior y el Consejo de Primaria prometieron el jueves –según declaró ese día a la prensa el presidente de ese organismo de la ANEP, Héctor Florit– la presencia de un patrullero durante el horario de entrada. El móvil no estuvo presente a las ocho de la mañana, cuando los niños empiezan su jornada de estudios, según constató El Observador.
Los escolares, que esperaron en un salón apartado el fin de la reunión de “los grandes”, retomarían luego las clases. Sin embargo, no todos ingresaron ayer a las aulas. Más de 20 padres retiraron a sus hijos de la escuela por sentir inseguridad en el centro. “Mirá si voy a dejar a mi hijo acá. El ambiente está rarísimo”, dijo Natalia, madre de una alumna de tercer año y de otra de sexto.

Los compañeros de uno de los hijos de la madre que generó el incidente tampoco tuvieron clase. Su maestra faltó ayer y los escolares debieron volver a su casa, dijeron a El Observador funcionarios del centro educativo.
E
n esta escuela, ubicada en el límite de la Unidad Casavalle y el barrio Los Palomares, la tensión y el miedo acompañan ahora a cada escolar.
Las dos madres conflictivas, que integran grupos rivales en la zona, tenían antecedentes de enfrentamientos. Ese día se insultaron y una de ellas le pegó un “puntazo” con una tijera a la otra, tras discutir sobre las zonas de comercialización de la droga, dijeron a El Observador fuentes policiales. La pelea empezó después de que sus hijos se tomaron a golpes durante una disputa casual en el recreo. Como si fueran alumnas, las madres terminaron en la dirección. Allí una de las mujeres tomó una tijera e hizo un corte en el brazo de la otra. Fue tras ese hecho que un familiar de una de las señoras subió al techo de la escuela, disparó y se enfrentó a tiros con un policía. Según dijeron testigos, se escucharon cuatro balazos.

Cuando llegó el apoyo para el único policía del lugar, el hombre huyó por el mismo lugar que accedió al predio. La persona no entró a la escuela por el portón principal. El terreno tiene un muro caído que permite el acceso. Los maestros y funcionarios señalan que por allí “entra el que quiere” e incluso es utilizado por los niños para irse a su casa antes de finalizar el horario escolar. 
El enfrentamiento con la Policía terminó, pero los disparos continuaron en los alrededores de la escuela entre bandas rivales del barrio. Las madres que se pelearon ya se conocían y, según dijeron vecinos, cada una integra una familia “pesada”.
“Acá nadie dice nada porque si abrís la boca cada una te aparece con una banda de gente atrás”, dijo a El Observador la madre de una alumna.
La Policía reconoce el ocultamiento de información como un problema para aclarar los casos y sabe que los delincuentes tienen “códigos” para encubrirse, reconoció el vocero de la Jefatura de Policía de Montevideo, José Luis Rondán.
A pesar de esos códigos, la Policía realizó una investigación en la zona y comprobó antecedentes de enfrentamientos de las mujeres, dijeron a El Observador fuentes de la comisaría 17, que tiene jurisdicción en el barrio. Los vecinos aseguran que las disputas entre las dos familias tienen más de 20 años.  La madre que pegó el puntazo con la tijera concurrió ayer a la escuela y también dialogó con la directora, aunque no estuvo en la reunión con el resto de los padres.
“Esto parece tranquilo, por ahora. En cualquier momento se pudre todo porque en el barrio están todo el día a los tiros”, dijo un funcionario de la escuela.
La aparición de la mujer y su historia en el barrio tienen en alerta al resto de los padres, aunque guarden silencio y mantengan los “códigos” de silencio con los que se criaron. En un barrio donde el sonido de los disparos es moneda corriente hay algo que parece estar claro para los vecinos: la calma siempre es endeble. 