- Editorial
Ni necesario ni oportuno
Mientras espera alguna gentileza comercial retributiva del régimen Kirchner, nuestro gobierno optó por adelantarse a oficializar el acuerdo de intercambio de información financiera con Argentina
Mientras espera alguna gentileza comercial retributiva del régimen Kirchner, nuestro gobierno optó por adelantarse a oficializar el acuerdo de intercambio de información financiera con Argentina. Ni era necesario ni el momento era el más oportuno. La decisión, por otra parte, refleja políticas irreconciliables entre apertura económica y creciente bilateralidad con Brasil, por un lado, y, por otro, insistencia en un Mercosur de fantasía con Argentina, pese a que su cerco proteccionista ha terminado de liquidarlo.
Lo más rescatable del acuerdo que acaba de firmarse es haber logrado que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner depusiera su insistencia en que fuera retroactivo, para llevar hacia el pasado sus controles tributarios sobre inversores argentinos en nuestro país. El texto final es el menos inconveniente para Uruguay, al asegurar que tampoco habrá doble tributación. Y al no ser retroactivo, el gobierno argentino recién podrá pedir informaciones a partir de 2013 siempre que los parlamentos ratifiquen el acuerdo antes de fin de año. Esta situación aporta algo de tranquilidad a los inversores argentinos, especialmente los instalados desde hace años en emprendimientos productivos en el agro y el sector inmobiliario.
Pero razones de peso cuestionan la decisión de firmar el acuerdo ahora.
La principal es que no ha coincidido con el levantamiento de las restricciones comerciales, pese a que nuestro gobierno había condicionado la firma a una simultánea atenuación de las trabas al ingreso de bienes y servicios uruguayos. Lo único recibido del régimen K a cambio de esta marcha atrás fue la promesa oral de no cortarnos el suministro invernal de gas aunque escasee en Argentina. Y en nueve años de kirchnerismo Uruguay ha acumulado una triste experiencia sobre la frágil confiabilidad de las promesas argentinas.
En ausencia de inmediata reciprocidad argentina en el área comercial, el acuerdo era innecesario en estos momentos. El intercambio de información financiera con Argentina ha sido parte de la presión de la OCDE sobre Uruguay. Pero a raíz de la arbitraria expropiación de YPF-Repsol el gobierno vecino se ha desacreditado agudamente en el mundo desarrollado. Las principales potencias, que dominan en la OCDE, amenazan a Argentina con represalias o han censurado duramente la expropiación. En ese ambiente es improbable que dicho organismo de las naciones más ricas del mundo presionara demasiado en ayudar al cuestionado kirchnerismo contra Uruguay.
Es inconveniente, además, la insistencia del gobierno en un Mercosur que no existe, reiterada por el canciller Luis Almagro al defender la presencia argentina. Es Argentina quien se apartó del Mercosur con su modelo de desarrollo proteccionista. No condice con la declarada intención gubernamental de abrirse al mundo y de los estrechos lazos bilaterales con Brasil, acordados hace pocos días por el presidente José Mujica con Dilma Rousseff. El gobierno debe definirse con claridad entre una verdadera política de apertura, reiteradamente anunciada y que incluya acuerdos por fuera del Mercosur, o seguir esperando la carroza rioplatense en aras de un regionalismo ficticio. De lo contrario continuará navegando entre dos aguas, curso indeciso de estancamiento que actúa en desmedro del desarrollo.


