- Editorial
Más protesta que ideología
El triunfo de François Hollande en Francia y otros resultados electorales en la Unión Europea representan protestas populares contra el impacto de la crisis económica y financiera más que vuelcos ideológicos de los votantes.
El triunfo de François Hollande en Francia y otros resultados electorales en la Unión Europea representan protestas populares contra el impacto de la crisis económica y financiera más que vuelcos ideológicos de los votantes. Pero la derrota electoral del presidente francés Nicolas Sarkozy conlleva el profundo significado de cambiar sustancialmente el eje Merkel-Sarkozy que llevaba el timoneo del tembladeral en que se debaten las mayores economías de la UE. No sorprendió a nadie el retorno de los socialistas al gobierno después de 17 años en la oposición. Todas las encuestas previas al balotaje del domingo anticipaban la ventaja de casi cuatro puntos lograda por Hollande.
Pero el recambio presidencial francés difícilmente solucione las dificultades de la segunda potencia continental europea, abrumada por el desempleo, un resistido ajuste fiscal severo intentado por Sarkozy y la pérdida del preciado grado AAA de confiabilidad de su deuda pública, al menos por una agencia calificadora hasta ahora. Si Hollande opta por una probable política expansiva del gasto público para reactivar la economía y crear empleos, chocará frontalmente con el estricto ajuste del cinturón fiscal que propugna Merkel y que es rechazado, a veces en violentas manifestaciones callejeras, por los millones de desempleados y otros descontentos a lo largo y ancho de Europa.
En los primeros años de la crisis su manejo estuvo a cargo del dúo Merkozy. Pero Francia fue perdiendo peso al agravarse sus problemas internos, dejando a Merkel el liderazgo en forma creciente. Alemania se ha convertido en la nación de mayor solidez y poderío económico de Europa. En medio de un continente con alto desempleo, es la única nación que importa mano de obra calificada. Esta condición, sin embargo, no le alcanzará a Merkel para imponer su receta de austeridad fiscal, camino lógico para que la UE levante cabeza algún día, pero rechazado por poblaciones para las que la aguda caída de sus niveles de vida es más importante que las fluctuaciones electorales hacia la izquierda o la derecha.
España, abrumada por un desempleo de 25%, expulsó esperanzadamente al gobierno socialista del PSOE y reinstaló al conservador Partido Popular, que ya enfrenta resistencias masivas por sus intentos de saneamiento fiscal. En Gran Bretaña el termómetro ciudadano castigó a la coalición gobernante de los partidos Conservador y Liberal Demócrata a favor de la izquierda laborista en elecciones para 181 concejos municipales. En la tambaleante Grecia los votantes golpearon por igual el domingo a los dos partidos principales, el socialista Pasok y el conservador Nueva Democracia, en protesta por el duro ajuste fiscal impuesto por el gobierno por exigencia de la UE, como condición para seguir apuntalando su tambaleante economía y permitirle continuar en la zona del euro.
El panorama electoral europeo no reconoce ideologías y confirma que a la gente le importa más su calidad de vida y tener trabajo que el color político de quien la gobierna. El problema es que, además de no ayudar a salir de la crisis, se pone en peligro la sustentabilidad del euro, que está en el corazón del proyecto europeo. El tiempo dirá si Hollande está a la altura de las circunstancias. Por ahora no parece: llegó a la Presidencia porque los embrollos amorosos de Straus-Kahn lo apartaron de una carrera que estaba ganando con holgura, tanto contra Hollande como contra Sarkozy. A Hollande le corresponde demostrar que hay algo de mérito en su llegada al Elíseo.


