Nuevos acentos: los extranjeros que viven en el país

La actual ola migratoria hacia Uruguay proviene de países regionales o atípicos
El 31 de diciembre de 2012 fue la primera vez que Marjorie vio el "tremendo mar marrón", como le llama al río de la Plata. Durante nueve años trabajó en Venezuela como funcionaria del gobierno del expresidente Hugo Chávez, hasta que las políticas que comenzaban a aplicarse en su país la hicieron pensar en un cambio. "Voy a trabajar duro para que ustedes estén bien", le dijo a su hijo mayor en su apartamento al norte del país caribeño, que todavía conserva. A las 6 de la mañana de aquel fin de año, Marjorie aterrizó con su hija menor en Montevideo, una ciudad que solo conocía de nombre y en la que nunca se le pasó por la cabeza vivir.

Es casi un dicho popular que Uruguay se formó a partir de aquellos que bajaron de los barcos. La tendencia de recibir personas que venían del exterior –principalmente Europa– a "hacer la América" se mantuvo hasta mediados del siglo pasado. Pero a partir de la década de 1950, la migración dio un giro: aquel país formado básicamente por extranjeros comenzó a expulsar a sus compatriotas, que decidían emigrar por razones económicas, sociales y políticas. Desde ese momento, el Uruguay "expulsor" fue la regla durante décadas, al punto que más de medio millón de charrúas están desperdigados por el mundo.

Cancillería preside la Junta Nacional de Migración, encargada de la elaboración de políticas pensadas para los migrantes e integrada por Presidencia, La Dirección Nacional de Migración, el Ministerio de Trabajo y de Desarrollo Social.

En los últimos años la situación comenzó a cambiar nuevamente y, como Marjorie, otros miles de extranjeros llegaron, y lo siguen haciendo, aunque no de los mismos lugares que lo hicieron aquellos viajeros del 1900. ¿De dónde vienen? A partir de 2010, cientos de dominicanos, venezolanos, cubanos, peruanos y colombianos empezaron a elegir Uruguay para probar suerte. Pero no solo ellos. Si bien es en menor proporción, también se ha constatado el ingreso de personas provenientes de África,
manifestaron a El Observador integrantes de la ONG Ida y Vueltas, que trabaja con inmigrantes.

67% residencias fueron concedidas entre las presentadas en los últimos dos años, según el último informe de cancillería. Otro 33% todavía están pendientes y solo 20 fueron negadas.

Eso significa que "la composición de la inmigración extranjera está cambiando", explicó a El Observador Victoria Prieto, socióloga y demógrafa del Programa de Población de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. "Es una excelente noticia que estemos recibiendo nuevos orígenes, que se suman a la histórica inmigración de los países limítrofes y renueva el ya envejecido contingente de europeos", agregó. De todas formas, el saldo migratorio del año pasado fue negativo, aunque este año la tendencia parece revertirse.

Si bien todavía es pronto para hablar de un Uruguay "receptor", sí se puede afirmar que hay una tendencia a que más extranjeros opten por vivir en el país, según indicó a El Observador la antropóloga Pilar Uriarte.

Dentro de esos africanos que llegan a un país tan diferente a los de su continente, está Umar, un joven de 24 años proveniente de Sierra Leona. Hace dos años, Umar se subió a un barco con personas de China, Singapur y Filipinas y llegó al puerto de Montevideo. Las cifras de ingresos de personas a Uruguay indican que en 2014 fue la única persona proveniente de ese país de África que pisó suelo nacional.

15.074 residencias otorgó entre 2011 y setiembre de 2016 por Migración. A su vez, Cancillería otorgó más de 13.000 en dos años a familiares de uruguayos, ciudadanos del Mercosur y Estados asociados.

En ese entonces el español de Umar era nulo y Luis Suárez y Edison Cavani eran su único conocimiento sobre estas tierras. Dos años después, trabaja en un restaurante como cocinero, pudo irse a vivir solo y ayuda a que otros inmigrantes se integren a la comunidad.

Algo similar le sucedió a Marjorie, que no solo logró que su hijo pudiera venir e instalarse con su familia, sino que en tan solo algunos meses pudo trabajar en la moda, su pasión y algo que no llegó a hacer en Venezuela.

Más vulnerables

Los casos de Marjorie y Umar no son la regla. Un estudio realizado por investigadores del Programa de Población de la facultad de Ciencias Sociales, entre las que se encuentra Pietro, señala que quienes inmigran tienen "una desventaja sistemática en el acceso al empleo" y "mayor riesgo de sobrecalificación y de informalidad".De hecho, 38% de los inmigrantes recientes se concentran en empleos de baja calificación y la tasa de desempleo es de 8,46% para los varones y 18,4% para las mujeres, según datos de la Encuesta Continua de Hogares a 2015.

Para los no migrantes, el desempleo hasta el año pasado se ubicaba en 5,29% en varones y 8,4% en mujeres. Además, estadísticamente la mayoría de quienes eligen Uruguay como nuevo destino para vivir, tienen mayor formación que la media de los nativos.

La vulnerabilidad de los recién llegados hace que acepten cualquier trabajo con tal de poder tener qué comer y dónde dormir. Rinche Rodenburg, presidenta de la ONG Ida y Vueltas, indicó que "no se permiten el tiempo de buscar un buen empleo y se meten en el primero", lo que hace muy difícil que puedan progresar. Es por eso que terminan en empleos que los uruguayos no quieren.

Ante ese panorama, ¿por qué siguen llegando extranjeros? Para responder esa pregunta, el Ministerio de Relaciones Exteriores empezó a consultar a quienes solicitaban la residencia cuáles eran los motivos de su llegada. Las respuestas se dividieron en cuatro: consideran que Uruguay es un país seguro y tranquilo, que el acceso a la salud es bueno, la educación gratuita, y por la existencia de Consejos de Salarios. Así lo manifestó a El Observador el embajador Jorge Muiño, director general para Asuntos Consulares y Vinculación.

"La selección de Uruguay puede ser accidental o voluntaria. Hay muchos aspectos positivos que quizá los que vivimos acá no nos damos cuenta", dijo. Hace dos días, Muiño firmó la residencia número 13.100 y todavía hay 6.000 en trámite. Al tratarse de cancillería corresponde a personas hijas de uruguayos, de países del Mercosur, Estados asociados y la Unión Europea. Para el resto de las nacionalidades y las residencias temporales, quien la otorga es la Dirección Nacional de Migración (DNM), del Ministerio del Interior. Entre 2011 y setiembre de 2016 la DNM concendió 15.074 residencias, de las cuales 2.368 correspondieron a lo que va de este año. Los argentinos fueron quienes más solicitaron la residencia, seguidos por extranjeros de Estados Unidos y Perú, según las cifras a las que accedió El Observador. Por su parte, de las más de 600 residencias concedidas a dominicanos, 523 se otorgaron solamente en 2016.

Muiño remarcó que para Cancillería, la inmigración es "desarrollo, multicultura, diversidad, crecimiento y una forma de que el país se enriquezca".

Para Umar, la palabra "inmigración" significó una nueva oportunidad y, tan solo dos años después de haberse bajado de aquel barco, considera que Uruguay es "su país". Marjorie, dice tener el corazón a la mitad: "una parte está acá, la otra sigue en Venezuela".

Políticas que todavía falta conocer

Aunque Rinche Roodenburg llegó a Uruguay desde Holanda en 1985, se niega a perder su acento. "Yo el acento no me lo saco, me juega a favor", dice. Para Roodenburg, la discriminan "positivamente" por ser europea.

Esa "discriminación positiva" mencionada por Roodenburg era ley a fines del siglo XIX. Si bien el objetivo de Uruguay era industrializar el país y para eso necesitaba de personas del extranjero, la legislación de la época prohibía "la inmigración de asiáticos y africanos". A principios de la década de 1900, Uruguay habilitó el ingreso de personas que vinieran del Líbano y Armenia, pero la política migratoria siguió siendo restrictiva hasta 1936, donde se terminó con esas normativas.

Actualmente, la legislación con respecto a los extranjeros "protege al inmigrante y consagra la igualdad de derechos entre inmigrantes y uruguayos", dijo a El Observador la socióloga y demógrafa del Programa de Población de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, Victoria Prieto.

De todos modos, Prieto señaló como preocupante que, a nivel general, no se conozca que los inmigrantes cuentan con esos derechos. "Esto es algo que muy poca gente sabe fuera de la órbita de los servicios públicos de salud, seguridad social, identificación civil o de los puestos fronterizos. Quienes trabajan desde la sociedad civil con las personas migrantes señalan con mucha preocupación el gran desconocimiento de esta reglamentación, fundamentalmente entre los empleadores, pero también entre las asociaciones sindicales o entre las asociaciones profesionales", dijo. Agregó que todavía se debe trabajar "en términos de la opinión pública y de cámaras empresariales".

En una línea similar, Rafael Ramil, estudiante avanzado de Antropología e integrante de la ONG Ida y Vueltas, sostuvo que en Uruguay "existe una cuestión de la discriminación natural. Uruguay es un país que discrimina y no tiene conciencia de cuánto discrimina. El uruguayo muestra mucha distancia con los migrantes especialmente con los no europeos", indicó. Según los especialistas, eso se ve especialmente en el ámbito laboral y lleva a que los inmigrantes consigan trabajos de peor calidad y en condiciones más vulnerables.

En 2016 aumentó cantidad de retornos con respecto a 2015

Durante los primeros cuatro meses del año, es decir desde enero a abril, 504 uruguayos que vivían en el exterior volvieron a su país. La cifra es superior a la del mismo período de 2015, donde fueron 400 los que retornaron y pasaron por la oficina de Retorno y Bienvenida del Ministerio de Relaciones Exteriores, según el último informe de esa cartera.

Si bien hubo más uruguayos retornados este año que el anterior, no se compara con la cantidad que volvió desde 2011 a 2014. En total, en cinco años, unos 12 mil compatriotas eligieron reinstalarse en el país y solo en 2012 fueron 3.358.

La mayoría de los retornados (26%) provino de España y casi la mitad eligió volver por motivos económicos. De los 500 que volvieron en los primeros cuatro meses de 2016, 110 tienen entre 31 y 40 años y 96 entre 1 y 13.

A su vez, casi seis de 10 de los que volvieron están casados y 43% tiene secundaria completa.
Al momento de llegar a la oficina de Cancillería, la principal solicitud que realizaron fue cobertura de salud, seguida de trabajo.

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