Números que valen oro

Escolares fueron reconocidos por participar en Olimpíada de Matemática
Apenas escuchó su nombre, Imanol Arizmendi se lanzó sobre el escenario dando zancadas. Como si quisiera caminar más lento pero la ansiedad no lo dejara. Le dio un beso a la inspectora y enseguida recibió su certificado de oro, con la túnica y la moña puesta, al igual que los otros 231 niños que lograron el medallero en la onceava edición de la Olimpíada de Matemática de Casavalle. No dejaba de mover los pies. Agarraba su título con las dos manos y miraba al auditorio con la sonrisa petrificada en su cara. "Uno se pone nervioso aunque haya participado cinco mil veces. Sentí una mezcla de nervios", contó Imanol a El Observador, ya sentado junto con el resto de los escolares que asistieron a la ceremonia.

Tiene 11 años y a pesar de que su aspecto todavía es infantil, cuando habla suena como un adulto. Hace todo tipo de actividades: básquetbol, música, lee libros y mira películas. Si bien la matemática es solo un aspecto de su vida, es la segunda vez que reconocen su mérito arriba del estrado. El año pasado logró llegar a la medalla de plata, pero este año dio un paso más lejos y ahora, con su segundo título, su mente empieza a volar alto.

"Me gusta resolver los problemas matemáticos pero también me gusta inventar códigos secretos. Vi una película que se llama Código enigma y me empezó a interesar", comentó.

La Olimpíada de Matemática de Casavalle es organizada desde 2006 por el Centro Educativo Los Pinos, una organización que ofrece apoyo a niños y adolescentes de la zona. Si bien la competencia empezó como una actividad para alumnos de escuelas de la zona de Casavalle, en esta edición adhirieron unos 25 mil alumnos de centros educativos públicos de casi todo el país. Después de aplicar pruebas en sus aulas, los maestros seleccionan a cerca de una decena de alumnos, que son los que participan luego de la competencia de forma presencial en Los Pinos. Este año llegaron a la final 1.100 alumnos de 12 departamentos del país, y este martes fueron a buscar su reconocimiento a Casavalle.
La actividad no apunta a los resultados, sino a valorar el proceso que hace el alumno y cómo resolvió el problema, por lo que los números a los que lleguen, si bien son importantes, no son definitorios.

"Estamos viviendo en un mundo en lo que se prioriza es la complejidad. No hay soluciones acabadas para las cosas. La incertidumbre y la complejidad es lo que le toca a estos niños y para hacer frente lo mejor que les podés enseñar es afrontar problemas y resolverlos", explicó a El Observador el fundador y director de la Olimpíada Matemática de Casavalle, Gustavo Bentancor.

El viaje hacia el premio
A medida que Bentancor nombraba a los ganadores de la plata y el oro, los escolares aparecían corriendo desde los costados del escenario. La mayoría no sabía que había llegado tan lejos en la competencia y eso hacía que la emoción se les escapara por los poros. Se vieron cachetes colorados, ojos brillantes y alguna que otra lágrima. Y también asombro, como el caso de Samuel Sánchez, un niño de 10 años que recorrió más de 500 kilómetros para ir a buscar –sin saberlo de antemano- su medalla de oro. Llegó de Rivera en un ómnibus junto con la directora de la escuela 1, a la que asiste, y otros 64 alumnos de varios centros educativos del departamento.

"Me sentí muy emocionado y muy feliz", dijo a El Observador, como sin caer aún en el premio que había conseguido con su esfuerzo. "Esto ayuda a saber a todos , incluso a mí, que estudiando podés llegar muy lejos. Muy lejos", repitió después, con más convicción.

Reconocimiento al número cero
Robert Arizmendi no podía evitar mostrar el orgullo que sintió por Imanol cuando vio que se había destacado en las pruebas. Enseguida se acordó de Dandy Tejera, la maestra que su hijo tuvo en primer año de la escuela 201 de Maroñas, quien le enseñó el porqué de la existencia del número cero. "Desde ahí, Imanol arrancó con todo un rollo que sigue hasta ahora", reconoció su padre.
Los docentes que acompañaron a sus alumnos en la ceremonia parecían hasta más nerviosos que los protagonistas. Cada vez que los escolares bajaban del escenario con sus diplomas en la mano, algunas maestras se avalanchaban sobre ellos y los llenaban de besos.

Sobre el final, quienes subieron al escenario fueron los docentes que acompañaron a los niños a lo largo del proceso de selección. Algunas maestras subieron un rato antes, para recibir el reconocimiento de las escuelas que obtuvieron mejores resultados.
"Toda la comunidad los impulsa", concluyó al bajar del estrado Gabriela Irigoita, maestra de la escuela 10 de Nueva Helvecia que recibió el oro en representación del centro educativo.





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