Nunca hagas pronósticos...

Los errores de previsión en los temporales y en la evolución de la economía pusieron en el ojo de la crítica a meteorólogos y economistas, pero el gobierno también erró
Y menos sobre el futuro", decía el filósofo inglés Samuel Johnson. Quizá es algo que deberían tener en cuenta los meteorólogos, dados sus recientes despistes para dar información adecuada acerca de fenómenos climáticos extremos. Que la alerta debió ser naranja o roja; que debió darse con más anticipación; que en Argentina ya daban la tormenta, dicen los críticos del Inumet, estimulados además por lo que pasó hace pocos días en San Carlos y por la descalificación que sufrió por parte del prosecretario de la Presidencia, Dr. Juan Roballo, un meteorólogo privado de reconocida trayectoria. Por su parte, el Inumet sostiene que hay fenómenos climáticos que son imposibles de pronosticar (lo cual es discutible), que le falta equipamiento adecuado (lo cual es cierto), que hubo error humano al cambiar la alerta (lo cual es injustificable), que carece de presupuesto (lo cual es falso dado que el año pasado no se cubrieron más de 100 cargos presupuestados). En fin, teorías para todos los gustos corrieron en las redes sociales y en las mesas de los bares después de la inesperada "corriente descendente", "turbonada"; "turbón", "zona de baja presión" o como quiera llamarse al fenómeno que ocurrió en la zona costera de Montevideo, Maldonado, y Rocha y que destruyó edificios, automóviles, árboles, etc. Afortunadamente a diferencia de Dolores donde hubo 5 muertos, Piriapólis donde hubo un muerto y San Carlos donde hubo otro, en esta ocasión solo hubo una veintena de heridos. Pero tengamos ya presente que la cuenta de 2016 ha contabilizado en estos episodios 11 muertos.

Por ello, los meteorólogos, públicos y privados, están sujetos a escrutinio severo. Quizá más severo que antes porque ciertamente los pronósticos han mejorado (ya no estamos en aquellas épocas donde se decía jocosamente que un día la bandera blanca que hacía ondear la Dirección de Meteorología para señalar que habría "buen tiempo" se la había llevado un temporal) y en otros países la precisión de los mismos es muy alta y las alertas son muy útiles, así como también la precisión de aplicaciones que llevamos en nuestros celulares como Accuweather o The Weather Channel.

Quienes han caído también en la redada de los pronósticos fallidos son muchos economistas, sobre quienes se ha desatado la ira del partido de gobierno porque habrían pronosticado un dólar de $ 39 para fin de año, cuando resultó estar solo a $ 29. Claro que la mediana de las proyecciones, hechas en marzo cuando el dólar cotizaba a $ 32 pesos, apuntaba a un dólar de
$ 36 a fin de año y a $ 39 solo llegaba un instituto situado a la izquierda del gobierno.

Los economistas saben que sus pronósticos de inflación, PBI, tipo de cambio, etc. no son fáciles de hacer dadas las circunstancias cambiantes del mundo actual. Y por ello toman precauciones y efectúan advertencias en sus pronósticos. Y a pesar de eso yerran, porque la economía, aunque maneje números, no es una disciplina exacta.Curiosamente, esas iras dentro del FA no se aplican a las proyecciones oficiales. En efecto, poco se dice de las proyecciones gubernamentales que tomaron para hacer su Presupuesto quinquenal un crecimiento del 2,5% del PBI para 2016, en el que apenas se llegará al 1%. Y en cuanto a las metas de inflación oficiales, de entre 3% y 7% anual, ya nadie recuerda cuantos años hace que quedan por debajo de la realidad y nadie las toma en serio en sus proyecciones.

También este año han llovido críticas sobre los encuestadores de opinión pública que no pudieron predecir el brexit, el No en el referéndum de la Paz en Colombia y el triunfo de Trump. Rápidamente se sale a descalificar a los encuestadores como si lo hicieran a propósito, cosa ridícula porque los fallos le quitan credibilidad y eso es lo que más cuidan. Lo peor es que junto con las críticas, salen a la luz proyectos de ley para regular o prohibir encuestas, algo muy propio de quienes no entienden su función y desconfían de la libertad.

A todo esto, lo que cabe decir es que la función de meteorólogos, economistas y encuestadores es de suma utilidad para la población siempre que se haga con responsabilidad. Y será el mercado quien vaya descartando los pronósticos de las empresas que fallan sistemáticamente o que no trabajan seriamente. Aún quienes hacen bien su trabajo a veces fallan y no por ello hay que prohibir o denostar a meteorólogos privados, a economistas que consulta el BCU o encuestadoras de opinión pública que difunden sus trabajos, los que luego serán contrastados con la realidad.

Si alguien quiere prohibir estas actividades, lo único que le quedará será acudir al Oráculo de Delfos, cosa que se hacía en el siglo VII A.C. cuando no había encuestas ni pronósticos meteorológicos ni proyecciones económicas.Eso sí, seguramente no será una mejora pero eso es lo que suele ocurrir a los que restringen la libertad y desprecian el honesto trabajo ajeno.

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