Obra sobre Mujica y Topolansky: cuatro aproximaciones a la histeria

La exhibición generó controversia y la aldea se encrespó

El debate sobre la obra, lo que generó la censura y las repercusiones sobre este último tema, exceden –tal vez- este espacio. De manera que abordaré la temática aludida en cuatro ítems, que no necesariamente son los únicos.

1) La libertad

El presidente José Mujica le responde al conferencista José Mujica: "La libertad es libre". El actual senador José Mujica -con alta frecuencia ante los más diferentes auditorios- ha hablado de la libertad y de la necesidad de ejercerla con la mayor amplitud. Una defensa, insiste, de la creatividad.

La exhibición de la obra denominada "Génesis Uruguay", del pintor Julio de Sosa, en la Galería Diana Saravia, en el centro de Montevideo, provocó una reacción de Mujica contradictoria con su discurso y su práctica habitual.

La imagen y la penetración en la opinión pública nacional e internacional del expresidente se deben a que sus opiniones y eventuales "extravagancias" han servido para la propia conformación de su imagen popular.

La imagen de Mujica ha terminado en almohadones, murgas, imitadores, calzoncillos, matrioskas, mates, un bar en Bilbao, marcas de chorizo y hasta una tira de asado. Nada lo ha violentado en su honor. Pero esta obra sí.

¿Y la libertad? El abogado y profesor de derecho penal Diego Camaño dijo a El Observador que "las manifestaciones artísticas o humorísticas nunca pueden constituir el delito de difamación". Y eso "está clarísimo" en el artículo 4º de la ley 18.515 (aprobada en junio de 2009) que modificó el artículo 336 del Código Pena, indicó. "No hay ninguna razón para establecer un mecanismo de censura de parte de la autoridad policial. Y yo creo que ni un juez podría decidir retirar el cuadro, dado que además se puede interpretar que son figuras públicas", sostuvo Camaño.

"¿Dónde está la ofensa? "Es una pajería" la obra, argumentó la senadora Lucía Topolansky al defender el retiro del trabajo de la galería mencionada.

En declaraciones recogidas por radio Monte Carlo el pasado viernes 21, la ministra de Educación y Cultura María Julia Muñoz dijo que la obra es "una expresión artística como otras, y que las expresiones artísticas deben ser libres". La ministra sostuvo que "la creación del artista debe respetarse". "Es una creación artística en la que, más bien, se trató de hacer un homenaje", concluyó la jerarca. El artista Sosa declaró a la CNN lo mismo: un homenaje porque los admira.

2) El producto de esa libertad

"¿Qué le provoca la obra aludida?", se le preguntó al excelente caricaturista Arotxa. El artista respondió: "Nada". En general, el debate se ha centrado en la censura y no en la calidad de la obra. Eso queda para después.

¿Después? Entonces, en el arte, ¿cuál es el límite a la libertad? Pregunta sin respuesta. Lo que parece claro es que cuando uno expone, se expone. Sobre el artista se abre el escrutinio de los que saben sobre arte y de los que no saben.

Lo que es evidente es que la exposición del trabajo de este artista maragato ha generado un gran revuelo. Pero, ¿es por la calidad del trabajo o por el pretexto del trabajo? Seguro que es por lo segundo.

William Faulkner escribió en "Luz de agosto": "Un hombre debe salirse de lo común para poder hacer tanto en la simulación como en cualquier otra cosa (robo o incluso asesinato) un buen trabajo. Debe tender hacia algún objetivo específico y definido, y esforzarse en llegar a ese objetivo".

El objetivo del artista era hacer una buena obra. Su esfuerzo se afirmó en seguir una línea artística –que viene del fondo de los tiempos- de reproducir a las figuras más relevantes de las sociedades; una forma de aumentar la visibilidad de la obra y que alguien pague por ella. (También ha ocurrido que se le pague al artista por retratos o batallas ganadas, nunca perdidas. Eso se verá más adelante). En su casa de Rincón del Cerro, Mujica acumula retratos y dibujos sobre él. Algunos han sido exhibidos por el MPP en una exposición de los regalos recibidos cuando Mujica fue presidente. Y los trabajos en general son pobres artísticamente, pero son una ofrenda al hombre que admiran. ¿Y este? El trabajo se parece más a un ejercicio de taller que a la consecuencia de un trabajo sólido de exploración y consolidación. Pero eso poco importa. Lo que ahora se valora es el pretexto de la obra y no la obra en sí. (Sin embargo digo: el pretexto y la obra no son divisibles; forman y conforman la obra).

3) Los alcahuetes del poder

La galería Diana Saravia queda ubicada en la calle Yi, a 50 metros de la Jefatura de Montevideo. Frente a ella estacionan los autos de oficiales de la policía, esos que un día tienen una matrícula y otro día tienen otra. Si la galería estuviera en la Ciudad Vieja, en la calle Piedras o en Palermo Sur, ¿hubiese ocurrido lo mismo? Me atrevo a decir que no.

La galerista, con buen tino, expuso el cuadro en su única vidriera. Claro: era una exhibición desafiante que conmovería a alguien. Eso buscaba y está bien que lo hiciera. La torpe censura de un comisario –vino una "orden de arriba", es lo que se conoce hasta el cierre de esta nota, lunes 24 de octubre- es hija de algún oficial que tras estacionar su auto vio la obra y enseguida le sonó el botón alcahueteril. Cruzó la calle San José, le contó a otro oficial, este a otro y así la cadena censurial fue subiendo. Quizás a la misma velocidad que un ascenso en la carrera policial.

4) La tendencia a colgarse de los testículos del poder

Es muy viejo esto. No se descubre nada. Los artistas de diversa índole, calidad y profundidad han retratado al poder o sus símbolos. En muchos casos a pedido del que está ejerciendo el poder o por la sencilla razón de quedar bien con el que está sentado en los tronos y en los tronitos. Los han hecho reproduciendo, recreando, inventando o mintiendo. Arte.

Tamañas mentiras que luego –con el paso del tiempo- se transforman en símbolos incuestionables, como sinónimos de la verdad verdadera. Veamos algunos ejemplos. En el año 1497, Da Vinci pintó "La última cena", con Jesús y sus apóstoles. Los pinto 1.500 años después que limpiaran a Jesús. Seguramente se debe haber afirmado en alguna tradición oral, pero ninguna le pudo haber dicho que Jesús y sus camaradas estaban sentados. ¿Por qué? Porque en el año cero no había sillas; comían recostados o acostados. Cuando Da Vinci los pintó si había sillas y entonces, por que negarse a la comodidad, los ubicó en preciosas sillas. Una mentira que se trasmite de año en año, de generación en generación, de milenio en milenio. Pero Da Vinci había construido verosimilitud y así quedó. En el reinado de la censura a los pecados, se instaló la mentira. Para mí que Bergoglio debería renunciar al papado.

Otro caso, más comarcal. Juan Manuel Blanes, por encargo, pintó a José Gervasio Artigas en la puerta de la Ciudadela. Uniforme militar de Blandengue, brazos cruzados, erguido y firme, como buen jefe. Eso fue en 1884, 34 después de haber muerto Artigas en el Paraguay. No había retrato alguno del jefe oriental; solamente existía la única imagen verosímil cuando Artigas está dibujado, debajo de un árbol, ya muy viejo. Ese Artigas inventado por Blanes pero verosímil es el que se exhibe en las escuelas. Un Artigas trucho. Para mí que la ministra María Julia Muñoz debería renunciar a su cargo.

¿Y más acá en el tiempo? Se pone lindo el tema. José Mujica –el mismo del Chorizo del Pepe y el Asado del Pepe- fue protagonista del "Perfume del Pepe".

Martin Sastre es un inquieto artista visual uruguayo. Un día se le ocurrió hacer una obra a partir de lo que le sugería la imagen de Mujica recogiendo flores en su chacra. Hizo una fragancia, la presentó en la Bienal de Venecia y "U From Uruguay", más conocido como "el perfume del Pepe" fue subastado por 50.000 dólares.

Trabajar con la imagen del "Pepe" garpa. En literatura y artes visuales.

En el 2014 –Mujica era presidente todavía- la artista Maria Agustina Fernández Raggio obtuvo el Gran Premio Nacional de Artes Visuales otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura. Había bordado una banda presidencial. La misma artista fue elegida para la Bienal del Arte que aún está en el Palacio Legislativo. Hizo un trabajo –afirmado en cinco pantallas de televisión- sobre los presidentes del Uruguay democrático.


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