Obstinada falta de transparencia

La persistencia del gobierno en intentar disimular lo indisimulable
Un nuevo factor de disidencia surgió en el triunvirato superior del Frente Amplio con las críticas de José Mujica a los argumentos del gobierno sobre los aumentos en las tarifas de los servicios públicos. En declaraciones al programa Perspectiva real de VTV, el expresidente no solo reconoció que el volumen de los aumentos "afecta" a los trabajadores, impacto evidente que el ministro de Economía, Danilo Astori, se ha empeñado en negar. Y si bien aclaró que acompaña que el gobierno del presidente Tabaré Vázquez procure financiación que necesita, advirtió que "lo único que no me gusta es que no se hable claro". La claridad es lo que sigue faltando en las explicaciones públicas de Vázquez y Astori, al tratar de minimizar las consecuencias de la suba de impuestos y de las tarifas en el bolsillo de todos.

Pero nada puede esconderlas, incluyendo recurrir a comparar los aumentos en Uruguay y en Argentina. En un acto la semana pasada, Vázquez argumentó que no ha habido un tarifazo, a diferencia de lo ocurrido en el país vecino, aunque sin nombrarlo, por haber subido las tarifas 10 veces más que en Uruguay. La comparación solo puede llegar a algunos ingenuos desinformados. Mientras bajo los tres gobiernos del Frente Amplio las tarifas han aumentado regularmente todos los años, en Argentina hubo que ajustarlas de golpe después de 12 años de inmovilidad, mantenidas intocadas por el kirchnerismo en derrumbados niveles artificiales bajo subsidio estatal. Y aun con los ajustes, los argentinos pagan hasta cuatro veces menos que los uruguayos por la energía eléctrica. Al igual que con la electricidad, nuestros combustibles son también los más caros de la región.

Fue igualmente cuestionable la posterior afirmación de Astori, refutada por Mujica, de que el 80% de la población no pagará "ni un peso más" que antes de los ajustes fiscales, pese a que los mayores impuestos a la renta y a los pasivos y los aumentos de tarifas reducen el poder adquisitivo de todos y la capacidad operativa de las empresas. Y su anunciada previsión de que los ingresos crecerán "a una velocidad mayor" que la carga tributaria es apenas una esperanza carente por ahora de sustento sólido.

Resulta difícil de entender que el gobierno persista en tratar de disimular lo indisimulable. Es obvio que la administración Vázquez necesita imperiosamente generar recursos financieros para salir del ahogo creado por el dispendioso gasto público y los errores de los dos primeros gobiernos del Frente Amplio, especialmente durante el período de Mujica. Es igualmente notorio que los sucesivos ajustes fiscales limitados impuestos por el gobierno reducen inevitablemente el poder adquisitivo de los salarios y complican el funcionamiento del aparato productivo. Pero dado que, al margen de sus causas, los ajustes eran inevitables, el gobierno se habría prestigiado sincerándose con la población. En vez de este curso, que al menos hubiera mostrado transparencia y respeto a la opinión pública, se optó por esgrimir argumentos que son desmenuzados por la realidad. El resultado de esta actitud equivocada ha sido no solo la protesta de Mujica, de cuya mayoría en la bancada legislativa frenteamplista depende el Poder Ejecutivo para aprobar sus iniciativas. También conduce a que la gente le pierda confianza a un gobierno que pretende disfrazar el trasfondo y las consecuencias de sus medidas. l

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