Ocho cierres de industrias eliminaron 2.500 empleos

Mayoría era intensiva en mano de obra y estaban radicadas en el interior
El cierre definitivo de Fanapel en Juan Lacaze –ratificado esta semana por la empresa– hipotecó cualquier chance para que sus 300 trabajadores encontraran una salida para preservar su empleo. Al menos 2.530 personas de ocho emprendimientos con alta ocupación y predominio del sector fabril perdieron su principal fuente de ingreso en los últimos dos años, algunos ubicados en pequeñas localidades del interior que aún sufren las secuelas sociales y económicas de esas drásticas determinaciones. Hay otras empresas cuyo futuro es aún incierto, pese a la mejora incipiente que muestra la economía uruguaya.

La industria láctea fue una de las primeras en acusar el impacto del desplome en los precios internacionales de sus productos. Ecolat marcó el camino cuando cerró sus puertas en febrero de 2015, dejando sin trabajo a 400 personas en Nueva Helvecia. Cuatro meses después fue el turno de otra empresa del rubro, Schreiber Foods, cuyo cierre implicó la pérdida de 170 puestos de trabajo en la zona de Libertad.

Otro de los sectores más golpeados dentro de la industria es el automotriz. En julio de 2015 cerró la planta de la empresa china-argentina Chery, que contaba con 350 trabajadores. Mientras tanto, Lifan y Nordex, otras dos grandes empresas del rubro, aún batallan para subsistir, con sendos recortes de personal ante el desplome de sus exportaciones a Brasil. Mientras que Lifan despidió a 150 trabajadores y envió a otros 80 a seguro de paro en diciembre de 2016, Nordex derivó al seguro a 170 empleados ante la imposibilidad de exportar su producción de la marca Geely al mercado brasileño.

De todas las grandes empresas que cesaron sus actividades en los últimos años, Fripur es la que dejó a más gente sin trabajo, con 900 empleados despedidos. La empresa bajó la cortina en agosto de 2015. El año pasado se reactivó parte de su actividad a través de la firma canadiense Cooke Aquaculture, que pagó US$ 17 millones para quedarse con los activos de la pesquera, pero solo contrató a 100 trabajadores.

A esas empresas se le suman tres cooperativas de trabajadores que, a pesar de los préstamos del Fondes, terminaron con el mismo destino que el resto de los privados. Tanto la imprenta COEP (ex Pressur) como la textil Cotrapay (ex Paylana) y la aerolínea Alas Uruguay dejaron de operar.
La primera, que contaba con 100 trabajadores, cerró en 2015; la segunda (160 empleados) lo hizo en 2016, al igual que la aerolínea de bandera, a la cual el Fondes le tramitó el concurso (tenía 150 cooperativistas).

Con futuro incierto

En las últimas horas apareció una solución que permitió la reactivación parcial del Molino Dolores, luego que la justicia designara a un síndico que se encargará de la gestión por unos meses, mientras se busca que algún inversor se haga cargo del emprendimiento. La empresa retomará con una plantilla de 120 trabajadores de los 300 que tenía antes de que abandonara su producción industrial en enero.
Otro sector donde persisten la tensión es en la industria láctea. En diálogo con El Observador, el dirigente de la Federación de Trabajadores de la Industria Láctea (Ftil), Jorge Beschizza, se mostró preocupado por la menor ocupación en ese sector producto de la fuerte caída que registró la producción lechera durante la zafra de primavera.

El gremio sigue con atención el futuro de la planta industrial en Salto de Indulacsa –propiedad de la multinacional Lactalis– que tiene una plantilla de 80 trabajadores, ya que la cuenca del norte fue la que más redujo la remisión de leche durante el último año. Esa compañía cuenta con otra planta en la localidad de Cardona (Soriano). La escasez de leche que tendrán las industrias para procesar el próximo otoño e invierno es la "principal amenaza", alertó.

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