Odio terrorista detrás del ataque

La masacre en Orlando y el fallido ataque en un estadio en Francia están enraizados en la amenaza terrorista del extremismo islámico

La masacre en Orlando y el fallido ataque en un estadio de fútbol en Francia el mismo día están enraizados en la amenaza terrorista del extremismo islámico, que el mundo civilizado no logra erradicar. El atentado en Estados Unidos combinó la homofobia de un solitario tirador y el fácil acceso legal a las armas en ese país con su adhesión al Estado Islámico (EI). Pese a que Omar Mateen parece haber actuado por su cuenta, obviamente lo alentó su declarada admiración por esa organización terrorista. Como en tantos tiroteos fatales previos en EEUU, lo ayudó la facilidad para comprar armas de alto poder de fuego.

El presidente Barack Obama fracasó en sus reiterados intentos de imponer controles a la posesión de armas. La razón ha sido el rechazo del opositor Partido Republicano, que domina ambas cámaras del Congreso, a modificar el derecho constitucional de los ciudadanos a armarse, establecido desde la época fundacional del país. El atentado en Orlando incluso desató una ola de masivas compras de armas por particulares atemorizados, en línea con la posición republicana, lo que aleja aun más la perspectiva de que se impongan restricciones más severas.

Se afirmó que Mateen, nacido en EEUU en una familia afgana, actuó por odio a los homosexuales al matar o herir a más de 100 asistentes a una fiesta de personas de esa orientación sexual, en su mayoría de origen latino. Pero es obvia la incidencia del extremismo islámico en su ataque, como él mismo lo afirmó al anunciarlo por teléfono a la Policía minutos antes. El EI lo elogió como su “soldado” al atribuirse la autoría del ataque, pese a que el FBI estima que fue una decisión individual de Mateen. Pero en cualquier caso, constituye una nueva instancia de la atracción que el EI ejerce sobre muchos musulmanes y de su capacidad para realizar o alentar atentados en cualquier parte del mundo. Y ya sea si actuó motivado por su homofobia como si lo hizo por el yihadismo islámico o por ambas cosas, merece el mayor de las condenas por parte del mundo civilizado.

Adicionalmente, el ataque de Mateen amenaza tener un efecto pernicioso en la elección presidencial de noviembre en EEUU. El virtual candidato republicano Donald Trump, con una vergonzosa reacción en las redes sociales, puede ganar votos con su reiterado proyecto de impedir el ingreso de inmigrantes musulmanes y de cercanos países latinos. Las propuestas de este desaforado demagogo, que incluyen planes absurdos como construir un muro en la frontera con México y expulsar a millones de inmigrantes, posiblemente suenen más atrayentes para muchos votantes luego del ataque en Orlando.

Pero la mayor gravedad del atentado no es la posibilidad de que aumente la fortaleza electoral de Trump, que refleje la intolerancia de muchos sectores con personas de diferente orientación sexual o religiosa o que en EEUU se pueda comprar un AR-15 u otras armas de guerra igualmente mortíferas casi como quien compra una camisa. Así Mateen haya actuado por su cuenta o bajo instrucción del EI, es evidencia de la propagación del odio de un sector del islam contra la forma de vida en el mundo civilizado. Las extremas medidas de seguridad en EEUU y países europeos y de otras partes del planeta no han logrado contener que ese odio explote en criminales actos de terrorismo surgidos internamente. Pero es preciso mantenerlas sin alterar en lo posible la vida habitual, que es lo que los terroristas desean: ganar por el miedo una batalla que no pueden ganar por las armas.


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El Observador

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