Oportunidad de menos inflación

Llegar y mantenerla exige medidas perdurables

La baja de la inflación por factores ocasionales y control sobre el dólar le abre al gobierno la oportunidad de aprovechar un resultado coyuntural para darle a ese índice una base estructural sólida. La caída de la inflación anualizada a febrero a 7,09%, casi en el borde superior de la meta oficial por primera vez en más de seis años, se debió a baja de precios en productos de granja por exceso de oferta y a la valorización del peso ante el dólar, que ayuda al precio de los bienes y servicios transables que se comercializan con el exterior. Ambos elementos persistirán probablemente en los próximos meses, dando un respiro a los consumidores. Pero llegar a una inflación más baja y mantenerla exige medidas perdurables, ya que los vaivenes climáticos y del dólar pueden afectar adversamente en cualquier momento el favorable panorama del mes pasado.

El gobierno dispone de medidas idóneas hacia la estabilidad del Índice de Precios al Consumo (IPC), pero que han sido descuidadas en más de una década de su Frente Amplio en el poder. Incluyen mesura y control estricto del gasto público que permitirá moderación en las tarifas de servicios públicos, evitar excesos salariales que aumenten la demanda de bienes y servicios sin la contrapartida de una mayor oferta y una política monetaria que controle el volumen de dinero en circulación, causa de la inflación si se desborda. Cuando hay demasiado dinero a la caza de pocos bienes, la suba de los precios es inevitable.

La administración Vázquez está aplicando algunas de las medidas adecuadas, a diferencia de lo ocurrido con los dos gobiernos frenteamplistas anteriores. El gasto público se disparó en esos años, incluyendo costosas aventuras oficiales fracasadas, al igual que los incrementos salariales bajo presión sindical. Se sucumbió al espejismo de una pasajera década de prosperidad exportadora, durante la cual no se tomaron previsiones para la reversión de los ciclos económicos. El resultado fue una inflación que trepó a 11%, antes de que iniciara un lento proceso gradual de disminución, que hasta echó mano al indeseable recurso de control de precios. Pero el riesgo de un rebrote subsiste si el gobierno no toma el único camino que cimiente la baja registrada en los 12 meses a febrero. La oportunidad está en los cambios presupuestales en puerta, en la mal llamada Rendición de Cuentas.

Sectores del Frente Amplio y el movimiento sindical exigen aumento de gastos en áreas en las que no corresponden. Su efecto será restablecer presiones inflacionarias si el gobierno cede. En su reciente cadena por radio y televisión, el presidente Tabaré Vázquez se comprometió a “disminuir los gastos del Estado que no sean prioritarios”. En esta categoría hay mucha tela para cortar, desde una educación pública que sí es prioritaria pero que no justifica las erogaciones reclamadas mientras no garantice la contrapartida de su mejoramiento, hasta depurar a organismos públicos de dispendios deficitarios, como ocurre en el emblemático desastre de ANCAP, que se está revirtiendo muy lentamente. Si Vázquez cumple esta vez lo prometido, cosa difícil de medir por lo genérico de la propuesta, a diferencia de lo que hizo con la carga tributaria, contribuirá de manera efectiva a asegurar una inflación baja en forma permanente. Si, por el contrario, el gobierno vuelve a bajar los brazos ante la ofensiva gastadora de sectores de su fuerza política y de los sindicatos, el resultado será una pasajera primavera del IPC que en cualquier momento retomará la inflacionaria ruta invernal.


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El Observador

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