Oposición con balde y cuchara en mano

Una coalición opositora para enfrentar a la coalición de gobierno
Este año el gobierno todavía es mano, lleva la iniciativa política y los partidos de oposición se mantienen en la estrategia de contragolpe. Sin embargo, para ellos es una etapa de construcción de alternativas bajo un incipiente espíritu de concertación parecido al que en Montevideo involuntariamente catapultó a Edgardo Novick.

Cada una de las fuerzas que disputan el poder al Frente Amplio tiene sus propios asuntos que zanjar. En algún caso, como en el Partido Nacional, hay una interna que afecta fundamentalmente al sector de Jorge Larrañaga, donde la senadora Verónica Alonso asoma como rival en la disputa del liderazgo.

En otros, caso del Partido Colorado, persiste la búsqueda de un nuevo candidato para el batllismo capaz de robustecer una disputa con el grupo de Pedro Bordaberry. La postulación del ex presidente Julio Sanguinetti es el sueño imposible de muchos. El Partido de la Gente de Novick debe construir una estructura electoral, y el Partido Independiente agrandar el calderín para recoger a los descontentos de izquierda.

Y más allá de las rivalidades, parece claro que todos aprendieron que es necesario funcionar como una especie de coalición opositora para confrontar a la coalición de gobierno. Así es como obtuvieron resultados, caso de la declaración adversa al ministro del Interior Eduardo Bonomi en la interpelación a la que fue sometido por el diputado Germán Cardoso.

Ese documento, redactado por el disputado disidente del Frente Amplio, Gonzalo Mujica, quien le birló la mayoría automática al gobierno, refleja una negociación entre todos que posibilitó la derrota oficialista. Los blancos hace rato que aprendieron a superar las divisiones satánicas de los 80 y los 90, aunque muestran diferencia de impronta en su relación con el presidente.

En estos días Larrañaga consideró soberbio al presidente, en tanto que Lacalle se ha cuidado de evitar que las ironías impidan un apretón de manos.Bordaberry también bajó la pelota respecto a Lacalle Pou, con quien tuvo un cortocircuito grave en campaña electoral. Incluso los dardos hacia Novick, a quien señala ausencia de propuestas, tienen punta de goma.

La ronda que Larrañaga realizó tiempo atrás con todos los líderes opositores parece haber contribuido a sedimentar prioridades: 1) desalojar al Frente Amplio del poder y 2) evitar las fugas en el balotaje que le dieron el triunfo a la izquierda en las dos últimas oportunidades en que se puso en práctica.

El gobierno tiene el mazo y se enfrenta a una discusión interna sobre gastos e impuestos que no será fácil de vender. A su favor tiene una coyuntura económica de dólar bajo, mayor consumo y precios altos de las materias primas que mueve otra vez las velas y quizá alivie, con mayor actividad, la necesidad de tapar el rojo fiscal del 4%.

Pero la montaña rusa no es sitio para la tranquilidad y nadie sabe en qué parte del ciclo económico coincidirá la elección, en el rápido ascenso o en el alarido descendente.

La oposición en su conjunto, a su vez, tiene planteada una sola pregunta: ¿Por qué los votantes habrían de cambiar al Frente Amplio en el gobierno? Con opción múltiple el examen es más difícil.


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