Oposición interna que traba al gobierno

La azarosa turbulencia en el FA para aprobar la Rendición de Cuentas en Diputados refleja la división de esa fuerza

La azarosa turbulencia dentro del Frente Amplio para aprobar la Rendición de Cuentas en Diputados refleja la división de esa fuerza en dos grandes corrientes que, con los debidos matices, conceptual e ideológicamente divergentes imposibilitan la responsabilidad partidaria de gobernar. Están, por un lado, quienes se equivocan pero tratan de corregirlo y, por el otro, quienes también caen en claudicaciones pero se niegan a admitirlas y persisten en sus errores. El primer grupo, más realista, incluye a la mayoría del Poder Ejecutivo y a algunos sectores de la alianza de izquierda, favorables a la asociación estatal con privados y, en general, a una economía abierta. El segundo está formado por grupos aferrados al voluntarismo de un estatismo socialista a ultranza y excluyente, representado por una mayoría de la bancada parlamentaria y que han vuelto a quebrarle el brazo al gobierno.

El presidente Tabaré Vázquez y su ministro de Economía, Danilo Astori, tratan de enmendar los traspiés de las dos primeras administraciones frenteamplistas. No los reconocen públicamente, como sería deseable. Pero enfrentados a una crítica situación financiera por el anterior gasto público desmedido, han recurrido como correctivo a ajustes fiscales a través de las tarifas de servicios y aumentos de impuestos a los trabajadores y a las empresas. Como parte de estos intentos por contener un déficit fiscal que amenaza la retención del grado inversor, incluyeron en la Rendición de Cuentas una postergación de $ 1.500 millones en gastos presupuestados para la educación pública. Era un ahorro justificado en un área derrumbada en el atraso, en la que los recursos se evaporan sin resultados.

Pero la otra corriente en el Frente Amplio se alzó en armas. Logró que el gobierno redujera el ahorro a menos de la mitad, pero aun así persistió la rebelión de algunos diputados que exigían la totalidad de la suma cuestionada. Sobre la hora se aprobó la propuesta gubernamental, gracias a que Vázquez persuadió a los legisladores renuentes con una vaga promesa de negociar con su fuerza política formas de restituir partidas a la educación. Cómo podrá lograrse es un misterio, ya que las perspectivas de la economía para el año próximo siguen siendo desalentadoras. Se pronostica un crecimiento del Producto Interno Bruto del 1%, el mismo que en 2015 no escondió una situación de estancamiento.

Este panorama no autoriza ilusiones de mayor disponibilidad de recursos fiscales, lo que plantea incertidumbre sobre la promesa de Vázquez a los diputados de la oposición interna –más perniciosa aun que la de los partidos opositores– de que se encontrarán fondos adicionales para la educación. A menos, naturalmente, que el Poder Ejecutivo esté pensando en un nuevo ajuste fiscal centrado en más aumentos de los impuestos que ya agobian a los trabajadores con mayores ingresos y a las empresas que integran el sector productivo. Este curso es impensable porque es el camino seguro a desalentar la inversión privada, en la que el gobierno ha centrado sus esperanzas de reactivación, junto con mayor apertura comercial internacional. Al margen de lo que ocurra con la promesa de Vázquez a los diputados, retomar un sólido crecimiento sustentable de la economía torna indispensable que el presidente logre alinear al poderoso sector frenteamplista que disiente con la política del gobierno. Hasta ahora ha sido en muy pocos casos.


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