Orson, antes de Welles

En este mes se cumplieron 101 años de la llegada al mundo de Orson Welles, uno de los más grandes cineastas de la historia. Pero, ¿quién fue el pequeño Orson antes de ser el gran artista?

Kenosha. El nombre resuena a palabra india, de alguna tribu de los Grandes Lagos. La pequeña ciudad se encuentra a orillas del lago Michigan, en el estado de Wisconsin, unos kilómetros al norte de Chicago. Toda la topografía de la región tiene reminiscencias precolombinas. El hijo más virtuoso de Kenosha se llamó Orson Welles, uno de los más grandes directores de cine de la historia. Llegó al mundo desde un cansado vientre, en mayo de 1915. Hace 101 años.

El investigador Frank Brady publicó el año pasado, con motivo del centenario del cineasta, una minuciosa y soberbia biografía titulada Citizen Welles, publicada en Estados Unidos por NYCreative y disponible en internet.

Brady reconstruye la arqueología de la niñez de Orson, un niño cuyo padre fue un empresario hotelero, inventor, alcohólico y vehemente, y su madre, una pianista delicada, que daba conciertos por Estados Unidos. De esa particular balanza, el pequeño tomó lo mejor de sus progenitores. La palabra que mejor definía a aquel niño era "precoz". Basta con seguir a Brady.

A los 3 años, un doctor amigo de la familia, un tal Bernstein, le regaló un violín, para saber si había heredado las habilidades maternas, pero los brazos del niño todavía eran demasiado cortos. Entonces Bernstein le compró una batuta de dirigir orquesta. El niño acompañaba la música que le pusieran y sus padres le festejaban cuando sus manos acertaban con los compases. A esa misma edad comenzó a leer y pronto se aprendió varios parlamentos de Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare.

Una soprano que se presentaría en la ópera de Chicago en Madame Butterfly cantaba acompañada al piano por la madre de Orson. Vio al niño hacer sus gracias con la batuta y quiso que fuera un personaje infantil de la obra. La madre accedió y Orson así obtuvo su primer papel, a los 3 años.

Para no ir a la escuela, a los 4 años fingió durante varias semanas una apendicitis, hasta que obviamente fue descubierto. Se resistía a concurrir a un colegio con un montón de niños que solo querían ser boy scouts, cuando él ya leía y reflexionaba sobre el romanticismo inglés y la poesía de Walt Whitman. Con 4 años.

El alcoholismo violento del padre hizo que la madre buscara protección con Bernstein. El médico le regaló a Orson un teatro de títeres. El niño comenzó a crear sus propios argumentos en ese pequeño escenario de cartón e hilos, con personajes que surgían de la magia de sus dedos y de su activa cabecita. Al año siguiente, Bernstein le regaló una caja de mago, para que el niño aprendiera trucos. Así, se volvió fanático de Harry Houdini, al que vio escaparse de algunos de sus trucos mortales. Recorrer el mapa de la infancia de Orson es ver sus obsesiones y sus delicias en miniatura, en potencia, en el hueco donde se plantó la semilla.

Cuando tenía 9 años, su madre murió de una hepatitis aguda. Como su padre estaba ausente, lo mandaron a la casa de unos amigos, en el nevado estado de Wyoming. ¿Acaso habría jugado allí con un trineo en la nieve? Quizá... No le hagamos el spoiler a Brady.

El niño siguió leyendo, estudiando y avanzando en cada porción de conocimiento y hambre de mundo que se le cruzaba frente a sus rellenos cachetes. Volvió con su padre, que lo internó en un colegio en su Wisconsin natal.

Frente al auditorio abarrotado de ese colegio, vistiendo una elegante corbata negra de seda, el niño Orson dio una conferencia sobre historia del arte en la que habló de las grutas de Altamira, las pirámides de Egipto, los templos dóricos y las Lamentaciones de Giotto. De pronto, abruptamente, cortó la narración y comenzó, para escándalo de todos, a criticar el sistema educativo del colegio y a reivindicar nuevos métodos de enseñanza. Tenía solo 10 años.

Todavía faltaban unos 16 años para que Welles debutara en cine con una película que bautizaría El ciudadano. Porque no olvidemos que el niño Orson filmó El ciudadano con 26 años.

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