Pablo Cuevas: con la mente en el juego

Mucho entrenamiento, concentración y metas claras hacen de Pablo Cuevas un jugador competitivo y prometedor

[Por Andrea Sallé Onetto]

@andreasalle

Hace un par de años, la palabra matchpoint solo me remitía a la película homónima de Woody Allen y un partido de tenis me parecía algo completamente incomprensible y hasta aburrido. En mi cabeza, los aficionados de este deporte debían sufrir de dolores de cuello por el movimiento constante hacia los costados para seguir la pelota; y completar un set no parecía tan emocionante como gritar un gol. Sin embargo, un domingo de mañana terminé sentada frente a la televisión viendo una final entre Nadal y Djokovic —vaya a saber uno cuál de todas— y, previa explicación de las reglas por parte de mi padre, no pude dejar de mirar. La pasión y el esfuerzo en cada movimiento, la precisión y la meticulosidad me hipnotizaron: ahí entendí que el tenis era más una cuestión de paciencia que de preparación física.

Sigo sin conocer todos los términos y no soy una seguidora acérrima del deporte, pero si por casualidad un domingo de mañana me topo con algún partido, me quedo mirándolo. Con este escaso bagaje del mundo de los pisos de ladrillo y pelotas amarillas debí enfrentarme al tenista más importante de Uruguay en la actualidad.

Pablo Cuevas, con sus cabellos revueltos y blandiendo el puesto número 25 del ranking mundial ATP, apareció por el pasillo del vestuario de niños del Carrasco Lawn Tennis, se sentó en un set improvisado y se prestó a una rápida sesión de fotos previa a su entrenamiento. La charla quedaría para otro día. Callado, pragmático y sin vueltas, el tenista huyó rápido de nuestras garras y se fue a entrenar, porque, como dice el título, está todo el tiempo con la mente en el juego.

Ventaja al resto

Hijo de madre uruguaya y padre argentino, este salteño de alma nació en realidad en Concordia (Argentina) y se vino a vivir a Uruguay con su familia a los 6 años. A esa edad empezó a hacer deportes: canotaje, básquetbol, fútbol, natación y tenis. A los 12 años tomó la decisión y se quedó con el tenis. Veía que sus compañeros más grandes del grupo de canotaje se quejaban de que no podían entrenar porque tenían que trabajar o de que acá era imposible vivir de ese deporte y Pablo ya tenía claro que él quería ser deportista profesional, no trabajar en una oficina. A principios de los 2000 fue la época de la "Legión Argentina", llamada así porque el país vecino se había convertido en una potencia del tenis mundial con varios de sus jugadores dentro del top 25 del ranking mundial, entre ellos Gastón Gaudio, Guillermo Cañas, Guillermo Coria y David Nalbandian. Esa camada de tenistas era el referente más cercano que tenía, le valió de inspiración y entendió que, si le iba bien, iba a poder vivir de jugar al tenis. Así comenzó un largo camino que lo llevó a dejar a su familia, sus amigos, su ciudad y el liceo a los 16 años, cuando se fue a vivir a Santa Lucía del Este para entrenar, a la casa de su entrenador Felipe y su esposa, quienes se convirtieron en su segunda familia. "Mis padres siempre me apoyaron en todas las decisiones que fui tomando para acercarme a hacer deportes, incluso cuando me fui de casa o, como en aquel momento, cuando dejé el liceo".

En Santa Lucía, mientras esperaba un apoyo del Comité Olímpico que nunca llegó, y sin la posibilidad de poder ir a competir en torneos profesionales, a los 17 años dejó de jugar. "Mi familia no estaba en ese momento en condiciones de apoyarme económicamente para la inversión que se requería hacer cada año, me desmotivé un poco y dejé de jugar al tenis por cuatro meses, hasta que me picó el bichito de querer competir y me fui a jugar unos torneos a Argentina", relata. En esos torneos lo vieron y lo invitaron a participar del Interclubes a finales de ese año. Fue, jugó y unos inversores argentinos le ofrecieron un contrato, que mantuvo hasta hace un par de años y que fue el puntapié que lo ayudó para iniciar su carrera profesional.

Según explica Pablo, para hacer bien las cosas en este deporte se necesita competir entre 25 y 27 semanas al año cuando se tiene alrededor de los 18 años, y en Sudamérica hay pocas instancias para hacerlo, por lo que es necesario instalarse un tiempo en Europa. Ese salto implica una inversión mínima de unos 80 mil dólares al año, que contempla el alojamiento, traslados, entrenador, preparador físico, psicólogo y vivir. "En ese primer nivel, con lo que ganás si salís campeón de un torneo no cubrís ni los gastos de una semana, así que es toda una inversión irte a esa edad". En 2004 jugó su primera Copa Davis y en 2005 la misma copa le quedó marcada en el recuerdo, ya que con 19 años y jugando de local les ganó a dos grandes del ranking mundial, los brasileños Flavio Saretta y Gustavo Kuerten, que años antes había sido número uno del ATP.

En 2006 continuó su participación en Futures, donde conquistó un título en Colombia y realizó su primera aparición en un Challenger, el paso previo a los grandes circuitos. Los años siguientes siguió cosechando triunfos en los Challenger, en los torneos de ATP y en Roland Garros y ascendiendo hacia los primeros lugares del famoso ranking mundial, liderado actualmente por el serbio Novak Djokovic y en el cual Cuevas ostenta el puesto 25.

¿Alguna vez pensaste que ibas a llegar tan alto en el ranking ATP?, le pregunto, aunque sé que todavía tiene tiempo de seguir escalando. "De chico uno es un poco más inconsciente y no sabe todos los obstáculos que tiene que ir superando y se imagina siendo el número uno o estando dentro de los 10 mejores. Después vas creciendo y viendo cómo es la cosa, que no hay nada fácil. Realmente estoy contento y creo que para conseguir las cosas de alguna manera te las tenés que haber imaginado, sobre todo después de la lesión que sufrí. Ahí tenía bien claro que tenía más para dar y por eso salí con tantas ganas después de haber estado un tiempo parado". Se refiere a la lesión en la rodilla que sufrió a fines de 2011 y que le impidió jugar por casi dos años, período en el cual llegó a plantearse el abandonar la carrera. "Con la lesión en la rodilla lo pasé mal y tenía dudas de si iba a poder seguir, pero tenía dudas porque me trancaba la lesión, no porque yo no quisiera seguir jugando". Cuando decidió parar, los primeros cuatro meses le dijeron que no era nada muy importante y que al poco tiempo iba a poder estar de vuelta, así que empezó la rehabilitación. "A medida que fueron pasando las semanas, incluso los meses, seguía con el tema, buscándole la vuelta, consultando médicos, hasta que el quinto mes decidí operarme". Enseguida de la operación comenzó nuevamente la rehabilitación y aprovechó esa instancia de tiempo libre que le brindaba estar fuera del ruedo. "Empecé a leer bastante, que era una cosa que no hacía. Muchos me decían que tratara de hacer lo que no podía hacer mientras estaba jugando, porque al competir y viajar no tenés tiempo para nada". Sus pasatiempos favoritos son las actividades físicas, como el surf y el fútbol, pero dadas las circunstancias no podía practicarlas, así que la lectura y la vida social fueron su escape. Al leer en cierta forma seguía entrenando, ya que básicamente se dedicó a devorar las biografías de grandes deportistas, como Lance Armstrong, Andre Agassi, Rafael Nadal, Sergio "Maravilla" Martínez y Martín Palermo, entre otros.

Vida de nómade

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Vivir de torneo en torneo lo hace llevar una vida bastante ajetreada, entre hoteles y aviones. Su hogar está en Montevideo, en donde está instalado desde hace un tiempo junto con su esposa Clarita y su hija Alfonsina (de casi 2 años), quienes lo acompañan en los viajes. "Estoy compartiendo muchísimo con ellas, aprovecho que Alfo todavía no tiene colegio ni otras obligaciones y que las dos pueden acompañarme. Estamos aprendiendo a disfrutar juntos viajando", cuenta desde su rol de padre. Confiesa que le gustaría que las estadías en Montevideo fueran un poco más largas para disfrutar de sus amigos y su familia. "Me encanta viajar, pero a veces me gustaría frenar un poco y descansar algunas semanas más, pero el circuito es muy exigente". Si será exigente, que el período más largo que tiene de descanso durante el año son solo 15 días. "Durante el año hay semanas en las que vengo, descanso dos días y empiezo a entrenar de vuelta. En noviembre tengo 15 días seguidos sin entrenar, sin hacer nada, vacaciones reales". En tiempo de partidos, le gusta que su familia y amigos puedan ir a verlo, pero no es de pedir opiniones sobre su actuación. "A mis papás más de una vez les he dicho que en casa no se hable mucho de tenis, que hablen entre ellos o con sus amigos y saquen sus propias conclusiones. Trato de que no empiecen a darme órdenes ni opiniones de lo que vieron pero, siendo padres, siempre encuentran el momento de manifestar su opinión".

Uno contra uno mismo

El tenis es un deporte solitario (aunque hay todo un equipo detrás de cada deportista), individualista y sumamente competitivo, pero esta situación se comienza a dar sobre todo después de los 16 años, cuando los tenistas empiezan a competir a otro nivel, fuera de los torneos nacionales. "Se va tornando mucho más individualista: cada uno con su equipo, cada uno quiere ganar, hay muchas cosas en juego y se vuelve difícil hacer amigos", relata Pablo, quien en sus entrenamientos en Europa suele cruzarse con los grandes nombres del momento, como Nadal y Federer, con quienes mantiene una buena relación fuera de la cancha.

En el tenis su mayor oponente no es el jugador al otro lado de la red, sino él mismo. "Hago un deporte 99% mental, todos están bien preparados físicamente, todos tienen 1.000 horas de entrenamiento, todos le pegan bien a la pelota, pero la diferencia la hacés con la mente". Para eso trabaja con un psicólogo, hace rutinas y ejercicios para llegar al estado ideal que le permita hacer fluir al cuerpo lo más naturalmente a la hora de jugar. Ahora bien, ¿qué pasa por su cabeza mientras está jugando? "Pasa de todo, de lo que se te ocurra y mucho más. Depende del día, los buenos pasan cosas positivas, como pensar que soy Superman, y los malos pienso que soy el peor, que no la puedo meter adentro del cuadrado del otro lado". Previo a los partidos, además de la entrada en calor, trata de tomarse unos minutos para pensar, concentrarse y repasar las cosas que debe atender en la cancha. Para él, las principales cualidades que debe tener un tenista son: que le guste (porque es un deporte que lleva muchas horas de trabajo), tener objetivos claros, no rendirse fácil, tener confianza y pasión. "Es un deporte en el que hay que tener perseverancia y mucha confianza en uno mismo; realmente creerse que puede dar más. Tenerse confianza es fundamental: cuando la tenés, te sentís invencible y hay que encontrar la manera de conseguir eso, con esa perseverancia, con ese esfuerzo". Y esa confianza y esfuerzo lo han llevado a estar donde está. En agosto, representando a Uruguay, lo aguardan los Juegos Olímpicos de Río. "Sinceramente tengo una ilusión enorme de poder ir a los Juegos y, obviamente, me encantaría soñar y quedar en la historia trayendo una medalla".

Entre titanes

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Como si fuera algo cotidiano para cualquiera —cosa que para él sí es— cuenta que ya ha jugado con casi todos los top 10 del momento, excepto con Djokovic, con quien ni siquiera llegó a entrenar. "Me tocó jugar con Federer dos veces en polvo de ladrillo y fueron dos partidos muy parejos. Obviamente me tocaron en la superficie donde mejor me siento. Creo que contra cualquiera de los jugadores del top 10 en cancha de polvo de ladrillo, me siento con posibilidades de ganar; diferente es sobre césped, sobre todo contra cualquiera de los cinco mejores, porque siento que me faltan muchas armas".

Pablo se define como un jugador desde el fondo de la cancha pero agresivo, que intenta, en lo posible, dominar el partido. "Creo que cuando logro ser agresivo y no preocuparme mucho de lo que puede hacerme mi rival es cuando mejor juego". A los 30 años, le queda camino por recorrer y años de carrera por delante. "Estoy bien físicamente, siento que he evolucionado en una cantidad de cosas dentro de la cancha, entiendo más de qué se trata la competencia, así que creo que estoy en un buen momento y espero estirar la carrera unos cuantos años, seguir disfrutando y seguir mejorando". Antes el promedio de edad de los top 10 del ranking mundial era de 24 años, hoy es de 30, así que Pablo está más que apto para alcanzar uno de esos tan ansiados puestos, algo que le gustaría, así como ganar un Grand Slam y consolidarse como tenista.

El retiro es algo que todavía se ve lejano, lo único que tiene claro es que va a seguir vinculado al tenis y en Uruguay. "Sería egoísta de mi parte con todos los años que viví del tenis y con todo lo que aprendí, no volcar mis conocimientos acá en el tenis nacional. Todavía no tengo claro de qué manera, si siendo entrenador, colaborando, realizando eventos o desde la parte más en cancha, pero de alguna manera seguiré vinculado con el tenis".

Anécdotas

De entre tantos partidos, algunos quedan grabados por el esfuerzo y otros por lo anecdótico. El partido más largo que jugó fue en Roland Garros al poco tiempo de volver de su lesión, duró unas cinco horas y fue a cinco sets. Lo ganó, pero al partido siguiente estaba muerto y "perdió fácil". Por otro lado, recuerda con humor una situación pintoresca que vivió jugando en la altura. "Estaba incómodo, erraba muchas pelotas fáciles y estaba jugando un partido que debía ganar, iba muy parejo pero no podía creer los errores que estaba cometiendo, me había puesto un walkman, había tirado la pelota, había tirado la raqueta, había hecho de todo, y agarré y me hice el desmayado. Me caí como si me hubiese desmayado, el árbitro bajó corriendo de la silla y pensé: 'No, no puedo levantarme y decir estoy loco'; me hice el desmayado y me quedé en el piso, así cinco minutos, vino el médico a verme y demás. Eso me quedó marcado porque tenía un reloj que amaba y por haberme desparramado en el piso de esa manera, le rayé todo al vidrio y la malla". Para compensar el mal rato, el partido también lo terminó ganando.

Mitos

Latente en el inconsciente colectivo está la idea de que el tenis es un deporte elitista, sin embargo, Pablo sostiene que esto no es así y explica por qué. "Ya me he aburrido un poco de decir que empezar a jugar tenis me parece hasta más fácil que el fútbol, porque para jugar fútbol necesitás 22 personas y en tenis necesitás de vos y uno más, dos raquetas, tres pelotitas y una cancha". Admite que insertarse en el mundo profesional es caro, pero que hay medios para entrar, como a través de Interclubes. "Antes de tener 18 años no lo considero un deporte extremadamente caro ni tampoco de elite. Hay lugares donde podés pagar solo la hora de cancha y hay canchas públicas, por lo cual no se necesita de una inscripción para ir a jugar un tenis social o incluso para ir a escuelas de tenis".

¿Cómo ves el tenis acá en Uruguay, en general? "Empecemos por la parte buena. Este año se consiguieron clasificaciones al mundial en dos categorías (varones y mujeres sub 14), para eso tuvieron que salir entre los tres mejores de Sudamérica. Hacía muchos años que no se conseguía eso a nivel nacional, que no lograban clasificar, así que eso realmente está muy bueno, me puso muy contento. Pero falta de todo en el tenis uruguayo: desde políticas que apuntalen un poco más el deporte, hasta que la Asociación Uruguaya de Tenis se organice mejor, que los clubes apoyen más el tenis competitivo, que los profesores involucren a los chicos y que los padres no lo vean como algo tan difícil, porque muchos ven como imposible el tema de dedicarse al tenis". Y cuenta que eso le pasaba cuando tenía 16 años y comentaba que quería ser jugador de tenis. "Me decían: '¿Pero cómo que vas a jugar al tenis, cómo vas a vivir?', y veían como imposible dedicarse a un deporte y vivir de eso. Hoy sigue pasando lo mismo, o peor, y creo que el tenis brinda muchas oportunidades. Aparte de ser una facultad de la vida, de enseñarte mucho por todo lo que viajás, la gente que conocés y todo lo que vas aprendiendo, ofrece muchas posibilidades, como jugar interclubes, generar eventos, administrar clubes, torneos y demás. Ofrece muchas posibilidades que la mayoría de la gente desconoce".