Pablo Perantuono: "Los Redondos construyeron su historia y su mito desde el malentendido"

Uno de los autores del libro "Fuimos reyes" y una charla sobre cómo fue descender a las profundidades del mito ricotero para hacer un trabajo periodístico

Abril de 2001. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota llenan durante dos días seguidos la tribuna olímpica del Estadio Centenario en dos conciertos que renuevan y reafirman una relación sólida con el público local, más allá de algunos miles de argentinos que cruzan el río Uruguay y convierten a Montevideo en un campamento urbano. Están las cámaras de Crónica TV listas para filmar los incidentes que seguramente se den, pero apenas pocas imágenes dan la pauta de una efervescencia siempre omnipresente en el publico de la banda desde los años noventa, pero que en esas dos noches fue eclipsada por la música. Apenas un fan que arroja un casco de moto hacia la entrada por no poder acceder, unos policías amenazando con el gas lacrimógeno cuando la cola de ingreso al estadio se desordena y, dentro del estadio, unos asistentes que golpean sus cinturones contra los muros que separan público del escenario para ver si con sus hebillas le dan a algún policía. Más allá de esos hechos puntuales -poco que ver con las bataholas que los fans sin entrada armaban en otros conciertos históricos del grupo- fueron en general dos noches en las que la música le pudo al mito, en las que la "misa" -como ya le llamaban desde tiempo antes algunos de sus fans- en realidad volvió al origen: ante todo hubo dos inolvidables noches de rock salpicadas por el espíritu de unas canciones capaces de cambiarle la vida a mucha gente.

Sería el anteúltimo show en la vida de los redondos, una banda que se desmembró manteniendo -como pasa casi siempre con las cosas que faltan- un aura mítica basada en el oscurantismo en el que siempre se manejaron sus integrantes y que poco lograron iluminar los libros editados sobre la historia del grupo y de sus componentes. Seguramente por estar más basados en la perspectiva del fanatismo y la admiración, carecían de muchos detalles jugosos e incluso podría decirse que la falta de datos y testimonios potentes marcó a la literatura dedicada a la cuestión ricotera.

Pero este año llegó Fuimos reyes, un esfuerzo por contar la historia de la banda desde un encare que muchas veces no es el de los libros que miran al rock: el periodístico. Mariano Del Mazo y Pablo Perantuono tienen una probada carrera en el periodismo cultural argentino y el planteo del libro es el de hacer una investigación de este tipo, conducida desde la admiración pero sin condescendencia alguna, que desentrañe el fenómeno en todas sus facetas a través de la recopilación de la información, las entrevistas, el contexto histórico y hasta la reseña de los trabajos del grupo y su vinculación con el tiempo histórico en que fueron editados. En esta charla con Shuffle, Perantuono -autor de aquella entrevista a Solari en Orsai sobre la que el cantante polemizó tras ser publicada- explica el proceso del libro y las conclusiones acerca de un trabajo esencial para entender no solo las razones del descalabro entre los líderes del grupo sino también la serie de coincidencias, paradojas y malos entendidos que originaron el surgimiento, la explosión y el desarme de uno de los grupos más decisivos en la historia de la música rioplatense, desde aquella "cofradía iluminada" que los seguía en épocas seminales y psicodélicas hasta las famosas "bandas" que acompañaron el estallido y el ocaso. 

¿Cómo arranca la inquietud de hacer en concreto este tipo de libro sobre los redondos?

El primer indicio o chispa fue el reportaje que hice con el Indio Solari en Nueva York. Veía a Mariano una vez por semana porque con varios periodistas que cubren cultura y rock jugamos al fútbol todas las semanas. Y me acuerdo de que cuando pasó esto (en 2012) hablamos con Mariano y nos dimos cuenta de que claramente faltaba un libro sobre los Redondos. No era una tarea sencilla por el hermetismo al que ellos hicieron culto desde siempre. Podía haber habido una gran limitación en las fuentes y las voces. Por suerte nos dimos cuenta pronto de que había mucha gente dispuesta a hablar del asunto y sobre todo de la historia previa de los Redondos, de cómo surgieron. Hacerlo entre los dos fue algo que salió natural; llevar toda esta tarea de entrarle a ese hermetismo era algo que podíamos llevar mucho mejor de a dos. Cuando tuvimos las botas en el barro nos dimos cuenta de que íbamos a conseguir material y las puertas se nos fueron abriendo hasta llegar luego a Poli y Skay, que se fueron enterando de lo que estábamos haciendo porque la gente de su entorno con la que hablábamos les iba contando, además de que ellos conocen a Mariano desde hace 25 años. Las biografías son bastante desestimulantes, hay momentos de mucha incertidumbre y más en un caso así. Pero incluso en su momento el propio Solari nos respondió muy bien por vía mail. Luego declinó participar pero nos habilitó el contenido de los mails que cruzó con nosotros.

Para vos eso debe haber sido una sorpresa; en 2012 se quejó de aquella nota en Orsai (N. del R.: Solari habló de un “reordenamiento” de sus dichos y dijo que no se sentía representado por lo que la nota mostraba).

En realidad a nivel público Solari es mucho más taxativo que a nivel privado. Hay una diferencia abismal entre su figura pública y la privada. Creo que lo que más debe haberlo enojado es precisamente eso: que aquella nota de algún modo había desenmascarado un poco su mística. Solari no es un poeta sufriente que se pasa escribiendo sobre la existencia humana. En realidad es un tipo que se va a Nueva York a comprar ropa y todo eso. Quizá que haya quedado eso un poco de manifiesto le molestó. Pero yo no podía dejar de contar que me había recibido en Nueva York. ¿Qué iba a contar, que me encontré con él en Pompeya? Creo que él tiene un problema con que se lo vea como un sibarita -que es lo que es- cuando en realidad nadie de entre las miles de personas que van a verlo a los conciertos está ajena a eso. A nadie le importa de verdad, le importan otras cosas dentro de lo que él es como artista.

Que te respondiera para este libro –al menos unos mails- fue una forma de validar esa entrevista que salió a desmerecer...

Yo sabía que en el ámbito público llevaba todas las de perder. Lo había puesto al desnudo y sabía que podía pasar. "El día de mañana, vaya uno a saber", me dije. Y llegó el día del “vaya uno a saber” y la verdad es que tuvimos un intercambio muy amable con él. De hecho, en el último mail él me dice que no guardaba ningún rencor de lo que había pasado en Nueva York. Seguramente ahora leyó el libro y de nuevo vio cosas que no le gustaron.

Es que en “Fuimos reyes” el que queda bastante mal parado en función de lo que significó la desaparición de los Redondos y de la ruptura en la relación con Skay Beilinson, es él.

Yo creo que el libro muestra su genio, su talento y su grandeza pero también sus miserias, y todo exacerbado porque es una figura exacerbada.

Más allá de Solari, ¿se necesitó mucho tacto para llegar al resto de los músicos y personas cercanas a los Redondos?

Creo que fundamentalmente que Poli y Skay conocieran a Mariano, sumado a que ellos conocen el trabajo nuestro y sabían que le íbamos a poner cariño y respeto -que no iba a ser un libro de enredos de alcoba ni tampoco de fans- que iba a haber un trabajo periodístico serio y que íbamos a hablar de algunas cosas como los excesos pero siempre desde un lado muy cuidado, para dar contexto, los fue animando. El libro tenía esa ambición y creo que conectaron con eso, a pesar de que colaboraron a regañadientes. Hubo que dejar pasar muchos silencios, que hablaran de otra cosa y luego retomaran, conversar muchas horas… Además, son gente que ya está grande, que se olvida de algunas cosas. Pero también lo interesante fue que accedimos a muchas personas que estaban en la órbita de los Redondos, que estaban quizá en una segunda o tercera línea, gente que quizá colaboró en un tema o no mucho más pero que convivieron meses con nosotros. Eso hizo que el libro ganara una envergadura más condimentada por anécdotas, por datos de color.

Y siendo claro que seguro esto hasta el propio Solari entendía que el libro era un trabajo periodístico, ¿por qué te parece que no aprovechó la chance de hablar en este libro?

Mi intuición es que esto es algo muy vinculado a su personalidad: él cree que es él quien protagonizó la historia y que, por ende, la tiene que escribir. Nadie más puede escribirla, nadie más puede dar una versión de esa historia que él, que es la autoridad máxima. Y a medida que pasa el tiempo, esa percepción de sí mismo y de su lugar en la historia va acrecentándose cada vez más. Por tanto, va desvirtuándose más. Él durante toda su vida tuvo ínfulas de escritor, casi toda su vida dijo que estaba escribiendo una novela. Entonces, no podía permitirse a sí mismo que lo suyo estuviese contado por otros. No está en su personalidad sacarse el sombrero por nadie tampoco… él es como el Rey Sol. "Los Redondos soy yo, todo orbita alrededor mío y yo he tomado todos los designios". Él dice en el libro que cualquier historia de la banda no contada por él es la historia de los Beatles contada por Pete Best. Pero para nosotros, cualquier biografía es una colección de agujeros. Algunos los llenás y otros no. Si vos bordeás a los personajes que están alrededor de esa persona, si tenés las voces de quienes lo rodean, quizá tengas un producto mejor que el discurso de ese mismo protagonista, que es el que tiene ya predefinido en su cerebro.

¿Por qué describir con tanto énfasis el estilo de producción de conciertos de los Redondos es una constante en el libro?

Porque hace a la historia de ellos. El estilo de todo lo que hicieron, incluso de sus producciones, fue muy artesanal y muy admirable. Hay que pensar que eran cuatro tipos pensando el sonido y la seguridad para shows de por lo menos más de 30.000 personas. Iban a ver los materiales, los parlantes, el escenario… no hay muchos artistas y menos de su tiempo, que se hayan encargado tanto de esas cosas, que hayan crecido tanto al margen de las grandes productoras y de los grupos de poder que facilitaban eso. De algún modo eso es testimonio también de su importancia.

Hay algunos integrantes de la banda que aparecen poco o nada: Dawi, Bucciarelli, Sidotti… ¿fue una decisión de ustedes o ellos tampoco hablaron?

A ellos los fuimos a buscar y hablamos con ellos pero nos dijeron muy poco. También nos dimos cuenta a medida de que avanzamos con el libro de que las decisiones de la banda eran al 100% de la negra Poli, Skay y el Indio. Ellos no tenían voto. Pero en lo que tiene que ver con el libro nos dijeron cosas más en off, estuvimos una noche entera hablando con Dawi y con Semilla. La realidad es que ellos fueron casi sesionistas dentro de la banda y nada más.

¿En qué momento del armado del libro o de la investigación se dan cuenta de que la muerte de Wálter Bulacio es una piedra angular del texto?

Creo que casi de movida nos dimos cuenta de que iba a ser un capítulo muy importante, pero luego fue un punto de quiebre mismo en cuanto a la narrativa del libro. Es un parate en un tono más de crónica policial. Empezamos a conseguir información que no había llegado a los medios. La muerte de Bulacio tenía un peso tan importante que terminó convirtiéndose en un punto de inflexión y entonces quedó dividido en “antes de Wálter” y “después de Wálter”. Creo que es la propia información y la perspectiva de lo que pasó con la banda lo que hizo que así fuera.

Da la sensación de que en Argentina cuando una banda llega a ciertas cotas de masividad y exposición, se desarma. ¿Por qué pasa eso?

Hay casos como los de Babasónicos que llevan más de 20 años y que están lejos de separarse. Es cierto que probablemente nunca tengan el poder de convocatoria de los Redondos. Y quizás por eso mismo es que el fenómeno no se desmadra, que se conserva una dimensión humana. Una de nuestras teorías de por qué se separaron los Redondos al final del libro es precisamente esa, que murieron de éxito. Creo que también las bandas pueden terminar separándose por las diferencias en la búsqueda artística, hay grupos con muchos años como La Renga pero que siguen en el mismo estilo y la misma forma de hacer las cosas. En el caso de los Redondos, creo que cuando ves a Solari decir hoy que él es “la estampita” de los Redondos…

… es como cuando Roger Waters dice que él es el dueño del chancho de Pink Floyd.

Exactamente. Y en sus conciertos, los temas de los Redondos son los más festejados, hay una explosión tremenda. Creo que la pulsión de los Redondos obviamente sigue muy viva, y que Solari se quedó con la mística de eso.

Lo de “la estampita” de Solari también es algo de lo que no se ha hecho demasiado cargo: los Redondos adquirieron ese aspecto de “deidad” para muchos de sus fans por conceptos como ese que están muy vinculados a la persona artística que es el Indio.

Y también contribuye que nunca haya salido a explicar nada, que haya sido tan austero verbalmente. Cuando fui a ver a los Redondos en 1989 me sorprendió mucho que el cantante no tuviera interacción con la gente. La banda era una aplanadora pero yo quedé shockeado porque el tipo dijo dos cosas en el show y después no habló nunca más. Él siempre alimentó esa distancia con ese público muy pasional y, por ende, ese mito. La conexión es innegable, en ese momento ninguna banda llevaba un público que cantara todas las canciones, eso vino con ellos. Ahora es lo normal, pero antes no se hacía. Había un doble mensaje en esa actitud de Solari: primero que no era demagogo, lo que está muy bien. Pero por otro lado, la distancia era una forma de alimentar el misterio. Guardarse todo lo que tenía para decir en las letras contribuyó a ese tipo de construcción.

¿Hay algo que le haya faltado al libro para ser completo?

Tal vez hubiera estado bien hablar con el Indio de aquella primera crisis entre Skay y él en la grabación de Luzbelito. En ese disco Skay tenía la idea de hacer canciones viejas inéditas y luego el Indio cambió todo y esa decisión marcó el primer roce entre ellos. Hubiera estado bien profundizar sobre qué es lo que lo motivó a empezar a alejarse musicalmente de Skay y a llevar a los Redondos hacia otro lado. Hablar con Solari más para el libro es algo que ciertamente nos hubiera gustado.

Escuchar hoy canciones de Momo sampler, el último disco de la banda, confirma al Indio Solari como un acertado profeta sobre la sociedad que se venía, sobre lo que hoy es la contemporaneidad. Sin embargo y a pesar de ese concepto, buena parte de la música de los Redondos o de su sonido parece haber envejecido un poco mal. ¿Estás de acuerdo?

Primero que nada, todo artista tiene algún tipo de conexión oracular. Son gente que está mirando desde otro lugar los rasgos de la época. Por eso en el libro tenía mucho sentido hablar del contexto social y político de ese entonces; porque Solari, desde un lugar quizá no tan declamado como el de Charly García o Spinetta, fue un gran observador de su tiempo. Creo por eso que algunos de sus discos van a envejecer mejor que otros. De todas formas, con Mariano creemos que a partir de Último bondi a Finisterre ya la música empieza a ser menos la de los Redondos y más la del Indio. Nosotros no somos consumidores actuales de la música de los Redondos, pero hay trabajos como Luzbelito que no solo envejecieron muy bien, sino que además es una obra mayor, prácticamente un canto de cisne de ellos, muy bien producido afuera de Argentina y donde el Indio pinta el primer ocaso menemista y toda esa época de incertidumbre y de desasosiego.

Da la sensación tras leer el libro y conocer la obra de los Redondos de que no había otra resolución para la banda que la que hubo. Ustedes dicen que esta historia está marcada por los malos entendidos, no solo el final. ¿Por qué? 

Es una historia de malentendidos explícitos e implícitos. Es una suerte de paradoja mutante que la banda se llame como se llama. Tiene un nombre que es más alusivo a un grupo de humor musical que a lo que eran. Luego ellos empiezan a decir que Patricio Rey existe. Luego dicen “a brillar mi amor” en una de sus canciones. ¿Es un chiste? Hasta en el nombre la historia de los redondos es un malentendido, y ellos construyeron su historia y su mito desde allí.  

 

Fuimos reyes, de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono. 344 páginas. Editado por Planeta.


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