Pablo Ramos, de adicto a escritor premiado

Hasta que puedas quererte solo es un libro confesional en el que el argentino narra su historial de adicciones y sus intentos de recuperación
La lista de artistas que de una u otra manera han tenido contacto con las drogas es tan larga que no vale la pena reseñarla. Basta decir que algunos dejaron la vida en el camino, otros la cordura y muchos todavía luchan por recuperarse de su adicción.

El escritor argentino Pablo Ramos entraría en el último grupo. Veinte años pegado al alcohol y a la cocaína, lo marcaron de por vida. Pero Ramos tiene una particularidad que lo distingue de los demás, y es que era adicto antes de ser artista. Quizá por eso, porque el creador nace del drogadicto y no al revés, su literatura es siempre autorreferencial y cruda, como la vida que le tocó vivir.

Si en sus anteriores libros el tema estaba siempre presente de fondo, en este último trabajo, Hasta que puedas quererte solo, ocupa el primer plano. Se trata de una obra singular tanto por su estructura como por su contenido, ya que Ramos divide el libro en 12 capítulos que son los 12 pasos para la recuperación que proponen los programas de Alcohólicos Anónimos y Adictos Anónimos de Argentina.

Al principio de cada paso el autor reflexiona en cursiva sobre ese punto concreto, sobre su importancia y lo que experimentó al aplicarlo. A continuación narra la historia de un amigo, una conocida o un pariente, que sirve de ejemplo para el caso. Este collage de escenas ajenas hace que el libro pueda ser leído como una novela o un conjunto de cuentos, aunque estrictamente no lo sea.

Esta polifonía de voces es justamente la que salva al libro del desastre, porque Ramos es mucho mejor cuando se limita a contar que cuando decide reflexionar en abstracto. La búsqueda de Dios que plantea resulta muy confusa, saca al lector de su trance y no logra llegar a ninguna conclusión importante.

En cambio las historias de vida que cuenta resultan emocionantes y narrativamente valen mucho más. Allí Ramos se muestra como un escritor solvente, con grandes dotes para hablar de lo importante como al pasar, sin que se note nunca al autor detrás de las palabras. Es como si hablar de sí mismo le costara muchísimo y en cambio, de los demás, le resultara muy fácil.

Cada una de las historias refleja un tipo particular de adicto, una peripecia vital distinta y tiene un final único. Está el que niega su problema, el que lo acepta, el que lucha día a día, el que deja y recae, el que termina suicidándose, el que logra salir, la que no sabe por qué lo hace.

De todas ellas la más conmovedora es la de su padre, un alcohólico que nunca supo que lo era, uno de esos hombres que nunca estaba tan borracho como para que los demás lo notaran, pero que siempre lo estaba. Un hombre que, sin destruir a su familia o perderla, creó una grieta insalvable.

"Ella fue la primera que marcó una línea. Un lado era bueno y el otro lado, malo. Del lado bueno estábamos nosotros: ella, mis hermanos y yo, y del otro lado estaba mi padre. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que, en realidad, el lado más duro, más cruel de ser vivido, era el de mi padre. Y lo era por muchas razones, pero la más importante es la que salta a la vista: de ese lado estaba solo".

Hay momentos del libro muy logrados, como cuando narra en pocas páginas un delirio provocado por el alcohol y un repentino corte de luz o cuando relata con maestría la historia de Isabel, una viuda adicta al vino blanco que termina arrojándose a las vías del tren. Y hay momentos en que la apología de la abstinencia llega a cansar.

Hasta que puedas quererte solo no es el mejor libro de Pablo Ramos, pero tiene más de un pasaje que justifica su lectura.

Populares de la sección

Acerca del autor

Andrés Ricciardulli