Palabras en tinta china

Se reedita El amante de la China del Norte de la escritora Marguerite Duras, una novela sólida que narra vicisitudes de un amor imposible en medio de un drama familiar
La muerte temprana de su padre, descubrir la indiferencia y crueldad de su madre, nacer y crecer en un país como Indochina, sufrir una situación económica desesperada y al menos un episodio de prostitución infantil consentido por su familia son desgracias que le ocurrieron a Marguerite Duras antes de que cumpliera 15 años.

Contra todo eso se rebeló con rabia armada solo con papel y lápiz, hasta que logró convertirse en una de las escritoras más destacadas del siglo XX, con una obra deslumbrante y revolucionaria, de brillante concepción estilística y profunda significación poética.

Claro que también quedaron secuelas. Fue una alcohólica gran parte de su vida adulta, desarrolló un carácter explosivo y tuvo una vida sentimental compleja, que incluyó un matrimonio desgraciado y envejecer junto a un amante 40 años menor que ella, abiertamente homosexual.

Como buena parte de su obra, El amante de la China del Norte es una pieza netamente autobiográfica apenas ficcionada. Se trata de una reescritura y al mismo tiempo una ampliación de su famosa novela El amante, con la que en 1984 ganó el premio Goncourt, el más importante de Francia.

En 1930, seis personajes viven y sufren en medio del calor insoportable de Saigón. Los más importantes son la adolescente de 14 años y su amante chino de 27, que con su relación prohibida alteran la vida de todos los demás, que son la familia de la joven: su madre, dos hermanos y un medio hermano nativo que en los hechos oficia de sirviente.

La magia de Duras se despliega desde la primera página, donde se cuenta cómo mientras la madre toca valses de Strauss al piano, los demás lavan la casa por dentro con chorros y baldes de agua según la costumbre local. A partir de allí, el lector ya está atrapado por la cadencia de la prosa, el exotismo del lugar y el poder impresionante de las imágenes que construye la autora.

Al leer se nota que cada palabra ha sido elegida con paciencia, que cada capítulo agrega una pieza a un puzle que Duras nunca se cansa de armar porque se trata, evidentemente, de su trágica adolescencia.
Esta capacidad narrativa excepcional se aprecia sobre todo en el tacto exquisito para describir los encuentros sexuales entre los amantes. Erotismo puro que no cae nunca en lo soez a pesar de lo delicado del asunto.

La relación, al principio interesada, deviene rápidamente en un amor sincero pero imposible. Porque él es rico y ella pobre, porque él es chino y ella francesa, porque todos los demás se interponen para sacar partido. La madre, por ejemplo, usa a la hija para conseguir dinero que el padre del chino, un rico comerciante, está dispuesto a dar para que termine el romance.

Los hermanos son un caso aparte. El mayor es adicto al opio y un ser malvado sin razón aparente. Duras lo convierte enseguida en el preferido de la madre. El menor es discapacitado de una forma que no se explicita y recibe frecuentes palizas del mayor. El medio hermano es el bien en persona.

Al principio del libro hay escenas donde nunca hay más de dos personajes juntos, pero a medida que la trama avanza, hay reuniones donde todos deben mirarse a la cara y cada gesto cuenta. Duras, fiel a su estilo, opta por no contarlo todo, reduce las frases al mínimo de palabras y logra la máxima expresividad en diálogos muy breves.

Aunque no es perfecta (hay alguna situación que se repite más de una vez) El amante de la China del Norte es una gran novela. Escandalosa y provocativa en sus temas, pero de brillante ejecución e indudable valor artístico.

$420
Es el precio de El Amante de la China del Norte, de Marguerite Duras (Tusquets, 208 páginas)

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli