Para no morir en el intento

La directora de la Incubadora de Sinergia, Paola Rapetti, expone sobre la importancia del proceso de incubación

Incubación es un tema que recobró fuerza en estos últimos meses dentro del ecosistema emprendedor uruguayo. Esto se debe a que son varias las incubadoras de negocios que se han sumado para ayudar a emprendimientos en etapas iniciales a alcanzar el siguiente nivel.

Adoptan distintos formatos y metodologías. Varias operan apoyadas por el Estado y en alianza con otras organizaciones. Algunas tienen foco en sectores específicos y otras son llamadas “multipropósito”. Por lo general, se montan en lugares asociados a espacios de interés para emprendedores: cámaras, institutos, universidades o espacios de cowork.

Es por ese motivo que enfrentan muchos de los desafíos de estos espacios, como atraer a emprendedores que apuesten a industrias creativas y de innovación, a otros que crean en la colaboración y en la co-creación y a los que quieran llevar sus ideas a la práctica, pero necesiten un socio estratégico para transitar la etapa en donde muchos emprendimientos quedan por el camino.

Lo cierto es que se está gestando una “nueva generación” de emprendedores que irrumpe en un escenario en donde ser emprendedor es mucho más que identificar una oportunidad y llevarla a cabo. Desde esta perspectiva, pone el centro en la generación de valor, el trabajo en redes, la integración de un estilo de vida en donde el disfrute y el trabajo se mezclan, para dar paso a proyectos que se preocupan por el impacto que generan en la vida de las personas y en su entorno, sin perder de vista la sustentabilidad.

Este nuevo paradigma integra los conceptos de la cultura, el ensayo y la información. Hablamos de una cultura de transparencia, en donde las ideas se comparten porque en ese compartir se potencian los negocios. Se promueve una cultura de salir de la “zona de confort” para integrarse con el mercado.

El concepto de ensayo nos introduce en las metodologías de validación ágil, en donde lo primero es el cliente y en donde la adecuación entre mercado y producto se hace acortando las distancias entre ambos y con inversiones mucho menores que hace quince años.

Por último, la información es la ventana al mundo y la posibilidad de medir la viabilidad de un negocio, la posibilidad de crecimiento y la oportunidad de tomar decisiones en tiempo real. Bajo este nuevo marco se mueven los emprendedores del siglo XXI y, por lo tanto, las incubadoras tienen que ser muy precisas en su propuesta de valor, así como en los servicios que ofrecen a sus potenciales incubados.

Una tendencia mundial es montar incubadoras en espacios de cowork. Esta especie de “hostels laborales” tienen como desafío generar espacios de colaboración y un ecosistema en donde estén localizados. Se ofrece trabajar en un entorno dinámico y descontracturado, acceder a tutorías en metodologías de validación ágil, la posibilidad de acercarse a capital semilla e inversores ángeles y, en algunos casos, acceso a laboratorios de innovación.

En el caso de la Incubadora de Sinergia Cowork, por ejemplo, se promueve una forma de trabajo que recoge las teorías de empatía en los negocios, el modelar a partir del contacto con el usuario y el cliente, así como el trabajo en relación con productos funcionales y de valor para quienes los adquieren. Se incentiva a pensar en grande, romper las barreras locales para diseñar, desde la génesis, negocios escalables y globales.

Entre los proyectos que llegan a las incubadoras en Uruguay, existen ideas muy innovadoras, equipos muy apasionados, y se visualiza que se está generando una serie de recursos para apoyarlos.

La clave está en unir estas tres partes para que se diseñen soluciones a problemas de mercado, estén los emprendedores correctos para llevarlas adelante y realmente accedan a los recursos que necesitan para ser exitosos.

Entre los principales retos que tienen las incubadoras está seguir aportando a la creación del ecosistema, generar un sentido de pertenencia en relación a esta nueva generación, convertirse en espacios plurales y abiertos que apuesten continuamente a la innovación, la creatividad y la colaboración.

Asimismo, muchas buscan integrar industrias que, a priori, parecen divorciadas y ponerlas a trabajar juntas, brindar servicios a emprendedores muy heterogéneos con el fin de promover el espíritu emprendedor que cada uno de ellos trae y poner el foco en el proceso de emprender. Los emprendedores se reciclan, se integran e inician proyectos nuevos todo el tiempo.

Lo importante es que, a lo largo de las experiencias que transitan, incorporen herramientas, aprendan de las dificultades y se vuelvan cada vez más empáticos con el entorno. Estos aspectos los fortalecen y les permitirán presentarse mejor ante cualquier actor importante del medio local o internacional.

Uruguay ha trabajado mucho en los últimos años en el mapeo de las instituciones de apoyo, en la creación de nuevos instrumentos de colaboración y, recientemente, en la incorporación de Incubadoras de Negocios.

Ahora, se presenta la oportunidad de lograr la coordinación necesaria para acompañar a los emprendedores desde que comienzan a desarrollar una idea, hasta que logran internacionalizarse. Emprender es un proceso difícil pero sumamente gratificante, implica gran determinación y entendernos como jugadores de equipo.

Las incubadoras enfrentan el desafío de la autosustentabilidad y tienen como principal cometido llevar a los emprendedores uruguayos a jugar en las grandes ligas. * Directora de Incubadora Sinergia


Comentarios

Acerca del autor