Para saber antes de mejorar la dieta

Eliminar o agregar alimentos no supone una solución milagrosa; la magia está en el equilibrio
Qué es más importante, las comidas que uno come o las comidas que no come? La salud se beneficia ante la ingesta de vegetales. También se beneficia cuando se consume menos azúcar añadida. Sin embargo, cuando una persona añade o sustrae algo de su dieta, es importante considerar el otro costado de la ecuación para mantener una nutrición balanceada.
No todos los reemplazos son iguales

Una de las lecciones aprendidas de la "era baja en grasas" fue que aconsejar limitar las grasas saturadas sin recomendar qué comer en su lugar no era de ayuda. Remplazar grasas saturadas con carbohidratos refinados no es bueno para la salud metabólica y cardiovascular, en tanto que reemplazarla con grasa poliinsaturada sí colabora con el bienestar. La atención pública ha virado de la grasa al azúcar, y mientras que identificar las fuentes de azucar añadida es un paso más hacia dietas saludables, también es importante enfocarse en la cantidad de vegetales y proteína que se consume.

Las calorías saludables también cuentan


Suele ser mejor idea centrarse en incluir las comidas que se deben comer debido a sus beneficios, que solo tener en la mira las que no se deben comer, ya que ayuda a comprender el espectro de nutrientes requeridos. Asimismo, hay un aspecto mental positivo sobre ser inclusivo en vez de exclusivo. No obstante, cuando se adiciona nueva comida sin eliminar algo en su lugar, se podría incrementar la ingesta de calorías más allá de lo que el cuerpo necesita. Aunque esto es difícil de lograr con brócoli, es más fácil con opciones altas en calorías como las nueces.

Uno de los beneficios de corregir el dogma de las dietas bajas en grasa son que las grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas saludables volvieron a estar en la mesa. Los frutos secos, semillas y paltas están llenas de grasas saludables, fibras y nutrientes, pero también tienen muchas calorías.

Un estudio reciente, empero, ha hallado que las almendras, las nueces y los pistachos tienen menos calorías de lo que antes se creía. El consumo regular de frutos secos no está asociado al incremento de peso. Esto puede deberse a que los frutos secos sacian el apetito fácilmente, llevando a que quienes los consuman reduzcan calorías en otras áreas, o conscientemente elijan comerlos en vez de otros alimentos.

Evitar visión de túnel


Consideremos dos dietas: la paleolítica y la vegana. La paleolítica, como suele ser practicada, excluye granos, lentejas, lácteos y azúcar refinada. La vegana hace lo mismo con la carne, los productos lácteos, los huevos y otros productos derivados de animales. Pero enfocarse con demasiada estrechez en esas exclusiones puede convertirlas en algo insalubre y desequilibrado. Una dieta paleolítica repleta de panceta, salchichas y helado de leche de coco no es bueno para el organismo, como tampoco lo es una dieta vegana llena de pasta, papas chip y helado de soja.

El peligro de erradicar grupos de alimentos


Una dieta que esté compuesta por una variedad de alimentos integrales y un mínimo de productos procesados provee la cantidad de nutrientes fundamentales para una buena salud. Evitar ciertas comidas o grupos alimenticios no siempre es una decisión, a veces es una necesidad ante alergias o celiaquía. De todas formas, al evitar grupos alimenticios es crucial saber cómo reemplazar los nutrientes esenciales que se recibirían de esos productos. Una manzana es naturalmente libre de gluten y más saludable que una galleta sin gluten. Aunque se tenga intolerancia a la lactosa, se sigue necesitando calcio y proteína. La mayoría de las leches hechas a partir de plantas están fortificadas con calcio, pero la leche de almendras no provee la misma cantidad de proteína que la leche de vaca. La leche de soja, en cambio, sí lo logra.

En la cultura alimenticia actual es fácil considerar a la inclusión o exclusión de ciertos alimentos como la respuesta a cualquier pregunta nutricional. La realidad es que es la suma de toda la dieta lo que importa, más que un alimento milagroso o demoníaco.

Fuente: Carrie Dennett / The Washington Post