"Para ser moderno no se necesita poner a Don Pasquale en un McDonald's"

El régisseur André Heller-Lopes habla de su puesta de Don Pasquale en el Teatro Solís
Alexander Laluz - Especial para El Observador

Ganador de tres ediciones del premio Carlos Gomes al mejor director escénico y una de las figuras más destacadas de la escena operística regional, el régisseur carioca André Heller-Lopes debutó en 2013 con Macbeth, de Giuseppe Verdi, en el escenario principal del Teatro Solís. Al año siguiente regresó con una personal –y muy comentada– puesta de Ariadna en Naxos de Richard Strauss. Y en poco menos de una semana rubricará su tercera puesta el 19, 21 y 23 de agosto con Don Pasquale, de Gaetano Donizetti, junto a Martín Jorge, que dirigirá la Filarmónica de Montevideo, y un elenco encabezado por los cantantes uruguayos Fernando Barabino (Don Pasquale) y Darío Solari (Malatesta), la soprano chilena Patricia Cifuentes (Norina) y el tenor italiano Francesco Marsiglia (Ernesto). Se trata de una exitosa producción del Teatro Avenida de Buenos Aires, que también se presentó en Río de Janeiro el año pasado, y que en esta oportunidad marcará el inicio de la temporada operística del Teatro Solís.

Elocuente, apasionado y sin aparatosos rodeos, Heller-Lopes reconoce que este título es una suerte de extrañamiento para su estilo: "Nadie se esperaba que me iba a gustar tanto hacerlo. Es más, cuando me invitaron a dirigirla en Buenos Aires me pidieron disculpas, porque, decían los responsables de la producción, ellos sabían que mi trabajo siempre se orientó a los Strauss, a los Wagner, a los grandes dramas".

Don Pasquale, enfatiza, es una de las grandes óperas del repertorio, y la mejor, para él, del corpus de óperas cómicas de Donizetti. Y lo que más le fascina de ella es su sutileza, la modernidad que subyace en el texto, lo que se proyecta, entre otros elementos narrativos y musicales, en las características tan humanas, cercanas, de sus personajes. "Siempre tengo problemas cuando imagino L'elisir d'amore, otro gran título de Donizetti, y a su protagonista, que es un poco carismático y al mismo tiempo un idiota. Y no entiendo cómo la gente se enamora de él; tienes que tener un gran cantante para hacerlo creíble. Con esta otra ópera, con el anciano Don Pasquale, o con Ernesto, su sobrino, o con Norina, o con el doctor Malatesta, no pasa eso. En ellos hay ciertos toques de maldad, combinados con cinismo, rasgos que son muy humanos, que conectan muy bien con nuestra realidad".

La modernidad del original

Potenciar estas cualidades es, entonces, una de las claves de Heller-Lopes para orientar la puesta. Y para ello, dice, no son necesarias ni una reescritura ni una forzada adaptación, sino un trabajo apoyado en la interpretación del libreto original. Todo está ahí, en ese texto que escribió el propio Donizetti junto a Giovanni Ruffini –que, a su vez, es la adaptación de un texto anterior que escribió Angelo Anelli para la ópera Ser Marco Antonio, de 1810, del compositor Stefano Pavesi– y en los elementos de la histórica Comedia del Arte que pulsan en la historia.

En esa rica materia simbólica pulsa la modernidad de la obra: "Por eso defiendo esta puesta con el convencimiento de que para ser moderno no se necesita poner a Don Pasquale en un McDonald's, o en un supermercado, o en un strip bar, o representándolo como un cocainómano".

Tal como fueron concebidos y delineados, estos personajes y sus contextos históricos son una cantera de recursos. Sólo hay que definir un ángulo de lectura, interrogar sus comportamientos, hurgar en sus estructuras emotivas y psicológicas y en sus conflictos. "Creo que la modernización no es sinónimo de actualización. Tiene que ver con miradas nuevas, que pueden ir incluso hacia atrás en el tiempo. El texto original me guía y no lo quiero traicionar".

Por eso, el joven director brasileño jugó varias de sus fichas principales a enfatizar los elementos de la Comedia del Arte, que desde mediad6os del siglo XVI hasta entrado el siglo XIX dejo profundas marcas en la cultura popular italiana. Cada uno de los personajes, explica, portan los rasgos de los arquetipos de esta práctica teatral: "Don Pasquale tiene, evidentemente, las características de Pantaleón. Ernesto es el enamorado Pierrot. Mi idea es que los personajes de esta ópera se vayan transformando, tanto en lo visual como en lo psicológico, en estos antiguos arquetipos. Este recurso, estoy convencido, permite que la historia conecte con el público, y proyecte de otra forma el humor".

El método

Heller-Lopes se define como un "liricómano": "Consumo ópera y voz todo el tiempo. Y no me gustan muchos los videos de otras realizaciones a la hora de trabajar. Prefiero escuchar las obras con las partituras. Así van surgiendo ideas, proyectos, que luego archivo en mi memoria". Hace ya varios años, por ejemplo, cuando dio el concurso público para ocupar el puesto de docente de interpretación en la universidad, en Río de Janeiro, una de las óperas que tuvo que trabajar fue Don Pasquale. Ahí, recuerda, surgió la idea de abordar los elementos de la Comedia del Arte, de utilizar los trajes con rombos. Esa idea luego la usó en la puesta de Ariadna y volvió a aplicarla cuando lo invitaron a poner la ópera de Donizetti en Buenos Aires.

El proceso de creación comienza, entonces, con la lectura de la partitura y del libreto. Lo que sigue es formar "el equipo perfecto", con el que discutir las ideas y generar el intercambio de propuestas escénicas. "Para mí es muy importante la formación del equipo. Necesito del aporte de una escenógrafa como Daniela Taiana, que tiene una gran formación, que viene del Teatro Colón e hizo un aporte fundamental para esta puesta. Lo mismo del iluminador, que en este caso fue Gonzalo Córdova. Su labor fue decisiva para la construcción de los climas, de los ambientes, algo que es clave para la conexión con el público. También fue fundamental Sofía Di Nunzio, que se encargó del vestuario. Y, claro, la incorporación de Martín Jorge, acá en Montevideo, como director de la orquesta, fue notable por su concentración, su entusiasmo y su pasión. Su conducción le aportó otro aire a la música, un aire fresco, dinámico, que es clave para una ópera cómica".

Pasión por la ópera

André Heller-Lopes es un apasionado de la ópera y un incansable explorador de lenguajes. Para él, los cantantes, directores y libretistas latinoamericanos tienen mucho que aportar al género, con una voz creativa singular que es muy buscada y admirada en Europa y en Estados Unidos. “El único problema es que no creemos en ese talento. Siempre surgen cuestionamientos, sobre todo de las generaciones mayores, que creen que sólo lo que puede venir de afuera es correcto y es bueno. Trabajé mucho en Europa y en Estados Unidos y allá siempre han estado interesados en conocer lo que teníamos para decir desde acá”.

La mixtura cultural, cree, es la razón que potencia esas nuevas voces. “Yo, por ejemplo, tengo raíces uruguayas –parte de mi familia es de acá–, un poco de ruso, de alemán, de portugués, y, claro, de brasileño, que es mi historia personal. Todas esas trazas culturales han gestado de concepción artística. Algo similar ocurre con los Barabino, con los Solari, con los Erwin Schrott, las María José Siri. Ahí están las voces, los talentos de la ópera latinoamericana. Por eso creo apasionadamente en que es necesario hacer ópera, y que hay que invertir en las realizaciones locales”.


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