Pequeñas grandes confirmaciones

Una nueva fábrica de celulosa reivindicaría una política de Estado y al gobierno de Tabaré Vázquez
La construcción de una tercera gran fábrica de celulosa en Uruguay, que parece cada vez más cerca, supondría el triunfo de una política de Estado, que se extendió contra viento y marea por 30 años, durante gobiernos de tres partidos políticos diferentes.

También significaría una nueva reivindicación del actual ciclo frenteamplista, que resistió buena parte de las tentaciones experimentales y demagógicas en que cayeron otros gobiernos "progresistas" de América Latina, y que por ello sobrevive para contarlo.

Pese a todas las deficiencias, mediocridades y oportunidades perdidas, desde el inicio de este siglo el ritmo de crecimiento y desarrollo de Uruguay ha sido superior al de sus vecinos. Y la industria forestal tiene mucho que ver con eso.

La política de Estado, gestada en 1987, incluyó superar un grave conflicto fronterizo y comercial con Argentina durante los gobiernos de Jorge Batlle, Tabaré Vázquez y José Mujica.
En los próximos tres o cuatro años el país tendría un shock de inversiones que equivale al 10% de su producto bruto anual, una cifra formidable. Más ocupación, más salarios, una constelación de empresas rentables, mayor recaudación: el gobierno debería cosechar réditos electorales.
Ha concedido las más amplias facilidades imaginables a UPM, subsidios incluidos. Si no lo hace, corre el riesgo de que se marche a Brasil o Chile, otros grandes productores de celulosa. El gobierno también necesita que la central sindical, cuya dirección le es afín, asegure la pax laborem que la firma finlandesa requiere.

El área de Paso de los Toros y el centro del país, hoy profundamente deprimida, tendría su tercera edad dorada, después del arribo del ferrocarril en la década de 1880 y la construcción de la central hidroeléctrica de Rincón del Bonete entre 1937 y 1948.

Las obras darían empleo directo a unas 4.000 personas, con picos de más de 6.000, y luego quedarían al menos 500 puestos permanentes. El sector forestal ya emplea a más de 15.000 personas en el país, sin incluir muchos indirectos en torno al transporte, logística y servicios.

El gobierno y UPM discuten ahora el acuerdo de inversión. Su firma supondría una catarata de concesiones de obras públicas, empezando por carreteras, puentes, vías férreas e instalaciones portuarias.

No hay vías adecuadas para extraer troncos de eucalipto de la gran cuenca forestal de Durazno, Cerro Largo, Treinta y Tres, Lavalleja, Rocha y Maldonado. Los 273 kilómetros de rieles que median entre Paso de los Toros y Montevideo son sinuosos y viejos, tanto como locomotoras y vagones. Lo mismo ocurre hacia el Norte.
La refacción y explotación se concederá a empresas extranjeras, como ocurrió con las firmas inglesas a partir de la década de 1870, no mucho después que Thomas Tomkinson introdujera el eucalipto en Uruguay.
El ferrocarril estatal transportó 700.000 toneladas de carga en 2016, su mínimo histórico. Una nueva fábrica de celulosa exigiría el transporte de tres veces más tonelaje hacia puerto, y mucho más en materias primas.

Un nuevo sistema ferroviario de carga también facilitaría la revitalización del transporte de pasajeros en el sur del país. Extraer la celulosa por Montevideo sería un alivio para Nueva Palmira, un puerto congestionado y falto de calado; y acotaría cualquier nueva amenaza argentina sobre el tránsito por el Uruguay y el Plata.

Las plantas instaladas en Uruguay vendieron 1.280 millones de dólares en celulosa el año pasado, un poco por debajo de la carne y por encima de la soja.

La capacidad de producción de la nueva fábrica de UPM –más de dos millones de toneladas anuales– sería similar al total de las dos plantas ya instaladas. Entonces la celulosa se convertiría en el principal bien exportable y pondría a Uruguay entre los primeros vendedores mundiales, junto a Brasil, Canadá y Estados Unidos, y por encima de Chile.

La industria forestal además exporta madera en bruto, en chips, tableros, tablas, chapas y molduras; aunque el cierre de Fanapel en Juan Lacaze acabó con las exportaciones de papel hacia la región.
El uso de papel en periódicos y en la oficina cae en picada. Pero la demanda mundial de celulosa crece cada año, empujada por China e India, el 40% de la población del planeta, que recién comienza a utilizar papel higiénico, servilletas, pañales descartables y packing moderno.
La cuestión ambiental, si bien requiere vigilancia perpetua, parece saldada –al menos en parte– después de las experiencias con Botnia y Montes del Plata. La agricultura intensiva, la ganadería lechera, los basurales de Montevideo o la planta de ANCAP en La Teja son infinitamente más contaminantes, aunque se discutan menos.

Para bien o para mal, el territorio es hoy muy otro del que hallaron los navegantes europeos a inicios del siglo XVI, poblado a lo sumo por 5.000 indígenas y con una flora y una fauna por completo diferentes.


Acerca del autor