Peveroni: "Apenas traté de exagerar lo que observo del mundo"

El escritor Gabriel Peveroni habla de su novela Los ojos de una ciudad china
El periodista y escritor Gabriel Peveroni editó el año pasado Los ojos de una ciudad china, una novela cuya narración, construida de manera coral, tiene como voz principal a Xiaomei, una anciana que vive en Shanghái, el punto del mapa donde la historia comienza.

En entrevista con El Observador, Peveroni habló de algunos de los grandes temas de su novela: la identidad, la gentrificación y la influencia de David Bowie en la forma de su personaje Ziggy Stardust.

Esta novela en parte es sobre la identidad. ¿Cómo ve ese tema en la actualidad?
La novela propone, en primer caso, escenarios y tiempos móviles. Transcurre en Shanghái, pero también se refiere y se traslada a Barcelona, Santiago, Buenos Aires, Nueva York, Montevideo y otras ciudades. Los personajes se mueven, se trasladan. Algunos son viajeros, otros son emigrantes.
Pero, casi siempre, se trata de ciudades, del paradigma de una ciudad contemporánea que en estos tiempos adquiere signos más o menos comunes. Hay un par de factores personales que inciden en los caminos que recorre la novela: uno son los múltiples viajes que hice en los años previos a la escritura, el 2008, 2009, y otro es la experiencia de trabajar como productor periodístico en el programa Ir y volver de TV Ciudad. Fueron tres años en que entrevisté a decenas de uruguayos con experiencias de migración, de exilio, de viajes. El tema común en todas esas entrevistas es el de la identidad, y esos tres años en los que estuve reflexionando sobre esos temas, y siendo testigo de historias, todas complejas y entrañables, seguramente llevaron a que esos temas se infiltraran poderosamente en la novela. Sí, es un tema que adquiere importancia en los últimos años, a partir de un corrimiento político a una derecha aislacionista, por no decir racista, tanto en Europa como en América.

¿Los cambios que puede sufrir una ciudad también pueden ser una tragedia personal?
Sí. En el caso de lo que vive Xiaomei en la novela, lo es, porque ella experimenta la angustia de los cambios que se operan en Shanghái, su gentrificación violentísima, su pasaje en pocos años a ser una metrópolis avasallante y metáfora poderosa del capitalismo del siglo XXI. Esto es extensible a todas las ciudades. Otro tema fuerte es que esos cambios que se operan en las ciudades, y hablo de una excesiva gentrificación, de convertir centros históricos en turismo de shopping, por ejemplo, de acabar con los espacios públicos, hacen que se rompa el concepto de ciudad que conocemos y que todas de algún modo empiecen a parecerse. Montevideo, como otras tantas ciudades que están lejos de los circuitos de turismo y del comercio mundial, tiene la suerte de que esos cambios operan con más lentitud, pero se va en ese camino. Y eso implica una tragedia, más que personal, o de un puñado de personajes de una novela más o menos enrarecida, colectiva. La vida se vuelve más disciplinada, más aburrida, más alienada, pese a la paradoja de tener una mayor disponibilidad de servicios y de cosas solucionadas.

Los ojos de una ciudad china (Gabriel Peveroni)

Ziggy Stardust es un personaje recurrente en sus textos, sean en prosa o en su faceta de dramaturgo. ¿Por qué Ziggy y no, digamos, Aladdin Sane o The Thin White Duke?
Nunca me puse a pensar en uno u otro. Siempre fue Ziggy, tal vez por curiosidad, tal vez por el impacto que provoca su androginia y su borde no real. En realidad, Ziggy aparece en la obra de teatro Shanghai, y de algún modo ya se refería a él en Berlín, Tal vez haya algo también con el hecho de la presencia física de Federico Deutsch, que hizo la banda sonora de ambas obras y participó de los montajes. Es posible que desde él haya pensado en Ziggy, y obvio que era un camino más que interesante para transitar, ya que implica a uno de los personajes más extraños y provocativos de la historia del rock y de la cultura pop del siglo XX. Nada más y nada menos. Y bueno, entró a jugar en la novela, ganó protagonismo y le aporta uno de los costados de ciencia ficción más explícitos, ya que estamos hablando que Ziggy vive en Shanghái, desde el año 1972 y tiene la particularidad de no envejecer, además de estar involucrado en una oscura trama de clones y otros negocios, además de ser medio hermano de Xiaomei.

¿Por qué el mundo de esta novela asusta? Es plausible pensar que las dinámicas que muestra en el libro pueden ser más reales que la ficción. El libro parece profético.
No lo sé con claridad. No soy el mejor lector de mi novela y de hecho me han llamado la atención lecturas similares, porque a mí no me asusta tanto. Más bien me divertí en el proceso de escritura y en la creación de las historias que se van contando. Algunas críticas hablan de "belleza y espanto", por ejemplo. Pero es que apenas traté de exagerar lo que veo y observo del mundo de hoy. Y bueno, si provoca eso es que más o menos acerté con lo que quería mostrar, con lo que quería exponer. Y no sé si es profético, a mí me parece más real que otra cosa. En eso hay alguna cercanía con aquella novela de Houellebecq que trabajaba sobre los clones y una idea de la eternidad, me refiero a La posibilidad de una isla. Me encantan esas novelas que se largan a la imposible tarea de contar el mundo, y que son bastante amargas y bellas, sin llegar al cinismo, que no es algo que me interese transitar.

¿La sobredosis de información que denuncia la novela es algo que también afectó el proceso de escribirla? Parece haber mucha información, y por momentos uno se siente entumecido, más allá de que hay una especie de desahogo al final.
Sí, es así como decís. No encontré otra manera de hacerlo y fue también uno de los mayores riesgos que tomé en la escritura de la novela. La sobredosis de información es uno de los causantes de la derrota de la memoria, por ejemplo. Y eso, aplicado a una novela, a una estructura como la planteada, de versiones y testimonios corales, hizo que la novela se fuera abriendo en bifurcaciones y caminos nuevos, todo el tiempo, lo que es un poco agobiante. En algún momento temí perderme, pero de hecho es como estamos en el mundo de hoy. Absolutamente perdidos. Y de todos modos, sobrevivimos, así que no parece tan grave llevar esa sensación a una novela. Cada nueva historia abre nuevas historias, y si bien cada fragmento se cierra, la nueva información se vuelve un poco agobiante. Pero al final me parece que funciona, o más bien hay varias de las líneas centrales que encuentran, como decís, un desahogo. O, no lo sé bien, pero me han dicho varios lectores que quieren seguir leyendo más, que se quedaron con ganas de saber más historias, de más derivas.

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